EL VILLARREAL, UNA REFERENCIA

El Alavés puede jugar hoy dejando venir al Villarreal, cerrando bien los espacios para aprovechar esa media docena de errores que todos los equipos cometen

Imagen de las instalaciones del Villarreal./E. C.
Imagen de las instalaciones del Villarreal. / E. C.
Raúl Alústiza
RAÚL ALÚSTIZA

No me gustaría que hoy me pasase lo mismo que me ocurrió después del partido contra el Celta. Con el subidón de la victoria del sábado pasado en Mendizorroza, me vine arriba y no reparé en elogios al equipo. Pero como no me quedé con la conciencia tranquila, a lo largo de la semana y con más sosiego, volví a repasar el partido y comprobé lo que me temía, que mucha parte de esos halagos fueron consecuencia de mi estado de ánimo. Es lo bueno que tiene el fútbol, que según el ánimo siempre tenemos argumentos para ir a favor de corriente y defender el resultado que sea.

Por eso, y para ser objetivos, los medios de comunicación deberíamos realizar las valoraciones de los partidos sin verlos en directo; cinco minutos después de haber terminado, en vídeo y sin saber el resultado. Estoy totalmente convencido de que los comentarios no tendrían nada que ver con los que podríamos realizar si hubiéramos sabido el resultado. Y para demostrarlo, me atrevería a hacer media crónica de un partido sin verlo, solo conociendo cómo ha acabado. Y si me dan las estadísticas, evidentemente sin los goles, seguramente me atrevería a realizar la otra media, y nadie sospecharía nada. Por eso -ojo con los prejuicios que arrastra el equipo-, el resultado y los estados de ánimo en el fútbol no son de fiar porque van juntos a la hora de valorar el juego.

Este Villarreal es muy parecido al Celta, y si del Celta decíamos que era un mini Barça, el Villarreal es un Barça en pequeño. Un rival que además de tener muchísima calidad, está obligado a llevar la iniciativa. No saben especular con el resultado. El Alavés puede jugar con esa baza, dejándoles venir, cerrando bien todos los espacios para aprovechar esa media docena de errores que todos los equipos cometen en esa situación del juego, y, evidentemente, sorprenderles con rápidas contras. Pero, ojo, como muchas veces comento, por la posesión no se gana, pero sin posesión es muy difícil hacerlo.

Con los datos y estadísticas del partido frente al Celta, la verdad es que ganar hoy puede ser un milagro. La posesión la debemos considerar como forma de defender, especulando con el balón, sin dar una sensación de peligro, pero siempre mirando de reojo arriba para sorprender con un pase a la espalda de la supuesta defensa adelantada del Villarreal. Va a ser muy difícil discutir el balón al equipo castellonense, pero también es cierto que sin balón nosotros tampoco podemos vivir.

De este Villarreal, como club e institución, podríamos hablar mucho y bien, aunque considero que hay dos virtudes o aspectos en su proyecto que se deben subrayar. Uno es la valentía que se necesita para que desde hace muchas temporadas sigan fieles, pase lo que pase, a una filosofía o estilo de juego tan atrevido, en un club que no era de los grandes. Ojalá un día podamos verlo en nuestro Glorioso, ese estilo u otro, para saber a qué jugamos y poder identificarnos. En el Alavés se ha intentado imponer un estilo o filosofía que transmitía un espíritu competitivo, con una idea o estilo agresivo deportivamente hablando. Pero luego aparecen ciertos contrasentidos cuando se observa que no se cuenta mucho con algunos jugadores que pueden identificarse con ese espíritu. El caso más reciente es la incertidumbre que se ha generado alrededor de la renovación de Manu García, precisamente el mejor ejemplo de esa idea y un fiel reflejo de ese espíritu o estilo competitivo-alavesista.

Y la segunda virtud de este Villarreal es también algo que en nuestro club venimos añorando desde hace temporadas: una buena ciudad deportiva. Y ellos, a falta de una, disponen de dos. Hay que reconocer que nuestro club lleva tiempo en este tema, considerado como prioritario, pero por unas u otras razones, lo de la compra del complejo de Betoño no sale adelante. No sé si es el Ayuntamiento o el club o los dos a la vez los que no ponen ganas de verdad, pero esto es primordial para el Alavés y necesario para la ciudad porque el beneficio es mutuo. Y es que, con la venta de los terrenos el equipo de gobierno municipal dispondría de un capital para construir algo que se demanda de manera reiterada, dos campos de fútbol en barrios tan grandes como Zabalgana y Salburua, zonas de Vitoria que aún no cuentan con ellos.

Y hablando de instalaciones, no podemos dejar de sorprendernos de lo que ha ocurrido esta semana, con el traslado a Lezama del primer equipo para entrenar durante dos días. Independientemente de circunstancias meteorológicas y la limitación de las propias instalaciones de Ibaia, a muchos nos ha dejado descolocados. Ha sido curioso, al menos. ¿Será que en ello hay un mensaje subliminal?

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