Prohibido sentir vértigo

El Alavés se impone al Villarreal en cuanto detecta sus miedos y zanja el debate sobre sus objetivos de la temporada. Los albiazules deben mirar a Europa

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Ni siquiera un cataclismo puede comprometer la histórica temporada del Alavés, al que solo el exceso de prudencia le impide proclamar a los cuatro vientos que su objetivo debe ser luchar por Europa. Ya no hay debate posible. La clasificación se estira y la candidatura del conjunto albiazul es cada vez más férrea. La tropa de Abelardo posee esa aureola de equipo venturoso, que no frena su escalada ni cuando arranca los partidos perezoso o fabrica ocasiones con servicios mínimos. Es lo que le sucedió en el Estadio de la Cerámica, donde saltó al césped sumido en un profundo sueño y despertó cuando olió el miedo del Villarreal, al que ajustició con dos zarpazos casi involuntarios. Que se lo pregunten a Inui.

El Alavés es el reverso de los equipos que se construyen a través de la pelota, a los que sacude con una chispa de verticalidad o su poderío a balón parado. Poco importa si hasta entonces se consume una hora de fútbol pastoso, de jugadas improvisadas o de atrincheramiento en campo propio para aprovechar la zona de sombra. El primer tiempo fue tan anodino que más de uno lo debió de aprovechar para dar los últimos retoques a su disfraz de carnaval. Solo el disparo alto de Bacca tras una pérdida de Manu García, el aviso de Iborra y la parada de Pacheco al tiro de Cazorla frustraron la cabezada de los hinchas vitorianos.

1 Villarreal

Asenjo, Mario Gaspar, Víctor Ruiz, Funes Mori (Chukweze, m.75), Álvaro, Pedraza; Iborra, Manu Morlanes (Fornlas, m.79), Cazorla; Bacca y Toko Ekambi (Gerard, m.64).

2 Alavés

Pacheco, Rubén Duarte, Maripán, Laguardia, Vigaray; Jony, Manu García (Pina, m.71), Brasanac, Inui (Wakaso, m.85); Borja Bastón (Burgui, m.77) y Calleri.

Goles
0-1, m.54: Maripan. 1-1, m.61: Cazorla, de penalti. 1-2, m.77: Inui.
Árbitros
Munuera Montero (C.T. Andaluz). Amonestó por el Villarreal a Álvaro y Víctor Ruiz, y por el Alavés a Calleri, Jony y Laguardia.
Incidencias
Partido correspondiente a la jornada 26 de la Liga disputado en el Estadio de La Cerámica ante 15.488 espectadores.

Los albiazules no conseguían enlazar dos pases, y tampoco parecían tener claro si proteger la retaguardia o dar un paso al frente. El equipo parecía contagiado por el conservador discurso que suele pronunciar, y que a algunos rivales, como el mismo Villarreal, les parecerá ya de mal gusto. Y es que el conjunto castellonense, que cuenta con el presupuesto más elevado de su historia y parecía diseñado para buscar la Champions, empieza a ser una macedonia de traumas, sobre todo en una defensa que desquiciaría a cualquier estratega.

El Alavés necesitó un tímido remate alto de Borja Bastón para ver que los tres centrales que alineó Calleja no eran precisamente la guardia personal de Leónidas. Lo ratificó Maripán, capaz de pasar año y medio en sequía de gol y anotar después dos casi consecutivos. El chileno se zafó de Funes Mori, que además se resbaló, para batir por bajo a Asenjo. No era sencillo sacar la mano a tan corta distancia, pero la pelota pasó a poco más de un metro del guardameta amarillo. Todo parecía orquestado por el miedo, que agarrota incluso a los artistas más mordaces.

Es en los momentos críticos en los que el fútbol invoca a los veteranos curtidos o a los jóvenes inconscientes. Bien lo sabe Cazorla, que no pasó un auténtico calvario de dos años para vivir ahora un amargo descenso con el Villarreal. El asturiano batió a Pacheco en un penalti grotesco por mano de Manu García tras una salida a ciegas del guardameta albiazul, traicionado por el sol. El Alavés seguía espeso, y más con el refuerzo que había encontrado en el gol de Maripán. Practicaba un juego oscuro. Necesitaba una linterna. Y no hay jugador más lúcido que Pina en la plantilla.

Nadie entiende mejor el fútbol que el manchego, ni siquiera cuando llega entre alfileres por unas molestias en el bíceps femoral. Le bastaron siete minutos para calcular la carrera de Jony y el espacio que se le presentaba al asturiano, quien sentó con un caño a Mario Gaspar y encontró a contrapié a Inui. El japonés orientó el tobillo para controlar la pelota y le salió una definición que bien habría aceptado Calleri, de nuevo irreprochable pese a su falta de gol. El argentino es aire puro, una auténtica bendición para quien le acompaña en el frente de ataque. Lástima que Bastón no supiera dar respuesta a su fantástica acción, en la que ganó un balón dividido y realizó una malograda asistencia con túnel incluido.

El Alavés esbozó al fin la sonrisa cuando el Villarreal hizo 'crac' y se lanzó al ataque por aclamación popular, que es como nacen las propuestas más temerarias. A Jony se le reactivaron las piernas en cuanto enfiló la autopista. Lideró los contragolpes del conjunto albiazul, que debió sentenciar con un mano a mano que Burgui finalizó con un disparo picado demasiado cruzado. Al menos, no hubo que lamentarlo cuando Pacheco sacó una mano prodigiosa en un despeje defectuoso de Maripán. Y tampoco cuando Jony fue víctima de un penalti tan claro como involuntario. El Villarreal ya sangraba suficiente, pensarían el colegiado y el VAR. El Alavés, mientras tanto, retiró al fin la palabra 'Europa' de su diccionario de tabúes.