Una dulce crueldad

Jony y Martín aplauden a los cientos de aficionados del Alavés que se acercaron hasta el José Zorrilla./Rafa Gutiérrez
Jony y Martín aplauden a los cientos de aficionados del Alavés que se acercaron hasta el José Zorrilla. / Rafa Gutiérrez

El Alavés, confuso en la creación y con un ataque improvisado, asalta Pucela por el empeño de Jony y la fe de Ibai

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

No hay nada como terminar con un subidón para olvidar hora y media de penuria, hastío y una espera interminable. Bien lo saben los aficionados del Alavés, que se quedaron entonando en himno albiazul de principio a fin mientras aguardaban el permiso para abandonar el estadio José Zorrilla. Esa estampa fue de lo más emocionante visto lo que aconteció en Valladolid, donde los vitorianos mostraron un juego plano, lento y un tanto improvisado. Pero todos esos nubarrones se esfumaron de golpe con el chute de adrenalina de Jony, quien volvió a fabricar el gol de la victoria por sí solo, con una encomiable carrera de 70 metros, para que Ibai pusiera la rúbrica del segundo triunfo consecutivo albiazul.

El Alavés empieza a sufrir un fenómeno extraño, y es que acusa sus debilidades ante un adversario de talla similar o inferior. Y no es por falta de ambición, concentración o ganas. Qué va. Es que su fórmula de la acción-reacción, la del contragolpe casi dogmático, se queda un tanto limitada cuando se le supone una calidad superior a su rival. El equipo de Abelardo parecía haber menguado tras su valioso empate ante el Betis y su triunfo ante el Espanyol. No es que los albiazules bordaran esos partidos; de hecho, acumularon un botín superior a lo que merecieron. Ante el Valladolid, además, debían mitigar la sensible ausencia de su delantera titular. Pero el simple hecho de que el primer disparo a puerta llegara en el minuto 60 refleja a la perfección el pobre espectáculo que se vio en el Zorrilla.

El encuentro permaneció en conserva hasta que se abrió algo tras una hora de tanteo y tímidos intercambios de golpes. El Valladolid, todavía con el casillero de goles intacto, elevó su apuesta al ver que no sufría en exceso. Toni Villa puso a prueba a Pacheco con un disparo centrado, y Óscar Plano superó a Martín antes de que Ximo Navarro se anticipara a Enes Ünal en el área pequeña. El abordaje de los blanquivioletas provocó algunos espacios en la retaguardia, algo que Jony aprovechó para firmar una gran jugada individual. El asturiano, el más voluntarioso del ataque albiazul, le puso la pelota en la cabeza a Guidetti, quien realizó un remate desviado a escasos metros de la portería de Masip. El sueco había estado algo más participativo y restañó algo su imagen tras dos partidos preocupantes, pero se quedó abatido tras ese error cuando los vitorianos ya cantaban el gol. Era el minuto 57 y los vitorianos aún no habían ajustado su punto de mira.

0 Real Valladolid

Masip; Moyano, Kiko Olivas, Calero, Nacho; Keko (Ivi, m.80), Borja, Anuar (Míchel, m.66), Toni; Óscar Plano, Enes Unal (Cop, m.62).

1 Deportivo Alavés

Pacheco; Martín, Ximo Navarro, Laguardia, Duarte; Ibai Gómez, Wakaso, Darko (Manu, m.79), Jony; Calleri (Burgui, m.62), Guidetti (Twumasi, m.73).

Gol.
0-1, m.93: Ibai.
Árbitro.
Munuera Montero (Comité andaluz). Mostró cartulina amarilla a Anuar (m.41), Nacho (m.50), Óscar Plano (m.86), del Real Valladolid y a Darko (m.18), Martín (m.45), del Alavés.
Incidencias.
Cuarta jornada de la Liga Santander, disputado en el estadio José Zorrilla ante 18.873 espectadores.

Hasta entonces, los momentos de mayor inquietud se redujeron a una diagonal de Jony que acabó con un derechazo desviado, un control de Calleri dentro del área al que no pudo poner el desenlace y una combinación entre el argentino, Ibai y Guidetti que no alcanzó el escandinavo. Eso, y algunos detalles del debutante Brasanac, quien se ofreció para canalizar el juego, incrustarse en la línea defensiva y dejar que los centrales se permitieran alguna excursión. El serbio dejó como sello su capacidad para abarcar campo y su generosidad en el esfuerzo, pero también cometió algún error en la entrega que pudo haber sido muy peligroso ante un adversario con mayor filo que el Valladolid.

El Alavés empezó a sacar el látigo en cuanto vio que la muralla blanquivioleta tenía algunas debilidades tras una fachada temible: solo habían encajado un tanto, y fue contra el Barcelona en las tres primeras jornadas. Ibai atinó su cañón de forma gradual, primero con un desviado tiro con la zurda, y después con un potente disparo que metió el susto en el cuerpo a Masip, quien tuvo que atajar el balón en dos tiempos. El bilbaíno aparecía al fin algo más, y eso debe alimentar el optimismo en el Alavés, que necesita su venenoso golpeo para ver la luz en el ataque. Esas pequeñas amenazas, no obstante, apenas inquietaban al Valladolid.

Los de Sergio González veían la posibilidad de hacer daño al Alavés. Sobre todo después de que Keko consiguiera desmarcarse y se plantara frente a Pacheco. El extremeño, claro, debía dejar su huella, y más en una jornada dominada por los porteros Ter Stegen y Unai Simón. No quería quedarse atrás. El albiazul desvió el primer disparo y vio cómo Laguardia se anticipaba al atacante blanquivioleta en el rechace. El Valladolid se lo empezaba a creer. Pero de tanta valentía, se volvió osado. Invadió el área del Alavés en un córner en el minuto 92, y dejó su retaguardia desguarnecida. Fue entonces cuando Jony experimentó su 'déjà vu'. Y, a falta de Sobrino, el pastel se lo zampó Ibai. No dejó ni las migas.

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