Liga 2019-20

Transformación sin recompensa

Lucas pugna por un balón en Mestalla. /Moisés Castell
Lucas pugna por un balón en Mestalla. / Moisés Castell

El Alavés exhibe una notable mejoría en un duelo decantado a favor del Valencia por dos chispazos de su superior calidad en los metros finales

Iñigo Miñón
IÑIGO MIÑÓN

Los matices de la derrota. Diferentes maneras de perder. No es igual entregarse como hizo el Alavés en San Mamés o Anoeta que ceder como lo hizo en Mestalla. Numéricamente vale lo mismo, pero las sensaciones son opuestas. Si de los derbis salió un equipo extraviado, sin un rumbo claro hacia donde dirigir sus pasos, este sábado emergió un conjunto seguro de sí mismo, reforzado en la derrota. Por actitud, ambición y claridad en su idea futbolística. La escuadra vitoriana apretó y exigió hasta el final al Valencia, que decantó el duelo a su favor en dos chispazos de su calidad superior en los metros finales.

El fútbol es un deporte de instantes. Coyuntural, accidental por momentos. Una jugada cambia el color de un partido de un minuto al siguiente. En el 25 una buena pared entre Lucas y Joselu acabó en un potente disparo alto del primero desde el borde del área. Los pitos empezaban a sonar más alto en Mestalla. En el 27, con Duarte rompiendo la línea del fuera de juego, Rodrigo aprovechó el desajuste de la defensa albiazul para filtrar un pase entre los centrales a Maxi Gómez, que superó la oposición de Laguardia para batir a Sivera de disparo cruzado. De pitar a celebrar. Un calmante para la ansiedad valencianista. El Alavés lo estaba haciendo bien, pero decidía la mayor calidad che.

2 Valencia

Cillessen, Wass, Garay, Gabriel Paulista, Jaume Costa, Ferran Torres (Diakhaby, m.70), Parejo, Coquelin, Cheryshev (Rubén Sobrino, m.92), Rodrigo (Manu Vallejo, m.59) y Maxi Gómez.

1 Deportivo Alavés

Sivera, Ximo Navarro (Aleix Vidal, m.73), Laguardia, Rodrigo Ely (Borja Sainz, m.84), Duarte, Burke, Pina (Pere Pons, m.21), Manu, Luis Rioja, Joselu y Lucas Pérez.

Goles:
1-0, m.27: Maxi Gómez. 2-0, m.83: Parejo, de penalti. 2-1, m.89: Lucas Pérez.
Árbitro:
Prieto Iglesias (Comité navarro). Amonestó por el Valencia a Wass y por el Alavés a Manu, Duarte y Sivera. Mostró tarjeta roja a un integrante del banquillo del Alavés (m.91) cuando el árbitro decidió que la prolongación fuera tan solo de seis minutos.
Incidencias:
encuentro disputado en Mestalla ante 39.000 espectadores. En el minuto 55 la iluminación del estadio perdió intensidad y el árbitro detuvo el juego. Fue el momento del encuentro en el que más arreciaron las críticas al propietario del club, Peter Lim, y al presidente, Anil Murthy. El juego estuvo parado cuatro minutos y se reanudó antes de que la luz tuviera la potencia anterior, aunque posteriormente se recuperó.

En la segunda mitad, cuando más apretaba el cuadro babazorro, dominador tras el descanso, se apagaron los focos del estadio y el choque descansó tres minutos. Una anécdota, pero suficiente para frenar ese ímpetu albiazul que estaba metiendo a los locales en su área. Un respiro para un Valencia que ya transmitía inseguridad, incómodo, atosigado por un rival al alza. La pausa mitigo los ánimos vitorianos y calmó al nervioso anfitrión, que, más sosegado, encontró la rendija para marcar el segundo en otra controvertida jugada revisada por el VAR. Otra parada de tres minutos. Por eso llamó tanto la atención que el colegiado solo diera seis de descuento cuando, tras un gol de Lucas, el Alavés volvía a poner cerco al área che.

Una derrota distinta. Esperanzadora incluso. Un Alavés mejorado. La carta de presentación ya fue diferente. Con un 4-4-2 por primera vez fuera de casa. Mayor presencia ofensiva. Y más deseo. Presión alta combinada con repliegue cuando el Valencia alargaba su posesión; y robos más adelantados que podían hacer daño. Recuperar y lanzar el ataque. Más llegadas. Dos saques de esquina en seis minutos. Buena puesta en escena. El Valencia fue adueñándose del balón, pero la declaración de intenciones ya estaba lanzada. No era el Alavés que deambuló por San Mamés o Anoeta.

Un equipo de conceptos básicos, pero firmes. Que intentaba hacer menos cosas, pero bien hechas. Conceder poco, hacer daño desde la presión, explorar las bandas, llegar rápido al área... Inalterable en su plan pese a la temprana lesión de Tomás Pina. Un rival incómodo que encontró su primera gran ocasión en ese disparo de Lucas previo al gol de Maxi. Pero tampoco desfalleció ahí el conjunto de Garitano. Sin grandes alardes, pero con el claro propósito de pisar el área contraria.

Dominio tras el descanso

Solo dos minutos después del gol, Gabriel Paulista se tuvo que tirar al suelo para desbaratar una ocasión de Joselu tras una buena asistencia de un entonado Lucas, muy activo entre líneas. Y el propio delantero germano-gallego remató el córner alto. La mejor ocasión antes de llegar al descanso fue de Rodrigo, que envió fuera un balón perdido en el área tras un saque de esquina, pero el Alavés, decreciente en el último tramo de la primera mitad, estaba plantando cara.

Y siguió haciéndolo tras el descanso. De manera más acentuada. Avisó Manu García de cabeza a los pocos minutos de la reanudación, Cillesen despejó un tiro de Joselu tras un buen pase en profundidad de Lucas y el propio ariete procedente del Newcastle conectó un cabezazo alto en un centro de Duarte. Tres llegadas en diez minutos. Buena salida otra vez. Y nuevos pitos en Mestalla. El Alavés mandaba en el partido y Celades, que no lo veía claro, tuvo que repoblar el centro del campo con Diakhaby.

El equipo albiazul insistía y Garitano arriesgó con cambios valientes, hasta el punto de acabar con Aleix Vidal y Luis Rioja como laterales. El duelo parecía sentenciado tras la jugada del penalti: un balón que la zaga vitoriana no acertó a despejar en el centro del campo y una buena llegada desde atrás de Parejo, que se dejó caer nada más notar el contacto de Sivera en su salida. Era el minuto 82, pero el Alavés de no estaba dispuesto a morir aún. Aleix Vidal centró al área, Joselu empalmó un buen disparo y el olfato de Lucas envió a la red el despeje de Cillesen. El agotamiento y un descuento sorprendentemente corto restaron fuerza las últimas acometidas vitorianas.