El Alavés se consume en Mestalla

El Alavés se consume en Mestalla

El conjunto albiazul, que durante unos minutos revitalizó su esperanza europea, acabó irritado por sus propios errores ante un Valencia pleno de efectividad

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Pocas situaciones se sobrellevan peor que languidecer en silencio durante el último cuarto de temporada después de estar más de medio año en boca de todos y ser el más firme aspirante al honroso título de equipo revelación. El Alavés figura ahora en medio de un pelotón de contendientes que ya han consumido su temporada, que finalizarán entre el décimo y el decimotercer clasificado cuando se dispute la última jornada. Y eso, aunque a priori sería un gran resultado al inicio de la campaña, hoy escuece. Los albiazules encadenaron en Mestalla su novena jornada sin ganar, y volvieron a dejar estancada su cosecha de puntos en 3 sumados de 27 posibles. La tropa de Abelardo todavía creía en la carambola europea, incluso revitalizó su esperanza con el tempranero gol de Ximo Navarro, pero después se esfumó por sus propios errores ante la incontestable efectividad del Valencia, y terminó por ofrecer algunos síntomas de irritación que plasman la frustración de quedarse a las puertas de una temporada histórica.

3 Valencia C. F.

Jaume Doménech, Piccini, Garay, Gabriel Paulista, Gayà, Carlos Soler, Wass (Diakhaby, m.81), Parejo, Guedes, Santi Mina (Ferran Torres, m.83) y Rodrigo (Gameiro, m.65).

1 Deportivo Alavés

Pacheco, Vigaray, Laguardia, Ximo Navarro, Duarte, Martín (Borja, m.64), Pina (Manu, m.75), Darko, Jony, Rolán (Twumasi, m.75) y Calleri.

goles
0-1, m.12: Ximo Navarro. 1-1, m.29: Carlos Soler. 2-1, m.34: Santi Mina. 3-1, m.67: Gameiro
árbitro
Cuadra Fernández (comité balear). Amonestó por el Valencia a Garay y Paulista y por el Alavés a Darko, Pina, Borja y Laguardia
incidencias
partido disputado en Mestalla ante 37.744 espectadores

El conjunto albiazul tiene todo el derecho a sentir rabia por la dolorosa y acelerada caída que ha sufrido en la segunda vuelta. Es cierto que por momentos ha desplegado un fútbol más que digno: en Mestalla, sin ir más lejos, elevó la producción ofensiva, recuperó la presión adelantada como seña de identidad y se lanzó al contragolpe con alegría y agresividad. Es más, para cuando se cumplió el minuto 10, los vitorianos ejecutaron un contraataque de 4 contra 2 que Rolan estampó en el rostro de Domenech. Pero es evidente que el Alavés no es hoy un equipo tan fiable, y no solo porque acierte en la definición, esa ecuación imposible que bordaba hace unos meses. Los de Abelardo acusan una fragilidad que les era desconocida, incluso en los momentáneos baches que han sufrido. Los tres tantos que anotó el Valencia llegaron tras un error o un despiste, situaciones que han profundizado su sangrante goteo de goles hasta las 12 jornadas consecutivas con al menos una diana encajada. Es decir, un tercio de la Liga.

Nadie quiso hacerse demasiadas ilusiones en los últimos días con las posibles combinaciones de acceder a la Europa League. Más que nada, como medida de contención ante la posibilidad de llevarse un segundo chasco. Pero el fútbol es el escenario más propicio para las gestas imposibles, la bipolaridad en los estados de ánimo y el recorrido más corto hacia el éxtasis. Resultaba imposible dejar de imaginar un nuevo escenario tras el certero cabezazo de Ximo Navarro, que se anticipó a toda la defensa y sorprendió a Jaume Domenech en el primer palo. El resto de los resultados acompañaba (todavía era el minuto 11) y el Alavés se reconocía. Devoraba en intensidad y energía a un Valencia todavía sacudido por su varapalo frente al Arsenal. Sin embargo, los ches se las ingeniaron para estirarse en el césped y elevar su presencia en terreno albiazul.

No es que los Guedes, Soler, Mina, Parejo y Rodrigo sacaran sus misiles en una exhibición de poderío ofensivo. De hecho, les bastó con exprimir los desajustes de la retaguardia vitoriana. En cuatro minutos, los que separaron el remate a placer de Soler tras la asistencia involuntaria de Duarte, y el cabezazo de Santi Mina, que entró solo a la salida de un córner, el Alavés se sentía ya abatido. El segundo tanto, además, hizo especial mella en el ánimo de los jugadores. Las protestas que encabezaron Laguardia y Pina en el origen de la jugada eran fundadas, ya que la pelota golpeó en Parejo antes de salir del terreno de juego. Pero enfangarse en una discusión estéril y desatender a uno de los mejores rematadores del equipo rival reflejaba con precisión la desesperación que vivían los hombres de Abelardo.

Los intentos del Alavés por reengancharse al encuentro fueron enérgicos justo después del gol de Santi Mina, algo que se agradeció. Al menos, para confirmar que el pundonor del equipo no se sostenía solo con las opciones europeas en la recta final de la campaña. Pero la frecuencia y la intimidación que producían sus tentativas se fueron diluyendo entre el buen remate cruzado de Rolan tras una dejada de Calleri y el tanto de la sentencia, que envió la media hora final al limbo. El uruguayo, por cierto, conectó la delantera con el centro del campo, una figura añorada durante gran parte de la segunda vuelta, pero desapareció de forma abrupta cuando fue desplazado a la banda.

El Alavés se aferró a sus innumerables envíos desde las bandas mientras el Valencia calculaba las revoluciones necesarias para llevarse el triunfo. En ese ejercicio de funambulismo transcurrió el choque hasta que Gameiro saltó al césped y se topó con un caramelo que cabeceó a placer. Los albiazules desfallecieron mientras buscaban el milagro sin demasiada fe con lanzamientos lejanos y acciones de dudosa elegancia, como la doble disputa de Laguardia que acabó en una patada fea y a destiempo a Gayà. Fue un desenlace tan gris como el que tuvo la fantasía europea del Alavés.