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Derrota sin dramatismos

Benzema sigue la trayectoria del balón ante el albiazul Wakaso./Gabriel Bouys (AFP)
Benzema sigue la trayectoria del balón ante el albiazul Wakaso. / Gabriel Bouys (AFP)

El Alavés, que restableció su valentía tras un inicio titubeante, apenas pudo darle emoción al partido, pero salió del Bernabéu convencido de que el marcador no se correspondía con su capacidad de sujetar al Madrid

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Las derrotas, cuando se producen en las condiciones más adversas y ante los rivales más poderosos y lanzados, pueden llegar a tener un extraño efecto reconstituyente. Solo hay que saber mirarlo desde el prisma adecuado. O, al menos, desde el menos doloroso. El Alavés pisaba el Santiago Bernabéu, el estadio que asiste estos días al renacimiento del Real Madrid, cogido con hilvanes y en uno de sus momentos más delicados desde la llegada de Abelardo. Los albiazules venían de haber encajado dos derrotas consecutivas, una de ellas con posibles efectos demoledores (4-0 ante el Getafe), y tras una tormenta de última hora en el mercado invernal. El marcador puede escocer con una mirada simple y superficial, solo por el impacto que produce una diferencia de tres goles. Pero los vitorianos fueron ganando valentía y cuajo a medida que se vieron capaces de sujetar al Real Madrid, hasta que los blancos aprovecharon el arrebato del Alavés en busca de un utópico empate para sacar el martillo.

La tropa de Abelardo salió sin rasguños psicológicos o hemorragias, como demuestra el hecho de que saliera con más decisión al césped en la segunda parte, ya con el marcador en contra, que en el arranque. El inicio, de hecho, resultó un tanto desconcertante por la fragilidad que exhibió el equipo, que cometió algunos errores difíciles de explicar en un duelo de máxima exigencia. Pero un grupo que posee la personalidad suficiente para pisar el acelerador y buscar al Madrid en su campo con el marcador en contra se encuentra tan alejado de la depresión como lo están ahora sus delanteros de la abrumadora eficacia que mostraron en las primeras jornadas.

Al Alavés se le echó en falta cierta osadía cuando el Madrid comenzó a merodear su área gracias a algún desajuste de Maripán, varias pérdidas de balón en la zona crítica y una extraña carencia de serenidad a la hora de proteger la pelota. Claro que el conjunto blanco aprieta más ahora que cuando visitó famélico Mendizorroza, y que los albiazules no se sienten como los gigantes que llegaron a acariciar el liderato. Pero la titubeante imagen que ofrecieron en los compases iniciales bien pudieron costarle una goleada que habría profundizado sus recientes heridas.

3 Real Madrid

Courtois; Odriozola, Nacho, Sergio Ramos, Reguilón; Casemiro, Modric, Ceballos; Bale (Marco Asensio, m.63), Vinicius (Isco, m.87) y Benzema (Mariano, m.74).

0 Alavés

Pacheco; Vigaray, Laguardia, Maripán, Duarte; Pina, Manu García (Guidetti, m.81), Wakaso; Jony, Burgui (Diego Rolan, m.68) y Calleri (Álex Blanco, m.81).

goles.
1-0, m.30: Benzema. 2-0, m.80: Vinicius. 3-0, m.91: Mariano.
árbitro.
Santiago Jaime Latre (Comité aragonés). Amonestó a Laguardia (32), Burgui (54) y Wakaso (74) por el Alavés.
incidencias.
Encuentro correspondiente a la 22ª jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu, ante la presencia de 53.132 espectadores.

Pacheco y Laguardia desbarataron los primeros acercamientos del Madrid, que amenazó con estrenar su cuenta al tercer minuto. Imaginen, visto el roto que hicieron los merengues en el tramo final, con el Alavés volcado y desgastado, la eternidad que habría supuesto mantenerse en pie durante los 87 minutos restantes. El caso es que los vitorianos se recompusieron con un par de carreras de un Jony incombustible, al que Wakaso buscó de manera casi inconsciente. Y es que en la derecha se presentaba un erial con Vigaray falto de ritmo (se estrenaba como titular en Liga) y Burgui, cuyas fases de rendimiento son inescrutables.

La estrella de Benzema

Pero el Alavés, que se mantuvo en pie gracias a la sobriedad de Pacheco y la falta de puntería de Vinicius y Reguilón, no pudo evitar recular hasta que el lateral zurdo del Madrid aprovechó el sueñecito de Burgui para servir el tanto en bandeja a Benzema. Tampoco los albiazules encontraron el antídoto para el delantero galo, que ahora juguetea con las defensas como si fueran un ovillo. Se mueve liberado por todo el frente de ataque y resulta casi imposible anticiparse a sus ideas. Lo sufrieron Laguardia y, sobre todo, Maripán, quien lanzó un suspiro cuando el francés se marchó sustituido.

El Alavés, necesitado de un reseteo en el descanso, tan solo pudo inquietar a Courtois de manera indirecta en el primer tiempo, con una leve presión que estuvo a punto de convertir a Odriozola en el protagonista circense de la jornada. Abelardo debió de pasar a limpio el plan que había diseñado para el partido y espoleó a sus hombres para no esperar al Madrid, sino para salir a buscarlo.

Los albiazules alimentaron su reacción con un disparo desviado de Duarte tras un saque de banda de Jony. Pero, sobre todo, no se amedrentaron ante las sacudidas blancas, ni siquiera cuando Bale lanzó un latigazo en carrera que obligó a Pacheco a lanzarse como un felino. De pronto se soltaron Burgui y Vigaray, que cocinaron una jugada a la que Manu García y Calleri no lograron poner el broche. Y Jony se hizo con una bombona de oxígeno de reserva con una diagonal directa hacia Courtois, aunque se precipitó tanto al realizar el disparo que ni siquiera obligó al belga a mancharse. También probó Abelardo con los recién llegados Rolan y Álex Blanco, que todavía huelen demasiado a nuevo.

El Alavés comenzó a airear sus costuras, una delicia para Vinicius y Mariano. El brasileño inició una acción con un cambio de orientación al que le puso la guinda tras un error de Vigaray en el despeje. Y el dominicano, nervioso y hasta torpe, realizó un cabezazo de auténtico depredador que los albiazules solo pudieron admirar con un punto de tristeza pasajera.

 

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