Historias en albiazul

El primer milagro

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

Antes del 'milagro de Jaén' de 2014 ha habido otros similares en la historia del Deportivo Alavés. Sin ser tan melodramático, fue milagroso lo sucedido en la temporada 1931-32, la segunda del club en Primera División. Después de su buen estreno en la máxima categoría el año anterior, el Alavés había tenido que vender a sus mejores jugadores para salvar su crisis económica y renovado a fondo su plantilla.

Por ello, la liga iniciada el 22 de noviembre de 1931 se antojaba complicada para los intereses albiazules. Los peores pronósticos se cumplieron. Desde la tercera jornada, el once babazorro no pasó del noveno puesto, en un momento en que solo había diez equipos en Primera y únicamente descendía el último. El Alavés se fue alternando en el farolillo rojo con el Unión de Irún, que había perdido su calificativo de 'Real' tras la decisión del Gobierno republicano de considerar delito el uso de cualquier calificativo monárquico.

La emoción en el campeonato duró hasta el final y no pintaba bien para la escuadra albiazul. A partir de la jornada doce, el Alavés ocupó siempre el último puesto, lo que parecía abocarle al descenso. A falta de un partido, seguía cerrando la tabla, pero estaba a solo dos puntos del Unión de Irún. La casualidad hizo que ambos se enfrentaran en la última jornada en Mendizorroza. Por tanto, para salvarse al Alavés solo le valía ganar, dado que en ese caso ambos empatarían a puntos y los albiazules, que habían vencido en el Stadium Gal en la primera vuelta, tendrían mejor 'golaverage' particular.

El partido se esperaba en Vitoria con una enorme expectación. 'Heraldo Alavés' escribió que «con toda la verdad puede decirse que los temas políticos están estos días arrinconados, como antes estuvieron los futbolísticos. Quizá sea porque jamás ha habido un momento de tanta trascendencia para el Deportivo Alavés porque no es igual ascender que descender. Quien pretende ascender y no lo logra, puede consolarse pensando en que queda igual; que no está peor. Pero quien se ve amenazado de perder gran parte del terreno conquistado a pulso, o las ventajas morales y materiales logradas tras esfuerzos inauditos y solo le queda una probabilidad, una esperanza de no caer, imaginémonos el esfuerzo que realizará para salvarse. Y este es el caso del Alavés y del Irún. Un terrible duelo del que uno de los dos debe caer… probablemente para no levantarse más».

El domingo 3 de abril de 1932, Mendizorroza registró una gran entrada, «pues de Guipúzcoa vinieron muchos aficionados a animar a su equipo y lo mismo sucedió con los vitorianos que sabían la carta decisiva que jugaba el Alavés». Los primeros veinte minutos fueron de dominio fronterizo. Luego, el conjunto local se hizo con el control, aunque no llegaba el gol. Por fin, en medio de un gran nerviosismo, en el minuto 70 Juanito Echevarría marcó el tanto de la victoria albiazul… y de la permanencia in extremis: «¡Por fin! el goal. Paco se hace con el balón y lo centra bien, acudiendo Sañudo al remate, saliéndole un buen tiro que detiene Emery en el suelo, pero el balón se le va de las manos y cuando estaba si entra o no, llegó Juanito y ¡catapún!, hasta el fondo».

La alegría de jugadores, técnicos y aficionados alavesistas tras el gol fue desmedida: «El momento es apoteósico. Los futbolistas se abrazan con frenesí. Mucho público no puede contener sus ímpetus y se lanza al campo a estrujar a sus chicos. Es un momento de verdadero delirio». Tras restablecerse el orden, se esperaba una reacción a la desesperada de los guipuzcoanos, y «así pareció al principio de esos veinte interminables minutos, pero el Alavés se creció y siguió en plan de superioridad».

Al final quedó noveno, empatado a puntos con los irundarras, que bajaron a Segunda y no han vuelto a regresar a Primera desde entonces. Por si fuera poco, el partido vino acompañado de una polémica en la que incluso intervinieron las autoridades políticas y a la que merece la pena dedicar la 'Historia en albiazul' de la próxima semana.