PARTIDO TRAMPA

Ni Paco Jémez, Guardiola, Capello o Caparrós, ni todos juntos, habrían solucionado el desbarajuste que vive Las Palmas

PARTIDO TRAMPA
Raúl Alústiza
RAÚL ALÚSTIZA

Posiblemente, sea el de hoy uno de los partidos más complicados de jugar, ya que puede que nos confunda esa engañosa sensación de que está ya todo hecho. Dada la complicada situación clasificatoria de Las Palmas y el poco rendimiento que ha mostrado a lo largo de toda la temporada, puede que dé esa sensación de ser un rival asequible. Tal vez en la excesiva confianza se encuentre la trampa. Tenemos que pensar que cuando se trata de cuestiones de vida o muerte futbolísticas, como es el caso que vive hoy Las Palmas, el ser humano en un ejercicio de supervivencia saca de no se sabe donde recursos y energías ocultas que en situaciones normales no aparecerían. Además, siempre se suele morir matando, y los desahuciados en cualquier clasificación no se van sin dejar heridos.

Habrá que ver cuál de los dos estados anímicos es determinante en el rendimiento. Si la ilusión y a la vez cierto equilibrio emocional que disfruta nuestro equipo, o la fuerza del instinto de supervivencia que debe emplear nuestro rival. Aunque tal vez esa fuerza sea su trampa, algo que se puede convertir en ansiedad.

Por eso, el planteamiento para hoy está claro. Se trata de jugar con su ansiedad, con sus prisas, con la angustia, con la posible bronca de su afición, con ese posible malestar dentro de su vestuario, etc. Y en este caso lo de menos es saber cómo vamos a contrarrestar y combatir ese estilo futbolístico tan definido y tan atrevido, como es el que aplica su peculiar entrenador, Paco Jémez. Por cierto, un estilo que es más lógico verlo en equipos grandes, pero el bueno de Jémez lo defiende y lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Algo que genera muchos recelos entre sus colegas y los críticos del fútbol. Muchos asocian ese estilo tan atrevido y tan futbolístico con equipos de Champions. Y evidentemente, ver un entrenador que aplica esa idea en conjuntos modestos es algo que no está bien visto al ser una osadía. Aunque luego todo el mundo se calla cuando comprueban que la mayoría de los que descienden suelen apostar por no jugar a nada. Pero eso está permitido, está mucho mejor visto, ¡dónde va a parar!

La complicada situación de Las Palmas ya viene desde la temporada pasada cuando su entrenador Setién anunció que se marchaba. Creo que esta temporada ni Paco Jémez, Guardiola, Capello o el mismo Caparrós, ni todos juntos, habrían solucionado este desbarajuste. Pero como Jémez, que no deja indiferente a nadie, es un tipo que genera muchos recelos y críticas en el mundo del fútbol, descoloca al personal porque parece un contrasentido ese talante romántico del fútbol, con ese discurso y esa disciplina de sargento de hierro que aplica en el vestuario. En definitiva, que mientras los resultados no le den la razón, al bueno de Paco le atizarán por todos los lados. Le criticarán por ser un romántico del fútbol y a la vez un tipo duro en el vestuario. Ah, y mucho peor todavía, por ser intransigente y demasiado claro y expresivo en las ruedas de prensa. Otro contrasentido, porque ante los periodistas lo mejor es tirar de tópicos, que quedas muy bien. Lo que nunca debes hacer es cuestionar la pregunta, eso es una herejía periodística. Ahora, si sueltas una bravuconada, como suele acostumbrar Paco, eso ya compensa porque hay un buen titular.

No puedo terminar sin hacer alguna alusión al partido del jueves contra el Girona. Independientemente del debate sobre si se equivocó o no el señor colegiado, lo que nadie comentó es un asunto que me parece importante. Me refiero a esa situación del juego que no es tanto responsabilidad del árbitro como sí del reglamento. Estoy hablando de esos últimos minutos de auténtica basura del partido del jueves en Mendizorroza, por cierto, algo habitual en el fútbol. Al margen de que eso fue algo que nos perjudicó, también hay que decir que en algunas otras ocasiones nos ha beneficiado. Pero lo que sí tengo muy claro, es que el que verdaderamente sale perjudicado y siempre pierde es la imagen del fútbol.

Me tomé la molestia en contar el tiempo real que se jugó desde que se decretó el penalti hasta el pitido final. Y las cuentas son las siguientes. Minuto 82, penalti; minuto 95 y 40 segundos, pitido final. Tiempo de juego real 2 minutos, los otros casi 14 minutos fueron trifulcas, lesiones fingidas, balones que desaparecen. Unos para ganar tiempo y otros para perderlo, y el señor colegiado impertérrito cumpliendo el reglamento al pie de la letra.

Una cosa es la picaresca del juego y otra las artimañas que permite el reglamento. Algunos se quejan de que con el VAR se perderá tiempo, sin importarles lo más mínimo que ganaremos en justicia. Y, sin embargo, les trae sin cuidado estas situaciones de tiempo basura que tanto daño hace a la salud y al fútbol.

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