el nuevo proyecto

Renovar al que va a dirigir la nave, Abelardo, y a un copiloto como Manu García, que representa los valores que queremos, significa que la planificación comienza con una lógica coherencia

Manu García, feliz junto al escudo, tras su renovación. /R. G.
Manu García, feliz junto al escudo, tras su renovación. / R. G.
RAÚL ALÚSTIZA

Tal vez haya alguien que no pille la idea del título del artículo, pero para los que vivimos el día a día de la actualidad alavesista, creo que no es muy difícil poder relacionar el titular y la actualidad. Cuantas veces hemos maldecido la planificación de esta ya casi finalizada temporada. Pero si los errores anteriores han servido para corregir y que no se repitan en la próxima, me daría por satisfecho el sufrimiento vivido en el inicio.

Y empezar a planificar bien, es empezar por nombrar al que va a dirigir esta nave, el entrenador, Abelardo. Y si además ponemos a su lado un buen copiloto, como es Manu, creo que de momento la planificación para la próxima campaña comienza con una lógica coherencia. Ahora solo espero que a partir de aquí, que no sean solo y únicamente los criterios del mercado de fichajes los que condicionen al resto del proyecto.

Lo lógico y coherente es que el secretario técnico, junto con el entrenador y los criterios económicos del club, vayan configurando una plantilla lo más aproximada al gusto del entrenador. Aunque a mí me gustaría añadir un criterio más, la filosofía deportiva del club, pero de momento es algo que está por consolidar. Porque, ver pasar, como hemos visto esta campaña, a tres entrenadores con tres perfiles diferentes, es un síntoma de que, o no se sabe que tipo de plantilla tenemos, o qué perfil de entrenador queremos.

Y evidentemente, lo de Manu era un clamor popular. Y empezar asegurando a un jugador que representa los valores que queremos para nuestro Glorioso, es empezar bien. Un jugador que, si en el campo es bueno, en los micrófonos es mucho mejor, da gusto escucharle, es de verbo fácil y de ideas claras. Y si el otro día ponía a Iniesta como ejemplo a tomar, principalmente por sus valores humanos y profesionales, creo que de Manu sin tener la repercusión de Iniesta, podríamos decir algo parecido. Solo me atrevería a darle un consejo con el fin de que, incluso se hiciese querer hasta por los mismos rivales. Me refiero a que, cuando aplica el otro fútbol, el que le hace estar al límite del reglamento, lo haga de una forma disimuladamente cariñosa. Porque una entrada dura con cariño, es menos dura, y esa amabilidad en esa acción, tal vez algo engañosa, despierta cierto perdón en los rivales reconociéndolo como un lance lógico del juego.

Y en el partido de hoy, lo de menos son los puntos, lo importante es la honrilla de poder quedar en la clasificación final por delante del Athletic. Y eso no tiene precio. Y mucha culpa de esta alegría tiene el subconsciente, que siempre saca a relucir esa parte miserable del ser humano, donde se suele alegrar más de las derrotas del prójimo que de los éxitos propios. Y que mejor ocasión que ésta, donde no necesitamos los puntos para sobrevivir, para que podamos regodearnos en el partido con otros asuntos más banales. Tan banales como eso de que, en caso de victoria, poder recrearse viendo la cara que se les quedaría a los del Bocho. Aunque en el fondo, este cierto pique no es algo particular, sino muy común en los demás clubes hermanos de Euskadi. Es el precio que tienen que pagar por su política tan agresiva fuera de su territorio, a la hora de fichar jugadores o clubs convenidos para su cantera de Lezama. Creo que son las formas y el poco cuidado diplomático que emplean, dando una sensación de superioridad, lo que hace que se produzca una cierta antipatía, enemistad u hostilidad deportiva. Y evidentemente, ser antipático y a la vez amable son dos conceptos incompatibles.

No obstante, y de cualquier manera, hay que reconocerles e incluso envidiar, parte de su filosofía de cantera. Y digo parte, porque lo que no me gusta es cuando las filosofías se convierten en doctrinas. Las doctrina son las que hacen malas a las filosofías, religiones y políticas, y en ocasiones da la sensación que la defienden como un dogma de fe.

Y no tengo ningún problema en reconocer que, ojalá en nuestro en Glorioso podríamos aplicar una cuarta parte de esa filosofía. Y a la inversa, tan poco tengo ningún problema en decir que, aunque ellos no lo quieran reconocer, también tienen motivos para envidiarnos. Me refiero a nuestra ejemplar afición, que lo mismo canta cuando se gana que cuando se pierde, porque la suya, ya solo canta cuando gana, y poco.

No puedo terminar sin hacer un comentario positivo hacia su presidente, Urrutia. Cosa rara, porque igual que otros, no es precisamente de los que se hace querer. Hay que reconocerle su coherencia con Ziganda, porque con la que estaba cayendo no creo que le haya resultado fácil mantenerle. Y de Ziganda, admirar el talante mostrado, donde ha sabido llevar con respeto y resignación una especie de campaña despiadada y muy injusta contra él.

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