Desde el Monte del Pico

Otra noche de insomnio

La escuadra albiazul reacciona en la segunda parte, pero vuelve a caer goleada tras regalar un penalti en un momento clave del encuentro y se aboca a lo sobrenatural

Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

Quince días después de vivir un episodio traumático ante el Granada el Alavés volvió al césped en uno de esos partidos donde la necesidad clasificatoria choca ante la exigencia del desafío y, salvo situaciones inesperadas, todo acaba como se esperaba.. El Atlético, vigente campeón, había caído en la primera vuelta en Mendizorroza y ahí finalizaron las sorpresas de este ejercicio contra los colchoneros. La realidad volvió a imponerse para colocar otro aguijonazo sobre la piel albiazul. A pesar de una notable reacción alavesista en el inicio de la segunda parte que tuvo sus frutos con el empate de Escalante. A falta de ocho partidos para la conclusión del campeonato y a la espera de los resultados de Granada y Cádiz, la permanencia puede seguir a una distancia complicada o irse ya a parámetros siderales. De momento, el cuadro de Mendilibar es colista por méritos propios, porque resulta incapaz de completar partidos mínimamente regulares, prodiga los regalos como ayer y necesita ya una remontada sobrenatural para aferrarse a sus posibilidades de, al menos, forzar la situación en la parte baja de la tabla.

Mendilibar regresó de inicio al sistema de tres centrocampistas, el que, pese a las carencias estructurales de la plantilla, ha servido para que la escuadra albiazul ofrezca sus prestaciones más equilibradas en los últimos meses. No mucho más que eso para un Alavés cuya falta de gol ha resultado un lastre competitivo permanente y cuya consecuencia es que cualquier mínimo descuido le deja en un situación de emergencia. Ayer el agua superó el cuello albiazul en muy pocos minutos. Los que tardó el Atlético en dejar claro que dominaba el juego con autoridad, algo lógico, pero también con demasiadas facilidades para crear ocasiones claras. Su precisión inicial en los metros finales fue demasiado para un equipo vitoriano otra vez carente de solvencia. Primero llegó el tanto local anulado en el límite y después el cabezazo de Joao Félix para certificar el 1-0. A partir de ahí, una sucesión de accidentes sobre el césped. Encontronazos, nulo ritmo y también una acción incluso de posible roja con codazo a Pina que ni siquiera se señaló como falta. Un equipo albiazul, entretanto, más compacto, pero igual de inofensivo, solo capaz de llegar al área rival con algún robo en zonas adelantadas y las apariciones puntuales de Joselu. Un Atlético muy intenso y por momentos agresivo en exceso dispuesto a encadenar su sexta victoria consecutiva.

Todo cambió tras el descanso, en esta ocasión con el acierto de Mendilibar al cambiar el guion, sobre todo con la entrada de un activo Manu Vallejo. Con más determinación, balón y también acercamientos peligrosos al área, hasta que Escalante acertó con el 1-1. Una vez más y en una situación propicia para al menos llevar al rival hasta el límite aparecieron las lagunas. Lejeune, cuya temporada resulta decepcionante por no tirar de otros adjetivos, regaló un penalti en una acción absolutamente innecesaria. De juveniles. A partir de ahí, pura desesperación ante un Atlético que retomó el mando y acabó endosando a los albiazules otra goleada que añadir al repertorio de una campaña con el carro lleno de goles en la portería de Pacheco.

El Alavés se queda ya dentro de esa situación quimérica donde solo el margen de puntos restantes hasta el final del campeonato le permite soñar con una reacción que no llega (una victoria a domicilio en toda la campaña...) aunque lo suyo sea este ejercicio coleccionar pesadillas e insomnios. Aunque sea necesario, cada vez es menos realista pensar que este equipo se encuentra capacitado para salir del pozo. El Glorioso, eso sí, nunca se rinde.