Renacimiento en Jaén

Un cabezazo de Guzmán en el minuto 93 de un final de partido delirante y apoteósico concede la permanencia al Alavés

Renacimiento en Jaén
Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

El actual Alavés, el que levita en una plaza de Champions, solo es posible entenderlo desde lo que sucedió no hace tanto tiempo. El 7 de junio de 2014 en Jaén. Aquella tarde de sábado donde el mercurio amenazaba con destrozar los termómetros y el aire que transportaba el polen de los olivos irritaba ojos y gargantas en el campo de la Nueva Victoria. Era la última jornada de la Segunda División y el equipo albiazul llegaba a esa decisiva cita después de cuatro meses consecutivos sin salir de los puestos de descenso. Pero con una última opción. Ganar el partido ante un rival que también se jugaba la categoría. Además, el conjunto que entonces dirigía Alberto López debía esperar que otros resultados de adversarios directos le permitieran evitar el pozo de la Segunda División B. Lo que hubiera sido un paso atrás de consecuencias nefastas.

Para añadir temperatura al drama, las matemáticas se confabularon. El empate mandaba a los dos equipos directamente al descenso. Eran las condiciones previas de una de las batallas más emotivas en la historia del Alavés. Lo que sucedió después, con cuatro goles en los últimos nueve minutos, el último de Guzmán en el 93 para lograr la salvación (2-3), es aún hoy difícil de explicar. Lo que sí se puede contar con absoluta certeza en que dos años después el conjunto vitoriano ascendió a la Primera División, en la que ahora ha firmado el mejor arranque de su historia. El renacimiento de Jaén lo propició todo. Aquí te dejamos la crónica de aquel choque sobre la cuerda floja del descenso.

7 de Junio de 2014

¡HEROICO!

El Glorioso nunca se rinde. Nunca es nunca. Literal. Heroico y todavía increíble a partes iguales, el Alavés ejecutó un triple salto mortal sin red con todo tipo de tirabuzones en la Nueva Victoria de Jaén, otra vez tierra prometida. Un gol de 'Guzmán-Toni Moral' en el minuto 93 de un delirante final de partido con cuatro tantos prácticamente consecutivos selló la permanencia que se escapaba primero, llegaba después, volvía a escurrise entre los dedos... Acompañaban el resto de resultados y la montaña rusa de emociones de los minutos finales resultó abrumadora. Hasta que apareció una falta, la última, un balón colgado al área con un Jaén que defendía con pocos hombres porque necesitaba marcar, varios rechaces, un globo cruzado de Jarosik y gol. ¡Goooooooooooool¡. Vale por una permanencia y la continuidad de un proyecto que amenazaba con otro socavón de grandes proporciones en la Segunda División B. Pero sirve, sobre todo, para recompensar a una afición vitoriana que ha estado muy por encima del equipo en este ejercicio y no merecía un bofetón de ese calibre.

Instantes después del 2-3 y el final casi inmediato del partido albiazul, las ondas se habían encargado de cuadrar la ecuación en otros estadios para que las burbujas de la permanencia estallaran violentas sobre el césped. El incomparable cosquilleo de una salvación al límite tras muchos meses de desesperación invadió el universo albiazul mientras el drama del descenso azotaba a la afición jienense. Que la alegría y la tristeza se necesitan mutuamente para existir quedó reflejado en un partido de fútbol. Noventa minutos donde las ilusiones de muchos aficionados volaron en cada remate, en cada despeje, en cada centímetro de una batalla que ya tiene una página de privilegio en el libro de honor de los recuerdos alavesistas. Todo se resolvió, en cualquier caso, en nueve minutos. Del 84 al 93. 1-3 fue el marcador de ese minipartido.

El Alavés, después de una primera mitad igualada, había perdido el norte en el inicio de la segunda hasta que Jona castigó esa endeblez con el tanto local. 1-0 en el minuto 53. Otro choque. Con un Jaén que se veía salvado y una escuadra albiazul que parecía noqueada. Se había roto el empate que condenaba a los dos equipos al pozo. Apretó más tarde el Alavés, le anularon un gol en un cabezazo de Quiroga, llegaron contragolpes del Jaén para sentenciar, pérdidas de tiempo, broncas... Pero el partido real se jugó después del segundo empate. El 1-1 de Juanma.

1-1, gran Juanma y locura

Alberto había recurrido primero a Quiroga, después a Vélez y más tarde a Juanma para tratar de arreglar lo que ya parecía imposible. Resultaron decisivos. En un océano de nervios, el sevillano pareció jugar en bata y zapatillas. Primero marcó y después lo hizo todo bien para intervenir en prácticamente todas las acciones decisivas. A Quiroga media hora le sirvió para anotar dos goles, uno anulado. Para Jarosik, al límite en la jugada final, quedó la distinción de colocar en el área la pelota del remate imposible. Cuando apenas restaban sesenta segundos para precipitarse contra la Segunda División B. Por allí apareció Guzmán. Goooooooooool.

El Alavés, en realidad, celebró dos permanencias. Una en el minuto 86 cuando Quiroga encadenó su tanto al de Juanma para 1-2. Pero cuando la afición del Jaén abandonaba en masa el estadio surgió un inexplicable boquete defensivo donde Israel cabeceó solo. Minuto 88 y 2-2. De nuevo la esquizofrenia del empate que a ninguno servía y las lamentaciones albiazules que ya se rumiaban. Se escapaba con todo hecho. Pero ni así dejó de remar la escuadra albiazul. A tumba abierta y ante un rival también partido en dos por la obligación de marcar. Cuatro de descuento. Locura absoluta. Nada parecido a ningún partido jamás vivido en la época reciente. 91. 92. 93. Goooooooool. A falta de Viguera, cuyos tantos han permitido nadar hasta la Nueva Victoria, apareció Guzmán. Desde este momento, don Guzmán Casaseca.

El increíble desenlace evitó además el fatídico laberinto de las 27 combinaciones negativas de un total de 243 en caso de victoria albiazul y viró de golpe hacia una tarde épica. Aunque cueste todavía creerlo, el mismo Alavés que ha peregrinado semidesnudo de competitividad muchos meses por una Segunda División que no tolera a los desvalidos, se ha colocado la coraza del guerrero a tiempo para firmar un esprint final salvador -16 puntos de 24 posibles- con un epílogo para la leyenda. Nunca se ha rendido el Glorioso, empujado por una inconmensurable afición que ha mantenido el aliento en situaciones críticas hasta obligar a los futbolistas a pelear por ellos. Ya se sabe. «Ser de los que ganan es sencillo; elegimos ser del Deportivo».

 

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