ARCHIVO MUNICIPAL DE VITORIA/BALBINO SOBRADO

Un jugador condenado a muerte

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

La Guerra Civil no solo interrumpió la trayectoria del Deportivo Alavés sino que afectó dramáticamente a muchos miembros de la gran familia albiazul en uno u otro bando. Uno de los casos más tremendos fue el del antiguo jugador alavesista Pedro García Ansola. Nacido en la localidad guipuzcoana de Deba en 1900, formó parte de la Sociedad Deportiva Eibarresa y se incorporó al Alavés en 1927 junto a un buen número de futbolistas provenientes también de equipos guipuzcoanos como Unamuno, Beristain o Urquiri. Fue partícipe de la primera etapa gloriosa del club vitoriano. Inauguró la serie A de Vizcaya en 1927-28, aunque ese año no fue titular, y la Liga de Segunda División en 1928-29, en la que disputó nueve partidos y marcó dos goles, uno al Iberia de Zaragoza y el otro al Betis.

Después de retirarse del fútbol, trabajó como cantero en su localidad natal integrándose en el sindicato de Oficios de Varios de la UGT. En mayo de 1931, tras repetirse las elecciones municipales que dieron paso a la proclamación de la II República, fue elegido concejal de Deba por el PSOE. La izquierda estaba en minoría en un consistorio en el que el PNV ostentaba la mayoría. El alcalde era el jeltzale Florencio Markiegi, tío del futuro guardameta del Alavés Javier Berasaluce, que sería fusilado durante la contienda española. En marzo de 1934, García Ansola pasó a presidir la recién fundada Agrupación Socialista de la localidad costera.

Al iniciarse la Guerra Civil en julio de 1936, el exjugador babazorro fue nombrado comisario de Trabajo del Comité de Defensa de Deba. Conquistada Guipúzcoa por las tropas sublevadas, se retiró a Lekeitio y se enroló en el III Batallón de la UGT. Pasó más tarde al VIII Batallón de la misma organización sindical, conocido con el nombre del dirigente histórico socialista francés Jean Jaurès, donde formó parte de la plana mayor con el grado de brigada.

En este batallón, según los datos proporcionados por Aitor Lizarazu, García Ansola coincidió con otros dos futbolistas entonces en activo: Santos Alonso Larrazábal (Arenas de Guecho) y Luis Sánchez Azcona (Donostia). El VIII de la UGT fue uno de los batallones que se mantuvo hasta el final en Artxanda-Santo Domingo, defendiendo Bilbao antes de su conquista por las tropas de Francisco Franco el 19 de junio de 1937.

Tras la pérdida de Vizcaya, el exfutbolista albiazul, casado y padre de un hijo, pasó a Cantabria y Asturias, siendo hecho prisionero cuando cayó el frente norte. Sometido a un consejo de guerra en San Sebastián, en agosto de 1938 fue acusado de «adhesión a la rebelión» y condenado a muerte. Sin embargo, su sentencia fue conmutada de inmediato por una de prisión, ingresando en la cárcel donostiarra de Ondarreta. La condena fue reducida sucesivamente hasta salir en libertad condicional «atendiendo a su buena conducta» el 29 de abril de 1943. También su expediente de responsabilidades políticas fue sobreseído en el año 1946.

Como era habitual, García Ansola recibió el apoyo de personas afectas a la sublevación, lo que le ayudó a salvar la vida y salir finalmente de la cárcel. Por ejemplo, según la documentación recopilada por Lizarazu, un convecino envió al juzgado un testimonio indicando que, «por haber soportado durante más de dos meses en el citado pueblo la tiranía marxista, durante el verano de 1936, pude conocer a todos los elementos que formaban el llamado Frente Popular y entre ellos al citado Pedro García Ansola. Como cristiano, español y amante de la verdad, me creo en la obligación de manifestar que el mencionado García Ansola fue durante esa época un hombre moderado, de buenos sentimientos, y que en sus intervenciones solo buscó mitigar el dolor de cuantos allí estábamos, actuando de freno de extremistas e indeseables, que también los había. Creo que nadie podrá decir le hiciera daño».

Es un ejemplo del buen recuerdo que debió dejar Pedro García Ansola, no solo como futbolista del 'Glorioso', sino también como persona.