El Alavés recibe un toque de atención

Jony conduce el balón frente a Moses./Biel Aliño (EFE)
Jony conduce el balón frente a Moses. / Biel Aliño (EFE)

El conjunto albiazul colapsó nada más adelantarse y fue sometido por el Levante hasta el arreón final

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Algún día tenía que pasar. El Alavés figuraba por encima de sus posibilidades en la clasificación, con un fútbol casi infalible, y era cuestión de tiempo que sufriera un accidente como el del Ciudad de Valencia. Pero quizás sucedió de la manera más extraña. El conjunto albiazul protagonizó una desconexión completa y absurda en cuanto se adelantó ante el Levante, cuando saboreaba ya las mieles del anecdótico coliderato con el Barcelona y el Real Madrid. Pero el castillo de Abelardo se desmoronó de pronto, quizás por una mezcla entre el exceso de confianza y las rotaciones masivas, hasta dibujar un equipo inerte, que fue incapaz de amedrentar durante más de una hora a un rival en crisis.

El Alavés se adelantó casi por inercia, impulsado por una racha abrumadora y con un empuje que buscaba aplastar a un Levante herido por sus tres derrotas consecutivas. Primero lo intentó Duarte en el área pequeña, en una acción que resumía a la perfección la salida en tromba de los vitorianos, y en la siguiente jugada, Ibai torció su tobillo de goma para colocar el esférico en la cabeza de Sobrino. El bilbaíno seguía de dulce con una nueva asistencia, y el manchego ampliaba su notable hoja de servicios en este arranque liguero. Los albiazules se frotaban las manos, todo parecía encarrilado y la defensa granota revivía su recurrente trauma en los centros al área. Los valencianos debían abrirse en busca de su primera victoria en casa y dejarían su retaguardia desguarnecida. Era un caramelo para un especialista al contragolpe como el Alavés.

2 Levante

Oier, Jason (Moses, m.60), Cabaco (Chema, m.71), Postigo, Rober Pier, Toño, Prcic, Campaña, Rochina (Doukouré, m.83), Morales y Boateng.

1 Alavés

Pacheco, Martín, Laguardia, Maripán, Duarte (Ximo Navarro, m.46), Ibai Gómez, Pina, Manu, Burgui (Jony, m.59), Sobrino y Guidetti (Calleri, m.66).

goles.
0-1, m.5: Sobrino. 1-1, m.19: Jason. 2-1, m.37: Toño.
árbitros.
Melero López (colegio andaluz). Amonestó por el Levante a Jason, Prcic, Rochina, Morales, Chema, Campaña y Toño y por el Alavés a Sobrino.
incidencias.
partido disputado en el estadio Ciutat de València ante 20.200 espectadores.

Nada de eso sucedió. El Levante se lanzó al ataque con todo, sí, pero el Alavés levantó las barreras de su paso a nivel y los valencianos pasaron en un tren de mercancías. Los albiazules dieron un inexplicable paso atrás y jugaron a merced de su adversario sin ofrecer resistencia alguna. Rochina amenazó con dos disparos lejanos, y uno de ellos se marchó a solo unos centímetros del palo derecho de Pacheco. Su zurda le dio un pequeño respiro al Alavés, pero solo de manera momentánea. Cuando aún no se había cumplido el minuto 20, el atacante colocó un centro preciso y tensionado en la cabeza de Jason, que devoró de un bocado la portería vitoriana.

Lo peor, sin embargo, no era haber perdido una valiosa ventaja. Lo más preocupante era sin duda la imagen que ofrecía un bloque repleto de cambios. Hasta cinco introdujo el 'Pitu' en relación al duelo ante el Getafe:Pina, Manu García, Maripán, Burgui y Guidetti entraron por Brasanac, Wakaso, Ximo Navarro, Jony y Calleri, respectivamente. Es decir, la mitad de los jugadores de campo eran nuevos. No se trata de una crítica, ya que la acumulación de partidos haría estragos en el vestuario, y más con la intensidad que le imprime a su juego el conjunto vitoriano. Los efectos, no obstante, saltaron a la vista.

El centro del campo parecía hueco, como si Manu García y Pina no hubieran jugado juntos jamás. El Levante encontró una auténtica autopista, se llevó casi todas las disputas y robó unos cuantos balones que parecían inofensivos. Las bandas perdieron la velocidad sin Jony. Y la delantera, a la que siempre se puede recurrir con juego directo, añoró en exceso los centímetros y el carácter pugnaz de Calleri, quien, por cierto, dio un necesario impulso a su equipo en la recta final. Es posible que Abelardo imaginase un encuentro de mayor posesión y control, con su centrocampista de mayor creación (Pina), su atacante más combinativo (Guidetti) y dos alas que se sienten cómodos al conducir hacia dentro (Burgui e Ibai). Pero no dio resultado, y puede que el técnico se precipitara al dar la titularidad a Pina cuando acaba de recuperarse y carece de ritmo de competición.

El Levante adelantaba sus líneas mientras el conjunto albiazul cometía errores incomprensibles y era incapaz de controlar la pelota. El Alavés pedía a gritos un tiempo muerto, pero ni siquiera tuvo ayer la pausa de hidratación para un rápido ajuste de piezas. Así que los granota asaltaron a golpes a un contrincante grogui. Primero lo intentó Rochina con un error clamoroso y después Morales, quien se encontró con Martín. Pero Toño, que se asomaba como un puñal desde segunda línea sin la oposición de Ibai, venció a Pacheco.

El Alavés necesitaba un lavado de cara integral, y, sin embargo, tuvo que hacer un cambio por obligación. Ximo Navarro sustituyó a Duarte, quien se llevó un duro golpe de Jason en la cabeza y tuvo que pasar por el hospital. Jason, por cierto, se cobró después otra víctima con Burgui, quien también se marchó tocado tras una entrada. El atacante granota debió de equivocarse de día y pensó que era viernes 13, porque no dejó un adversario en pie.

El Alavés dominaba algo más el encuentro tras la reanudación, mientras el Levante esperaba. Mejoró su imagen, aunque su único aviso fue un cabezazo hacia atrás de Sobrino a centro de Martín. Ese fue su balance hasta la salida al campo de Calleri, quien al fin puso un recurso al servicio de su equipo: el juego directo. El argentino tomó el testigo del anodino Guidetti y fue una amenaza constante para la defensa rival, que se vio obligada a regalar espacios ante su imponente figura. A punto estuvo de aprovecharlo Ibai, quien estrelló su disparo en el palo. El choque murió entre lesiones fugaces y protestas eternas del Levante, que respiraba aliviado con su primer triunfo en casa mientras mandaba a los vitorianos al rincón de pensar.

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