Increíble, pero cierto

Llegué a contar más de una veintena de balones, por lo tanto posesiones, que se perdieron por lanzarlos directos y sin ninguna precisión a los delanteros

Captura de la posición del Alavés en una jugada de ataque del Villarreal. /
Captura de la posición del Alavés en una jugada de ataque del Villarreal.
Raúl Alústiza
RAÚL ALÚSTIZA

Prácticamente se cumplió el guion que habíamos previsto en la previa del partido. Pero con un matiz. Se esperaba que el equipo tuviera más posesión para no tener que defender ni sufrir tanto como lo hicimos al final de los últimos encuentros, apelando a la diosa fortuna para que interviniera. Otro aspecto que señalé era que, con los datos y estadísticas del partido del Celta, sería un milagro si el Alavés conseguía ganar en el Estadio de la Cerámica. Pues efectivamente, milagro tuvo que ser, porque los datos fueron incluso peores que contra el equipo gallego. En este caso podríamos aplicar aquello de la ley de Murphy, pero a la inversa: ‘una cosa cuando es imposible que pueda mejorar, siempre ocurre algo que lo supera’.

Tendré que repetir lo de siempre. Con estadísticas de este tipo, sin apenas posesión, se puede ganar de vez en cuando, y sería algo lógico porque la casualidad es lógica en el fútbol. Pero cuando se repite en varias ocasiones a nuestro favor, se llama suerte. Lo mismo que dije al principio de temporada, aunque a la inversa. Esto lo saben bien el Málaga, Depor o Real Sociedad. ¡Que cuenten los días que han encadenado un buen rendimiento con un mal resultado!

Por lo tanto, cuidado, ya que hay victorias engañosas que pueden confundir al equipo. Y eso pese a que en el entorno del club, o sea, la afición, puede imperar ese sentimiento de euforia a la espera de que vengan otros días en que ocurra lo contrario. Pero esto no vale para dentro del vestuario, ahí debe imperar el análisis objetivo y los argumentos futbolísticos. Sin embargo, sí hay una situación en la que se puede justificar el autoengaño dentro del propio equipo. Me refiero a lo que se vivió hasta la llegada de Abelardo al banquillo. Se necesitaban victorias aunque fueran injustas, ya que anímicamente el Alavés las ansiaba como el respirar. Pero, repito, creo que ahora los halagos y los elogios pueden equivocar al equipo.

También estoy seguro de que Abelardo no es dado a euforias desproporcionadas, y lo tendrá muy presente en su trabajo diario. Independientemente de que sabemos que el Glorioso hace muchas cosas bien, es ahora, cuando parece que todo funciona, el mejor momento para corregirlas. Ya lo comentó el entrenador cuando calificó como increíble la trayectoria del Alavés y aseguró que la victoria en Villarreal iba a servir para crecer futbolísticamente, al margen del prestigio competitivo que da un triunfo de este tipo.

Un dato de cosecha propia para añadir y entender las estadísticas que vemos después de los partidos. Llegué a contar más de una veintena de balones, por lo tanto posesiones, que se perdieron por el hecho de que nada más recuperarlos se lanzaban directos y sin ninguna precisión a los delanteros Munir y Guidetti. Una idea buena en la pizarra, aunque debe ir acompañada de precisión porque en el fútbol muchas veces esperando un poco se llega antes y en otras, corriendo mucho nos precipitamos. Y este dato condiciona todo los demás, como la posesión. El Villarreal disparó a puerta en 27 ocasiones por 5 el Alavés. Creo que con eso está todo dicho.

Y otra cuestión en la que insistí en la previa. No es bueno poner argumentos al resultado, ya que en función del estado anímico valen los mismos cuando se gana y cuando se pierde, solo hay que cambiar en la expresión el signo positivo o negativo del término. Los argumentos hay que ponerlos al juego, al margen del resultado.

Por ejemplo, es peligroso decir que ahora el equipo tiene pegada, acierto o eficacia de cara al gol. Argumento que puede resultar engañoso porque eso no es consecuencia de un proceso, de una elaboración o de un planteamiento. Es el resultado de unas acciones aisladas que un día caen de un lado y otro día del otro.

Más cosas. En estos momentos se dice que el equipo está bien porque tiene fe o confianza. Yo nunca sé si funciona porque tiene fe, o tiene fe porque funciona. Creo que deben ir los dos conceptos de la mano, porque uno alimenta al otro, y en eso Abelardo creo que ha ayudado mucho. Uno más. Los rivales juegan con el balón y nosotros con el resultado, y cuidado con eso, porque es jugar con fuego. Y algo que se oye últimamente. El equipo compite, se comenta, pues yo diría que así es más fácil perder que ganar. Competir no solo es defender y pelear, son más cosas.

Y no puedo terminar sin hacer una pequeña mención a ciertas ausencias en Villarreal. Me refiero a las de Manu, Wakaso y Medrán. Habría que razonar cada caso individualmente, pero no deja de ser algo que no ha pasado desapercibido. ¿Será que esa decisión lleva consigo algunos mensajes ocultos?

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