Digno adiós a la Copa

Digno adiós a la Copa

El Alavés, que por momentos ofreció el juego más fluido de la campaña, se despide del torneo con un noble papel de los secundarios

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

La Copa es como la hora de recreo para los equipos modestos. La reciben como un entretenimiento atractivo y una realidad paralela a la Liga. Puede ser una reserva de buenas noticias para quienes llevan un paso anodino en la gran competición, y para muchos futbolistas, la única posibilidad de redención. El Alavés tiene los sentidos puestos en la Liga, donde empieza a fantasear incluso con alcanzar una plaza europea. En medio del ajetreo y el vértigo de vigilar si le alcanza el Real Madrid, si rebasa al Atlético o si se mantiene en Champions, aparece de pronto el duelo de vuelta de un partido casi olvidado, que se disputó allá por octubre. Una pequeña distorsión en el calendario que, sin embargo, ofreció un espectáculo vistoso y, sobre todo, dignificó a muchos de los jugadores que apenas actúan en las grandes funciones. El conjunto albiazul se despidió en Girona del torneo que le permitió soñar en las dos últimas campañas, pero lo hizo de la manera más noble, a punto de forzar la prórroga y con actores secundarios merecedores de un reconocimiento mayor que el elogio puntual.

Ninguno de los once futbolistas que saltaron al choque de Montilivi había actuado de inicio el pasado domingo ante el Sevilla. El dato, demoledor y con antecedentes difíciles de encontrar, refleja de manera tangible el discurso que tanto ha repetido Abelardo sobre las prioridades y las necesidades de la Liga. El encuentro se convirtió desde el arranque en una auténtica incógnita, porque había hombres que solo habían actuado en el duelo de ida (Diéguez) y otros que no eran titulares desde la jornada inicial (Torres). Y, sin embargo, el Alavés desplegó por momentos el juego más fluido de la campaña.

2 Girona

Gorka Iraizoz; Yhoan Andzouana (Patrick Roberts, m. 68), Jonás Ramalho, Pedro Alcalá, Juanpe, Valery Fernández; Douglas Luiz, Àlex Granell; Portu, Choco Lozano (Borja García, m. 68) y Seydou Doumbia (Bernardo Espinosa, m. 76).

1 Deportivo Alavés

Antonio Sivera; Carlos Vigaray, Guillermo Maripán, Adrián Diéguez, Adrián Marín (Patrick Twumasi, m. 82); Rubén Sobrino (Jony, m. 79), Darko Brasanac, Daniel Torres, Burgui; John Guidetti (Jonathan Calleri, m. 70) y Borja Bastón.

marcadores
2-1 en Montilivi y 2-2 en Mendizorroza
Goles
0-1, m. 61: Pedro Alcalá, en propia portería. 1-1, m. 72: Àlex Granell. 2-1, m. 79: Portu.
Árbitro
Mateu Lahoz (Colegio valenciano). Amonestó a los locales Juanpe (m. 32) y Borja García (m. 81), y a los visitantes Adrián Diéguez (m. 17), John Guidetti (m. 55) y Adrián Marín (m. 68).
Incidencias
Partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey disputado en el Estadio Municipal de Montilivi ante 9.290 espectadores.

Los hombres de calidad, a los que se les achaca cierta falta de regularidad, como Burgui, se sentían inspirados, el centro del campo, formado por Torres y Brasanac, carburó ante la desidia del Girona en la presión, mientras que Borja Bastón y Sobrino demostraron más chispa por su mayor rodaje. Las ocasiones no tardaron en llegar en un duelo abierto y muy entretenido, donde el deseo de brillar y agradar estaba algo por encima de la disciplina y el rigor, innegociables cuando hay puntos de por medio.

Los principales avisos del conjunto albiazul llegaron de las botas de Bastón y Burgui, que se mostró más constante que nunca en sus prestaciones. El extremeño se ofreció en todo momento, habló el mismo idioma que Adrián Marín a la hora de combinar en ataque y firmó hasta cuatro ocasiones de gol. Los últimos minutos del primer tiempo fueron un ejercicio de puntería para él: primero se topó con Iraizoz en un disparo ajustado, después, con el palo. Solo le faltó el tercer intento, aunque, bien pensado, el atacante siempre parece necesitar una oportunidad más. En cualquier caso, el partido de Burgui no mereció reproche alguno.

El Alavés continuó valiente. Solo le valía ganar y no podía permitirse el lujo de observar y analizar los movimientos del rival. Sobrino generó juego desde la banda, incluido un bonito eslalon que acabó en falta. Eso sí, le volvió a sobrar ese pequeño cortocircuito que sufre en las décimas de segundo en las que debe tomar la decisión idónea. Le sucedió escasos minutos después de la reanudación, cuando no vio a Guidetti solo en el área pequeña, y un cuarto de hora después, cuando recibió un caramelo al espacio y se topó con Iraizoz. La segunda acción, no obstante, no tuvo unas consecuencias tan dramáticas en ese instante, ya que para entonces la eliminatoria parecía decantarse a su favor.

Guidetti tuvo una aparición estelar, de esas que solo pueden protagonizar los jugadores de gran talento y algo pusilánimes. El sueco encontró el pasillo para ofrecerle la pelota a Bastón y plantarlo solo ante el meta del Girona. El gol, eso sí, no habría existido sin la inestimable colaboración de Brasanac, que dirigió toda la jugada con combinaciones desde su propio área, y de Alcalá, que 'remató' de cabeza el rechace. El sueco firmó media asistencia preciosa, aunque después se marchó con un enfado monumental y difícil de asimilar. Más que nada, porque los vitorianos seguían por delante en el marcador. Cogió el abrigo de mala gana e incluso lo rasgó. No se sabe si el origen del cabreo está en el cambio o en el enfado con uno mismo por no encontrarse con su mejor fútbol, pero, desde luego, no pareció muy normal.

Todo se torció de la manera más inocente, con un control defectuoso de Borja Bastón al borde de su área que resolvió con una falta mortal. Álex Granell disparó a puerta en busca de un rechace o de un error de Sivera, y al final encontró el desvío perfecto en Calleri, recién incorporado al terreno de juego. El meta, por cierto, fue uno de los mejores del conjunto albiazul, con cuatro paradas de inmenso mérito y varias salidas que demostraban una concentración absoluta y una seguridad añorada.

El partido terminó de romperse y lo aprovechó el Girona en un contragolpe culminado por Portu. El escenario no cambió demasiado, ya que el Alavés necesitaba un segundo gol de cualquier forma. Lo acarició Bastón con un disparo colocado, y Burgui lanzó su último aviso, demasiado tímido. Nada. Fue una pena, porque los albiazules ofrecieron un espectáculo entretenido. La Copa se esfuma esta vez a las primeras de cambio. Esta temporada, sin embargo, los sueños más atrevidos provienen de la competición sagrada.

 

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