El Alavés flaquea en la emboscada

El Alavés flaquea en la emboscada

Los errores propios condenan al conjunto albiazul al naufragio en Getafe, donde le esperaba una encerrona que no supo evitar

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

La atmósfera en las horas previas al partido estaba cargada de un extraño vértigo, el que produce el miedo a un peligro conocido y a la vez inevitable. O quizás fuera el sentimiento preventivo a una cadena inédita de grandes resultados. El caso es que el Alavés, menguado en las alas y en la defensa, sabía que en el Coliseum le esperaba una auténtica encerrona, que incluso superaría a la que sufrió en Mendizorroza en la primera vuelta. Allí salió con vida de milagro (1-1), gracias a un gol de Calleri en el descuento, ese terreno que Bordalás conoce como el patio de su casa. Pero el técnico alicantino preparó ayer con mimo una emboscada de la que los albiazules no solo no supieron salir, sino que se empeñaron en derrumbarse. Aceleraron su naufragio con errores defensivos inusuales e imperdonables hasta que se llevaron una sonrojante goleada que tardarán en cicatrizar.

El relato del encuentro puede resumirse de manera lacónica: el Alavés estuvo blando, concedió demasiado y ni siquiera llegó a disparar a puerta. Nadie esperaba un vendaval ofensivo por parte de los hombres de Abelardo, ni siquiera un fútbol alegre o con ritmo. Es más, todos nos habíamos preparado para soportar el partido más que para saborear el espectáculo. Pero no probar al guardameta rival en 90 minutos en una lucha cerrada por la clasificación y cuando el choque parecía sentenciado en el minuto 46 refleja la pobre imagen que ofreció el Alavés en su peor actuación –esperemos– de la campaña.

4 Getafe

David Soria; Damián Suárez, Djené, Bruno, Cabrera; Portillo (Samu Saiz, m.86), Cristóforo, Maksimovic, Antunes (Hugo Duro, m.81); Jorge Molina (Ángel, m.75)y Mata.

0 Alavés

Pacheco; Martín, Ximo Navarro, Maripán, Duarte; Sobrino (Twumasi, m.72), Tomás Pina, Manu García (Wakaso, m.65), Burgui; Borja Bastón y Calleri (Guidetti, m.72).

Goles
1-0: M.32 Mata, de penalti; 2-0: M.46 Jorge Molina; 3-0: M.54 Jorge Molina; 4-0: M.88 Mata.
Árbitro
Munuera Montero (Comité andaluz). Amonestó a Ximo Navarro (39), Pina (62) y Duarte (76) del Alavés.
Incidencias
partido correspondiente a la vigésima jornada de la Liga Santander, disputado en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe (Madrid), ante 8.748 espectadores.

El Getafe embistió a su modo y el Alavés no tuvo cintura para sortear o encajar los golpes de los azulones. El encuentro se disputó en la trinchera y el equipo de Abelardo pareció acudir a un simulacro rutinario. Solo despertó cuando el Getafe lo zarandeó mediante Antunes y Jorge Molina con dos tempraneros avisos. Sobrino y Calleri lanzaron alguna carrera que se perdió en el descampado que se les presentaba cuando controlaban la pelota. Pero cuando más entero parecía el Alavés, al menos por falta de noticias de los expertos cazadores Mata y Jorge Molina, comenzó un desastre que duraría una interminable hora.

Maripán controló la pelota en su área y trató de salir al galope. Fue una temeridad. Enseguida se le interpuso Cristóforo, al que además arrolló. Es cierto que no resulta sencillo mantener el grado de concentración y adrenalina cuando el adversario acuna y anestesia el partido sin parar, pero asumir riesgos ante el equipo que más castiga los errores ajenos es una peligrosa osadía. Cristóforo se lo dejó bien claro, ya que tenía en mente el penalti incluso antes de que Maripán lo tocara. El penalti era tan evidente como la imprudencia. El chileno, al menos, asumió la responsabilidad y se disculpó tras el encuentro. Un detalle honroso.

Pacheco roza el balón

Mata superó por milímetros a Pacheco en el lanzamiento de penalti y asestó una cornada demoledora a los albiazules. Los de Abelardo necesitaban sobrevivir a los próximos minutos para mantener alguna esperanza de puntuar, pero solo consiguieron retrasar una derrota apabullante. Y es que cuando el Alavés parecía decidido a recuperar el color, recibió un cañonazo en el rostro. Jorge Molina aprovechó que la línea defensiva, envuelta en dudas y sin un líder que le trazara la línea, se hundiera en una despavorida carrera hacia su propia área. No lo dudó y clavó un misil en la portería de Pacheco.

Quienes mantuvieran un mínimo optimismo en el triunfo se escondieron detrás de las butacas o de los abrigos. Porque un equipo de circunstancias, que recibe el 2-0 a la salida de la caseta como un cubo de agua helada y que se enfrenta a una legión que gestiona las ventajas como nadie tiene ante sí una lucha titánica o un castigo cruel. El Alavés se tambaleaba y se desvaneció de manera incomprensible. Regaló el tercer tanto en un saque de banda que cayó cerca del área, en el que Mata ganó la posición en un baile plácido con Duarte y le dejó el remate en bandeja a Molina con un toque de espuela. Y todo nació de un lanzamiento bombeado, realizado con la mano y a 30,77 metros de donde se desarrolló la jugada. Una calamidad.

Así que Abelardo comenzó al menos a evacuar a algunos heridos para fortalecerlos de cara al duelo ante el Rayo. Retiró a Manu García, a una amarilla de la sanción, a Calleri y a Sobrino, pero la decisión no reactivó a Twumasi ni Guidetti, que hoy parecen perdidos para la causa. Y casi mejor que tampoco hubiera surtido efecto con Wakaso, de nuevo acelerado y al borde de la expulsión en la escasa media hora que permaneció sobre el césped. El Alavés, en definitiva, recibió una de esas goleadas que dejan una honda cicatriz como doloroso recuerdo y que ponen a prueba la coraza psicológica del equipo. Al menos el contexto es idílico, porque pese al mazazo y la victoria de su perseguidor, acabará la jornada quinto.