Memoria albiazul

Un festival casi irrepetible

Los protagonistas albiazules de un partido para la historia./
Los protagonistas albiazules de un partido para la historia.

El 7-0 al Valencia de 1955 sigue tatuado, 64 años después, como la mayor goleada del Alavés en Primera División

Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

«Mendizorroza estuvo convertido en una laguna como consecuencia de la lluvia que no dejó de caer en todo el partido». Aunque el 20 de marzo de 1955 la verdadera tormenta, de goles, descargó sobre la meta del valencianista Quique. Rayos y truenos albiazules para completar el histórico 7-0 al Valencia. 64 años después, aún tatuado como la mayor goleada del Alavés en la Primera División. Un festival casi irrepetible –eran tiempos de cinco delanteros–, pero aún recordado por los más veteranos alavesistas. Los mismos que debieron esperar después más de cuatro décadas (1956-1998) para volver a ver al Glorioso en la máxima categoría.

Las crónicas de la época apuntaban al estado del campo como casi única explicación para lo acontecido. Que un Alavés decimocuarto en la tabla, que peleaba por subsistir en la categoría y finalmente lo conseguiría, le endosara siete dianas al Valencia, entonces cuarto clasificado y campeón de Copa. El césped estaba «encharcado y, en muchos sitios, convertido en un auténtico lodazal».

Por ahí, entre el barro, apareció Primi para marcar el primero «de cabeza en el minuto siete y medio» y, antes del descanso, Echeandía convirtió el segundo «al resolver un profundo avance de la línea media». Erdocia hizo el tercero, Wilson el cuarto «a la media vuelta». Primi logró su doblete con el quinto, Wilson el suyo «de cabeza» para anotar el sexto y Erdocia también repitió al sumar el séptimo «por bajo». El Alavés jugó «como no se le había visto nunca».

1. El Valencia que salió goleado en Vitoria. 2. El valencianista Quique. 3. Otra de las mayores goleadas del Alavés (8-5 ) fue ante el Real Unión.

Desde la perspectiva valencianista, claro, aquel 7-0 también se recuerda, aunque de otra manera. Como la «peor goleada de su carrera» para Quique Martín. El guardameta que unos meses antes, en la final de Copa ante el Barcelona de 1954, había adquirido todo el protagonismo. Tras el triunfo (3-0) ante los catalanes el portero se sentó en el larguero. Para convertirse en la imagen de aquella victoria.

El 7-0 ha dejado huella perenne en la historia albiazul y en algunos de los protagonistas que lo vivieron. Como Donato Díaz, que durante 55 años ejerció de notario de los resultados alavesistas. Desde aquella torreta de la General donde cambiaba tablillas con cifras rústicas hasta que en 2000 la llegada de los videomarcadores le abocó a la jubilación. «El 7-0 al Valencia sobre un campo embarrado y el 8-5 al Real Unión», respondía, cuando se le cuestionaba sobre los partidos que más impresión le habían causado. Quizás porque el trabajo rutinario, que le permitía seguir con tranquilidad cada partido desde su atalaya, se convirtió en aquellas ocasiones en un estresante tráfico de cartones para actualizar el marcador.

Homenaje a los protagonistas de la gesta.
Homenaje a los protagonistas de la gesta.

Donato recordaba el delirante 8-5 al Real Unión de octubre de 1994 en Segunda B, con tres goles de Serrano, que dio continuidad a otro resultado escandaloso (8-2) ante el Baskonia en la campaña anterior con cuatro tantos de Lasheras. Ese 8-2 que también figura entre los resultados históricos para el Alavés en la máxima categoría. Allá por la temporada 1932-33, en la jornada inaugural del campeonato, el Alavés le endosó ese escandaloso tanteador al Racing de Santander: con tres goles de Urretavizcaya y otro triplete de Irureta. Curiosamente, un arranque de este calibre finalizó meses después con el descenso a la Segunda División.

Donato Díaz tuvo mucho trabajo ese día. Era el encargado de cambiar las tablillas.
Donato Díaz tuvo mucho trabajo ese día. Era el encargado de cambiar las tablillas.

Conocido es que el Alavés ha transitado por todas las categorías posibles y, de vez en cuando, se ha despachado también con amplias goleadas. Más modestas, por producirse en categorías inferiores, pero muy contundentes. Como aquel 12-0 al Erandio en el ejercicio 1940-41 en la Tercera División, tres 11-1 (Anaitasuna, Tolosa y Beasain) o el 10-0 ante el Elgoibar. También en Segunda División, con un 10-1 ante el Logroñés o el 7-1 frente al Levante. Ese 7-1 es igualmente el último recuerdo de grandes goleadas en Mendizorroza. En la Segunda División B, en la campaña 2010-11 y en plena agonía económica del club. Entonces, el equipo albiazul se resarció de algunas de sus penurias ante el Peña Sport con tres goles de Jito al que secundaron Óscar Rico, Indiano, Esparza y Malón. La próxima goleada queda ya pendiente.

 

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