Tarde, pero seguro

Tarde, pero seguro

El Alavés, maniatado en el primer tiempo, sobrevivió gracias a Pacheco y consiguió mirar de frente al Betis tras varios latigazos

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Al Alavés le costó creerse que podía plantar cara y derribar al Betis, que oculta unas profundas tinieblas detrás de su fachada de fútbol colorido y su nuevo cartel de equipo estelar. El conjunto albiazul permaneció sometido y maniatado durante todo el primer tiempo, en el que solo Fernando Pacheco consiguió ocultar el botín. Lo hizo durante el tiempo suficiente para que los vitorianos se dieran cuenta de que, pese a su todavía precario gobierno y escasa calidad en la circulación, no eran tan inferiores como invitaba a pensar el vendaval que acababan de sufrir. Los hombres de Abelardo observaron que la venerada salida de balón era precisamente lo que convertía al Betis en prisionero de sí mismo, y lo que les permitió imprimir la primera huella en la actual campaña.

Al Alavés se le olvidó actualizar su plan de choque al inicio del encuentro, hasta el punto de que el guión fue casi calcado al de hace una semana en el Camp Nou. Es más, incluso parecía que el Betis resultaba más vertical y temible que el poderoso Barcelona durante los primeros instantes. Pacheco vio cómo en cuestión de cuatro minutos se le acumulaba el papeleo, primero tras un desajuste defensivo y después tras un inexplicable regalo de Wakaso, el albiazul más generoso con los contrincantes. El extremeño recuperó su aureola y fue el primero en entregar la candidatura a convertirse de nuevo en ídolo de Mendizorroza.

0 Alavés

Pacheco; Aguirregabiria, Laguardia, Maripán, Duarte; Jony (Twumasi, min. 86), Manu García, Wakaso, Ibai Gómez; Sobrino (Burgui, min. 71) y Borja Bastón (Guidetti, min. 63)

0 Betis

Pau López; Mandi, Bartra, Feddal; Francis (Tello, min. 75), William Carvalho (Boudebouz, min. 81), Guardado, Junior; Canales, Inui (Sanabria, min. 60) y Loren

Árbitro
González Fuertes (Comité asturiano). Mostró tarjeta amarilla a los locales Wakaso (min. 40), Manu García (min. 47), Martín (min. 70) y al visitante Bartra (min. 23)
Incidencias
Partido correspondiente a la segunda jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio de Mendizorroza de Vitoria ante 18.221 espectadores, con unos 200 seguidores béticos. Antes del encuentro se guardó un minuto de silencio en memoria en memoria de los ex jugadores y abonados del club albiazul fallecidos durante la pasada temporada

No pudo ser más frenético el arranque de la campaña en el feudo vitoriano. Poco después, las gradas experimentaron la espesa inquietud que provoca el VAR cuando se revisa un posible penalti en contra. En esta ocasión, sin embargo, la imprudente mano de Laguardia obtuvo el indulto. El susto, no obstante, debería servir como primer aviso para esas jugadas en las que el balón adquiere su naturaleza más salvaje y puede condenar cualquier inocente acto reflejo.

El Betis aprovechó el asedio para acampar en terreno albiazul y combinar con alegría en el centro del campo, donde Wakaso y Manu García, siempre en inferioridad ante la legión de centrocampistas lúdicos que posee Setién, apenas conseguían mantener al equipo a flote. A la media hora de juego, Carvalho, Canales e Inui provocaron un nuevo suspiro que, gracias a la imprecisión del japonés, no pasó a mayores.

El Alavés empezó entonces a desperezarse, poco a poco y con movimientos flemáticos, pero al menos parecía estar presente en el choque. Sobrino, con un disparo lejano y un centro defectuoso, fue el único que obligó a intervenir a Pau López, que hasta entonces podía haber estado tendido en una hamaca. A pesar de que sus acercamientos eran tímidos, los albiazules se animaron a salir en busca de su presa y enseguida intuyeron que la presión era el mejor antídoto para neutralizar al Betis. Aplicarla durante 90 minutos era inviable, sobre todo a estas alturas de la temporada, pero permitió al menos que la esperanza brotara durante el paso por los vestuarios.

El Alavés se miró en el espejo y al fin comenzó a reconocerse antes de regresar al césped. Sobrino y, sobre todo, Jony animaron la contienda y elevaron la marcha albiazul, que se había mantenido al ralentí durante el primer acto. Incluso Wakaso, que encarnó su versión visceral durante los minutos iniciales, se centró para manejar con cierto criterio la medular albiazul. Suyo fue, de hecho, el mejor disparo lejano de la contienda.

A pesar de que la pelota se fue desviada y de que quizás contaba con teóricas mejores opciones –al menos cuatro compañeros estaban por delante del balón–, el misil del ghanés sirvió para liberarse del susto anterior, en el que Martín tuvo que sacar la pelota bajo los palos después de que Sanabria lograra superar a Pacheco. El extremeño, eso sí, no se lo puso fácil. Es más, el principal mérito de que la acción no finalizara en gol fue precisamente del cancerbero, que aguantó al delantero verdiblanco hasta que pasaron unos segundos de lo más valiosos que condujeron a una posición demasiado forzada al paraguayo y permitieron al canterano situarse sobre la línea.

Pero fue sin duda Jony quien lideraba las embestidas de los vitorianos. El asturiano acabó fundido tras sus innumerables internadas por la banda. En una de ellas, estuvo a punto de forzar un error del portero verdiblanco, que detuvo la pelota en dos tiempos. Poco después se le sumaron algunos aliados al atacante albiazul. Fueron Guidetti, Burgui y el debutante Twumasi. El sueco aportó algún detalle poco después de saltar al césped, cuando dejó de cara un rechace de Burgui para Manu García que el capitán no pudo ajustar. Más discreto estuvo el extremeño, que se equivocó al liderar uno de los contragolpes más prometedores del Alavés. Y el ghanés, que apenas contó con cinco minutos, tuvo tiempo suficiente para rubricar una de las oportunidades más claras tras una veloz carrera. El Betis, no obstante, tampoco se echó a dormir en ese intervalo. Loren Morón tuvo en su puntera la primera diana y Tello envenenó un disparo cruzado desde la izquierda. Ninguno era tan afilado como para doblegar a Pacheco, de nuevo el MVP albiazul. En esta ocasión, al menos, sirvió para colocar una pequeña muesca.

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