Alavés

Despertar en la cueva del ogro

El Alavés entrena horas antes del encuentro con el Barça./Rafa Gutiérrez
El Alavés entrena horas antes del encuentro con el Barça. / Rafa Gutiérrez

El Alavés, todavía sin ensamblar, busca el impulso que acelere su gestación y repetir la hazaña de hace dos años en el Camp Nou

IÑIGO CRESPO

En cada fase de gestación de un equipo de éxito existe una pequeña hazaña que da impulso, forma y sentido a todo el proceso. La evolución gradual de la pretemporada, la asimilación de los conceptos tácticos, la química con los nuevos compañeros y la capacidad de hacer casi por inercia lo que demanda el entrenador corren el riesgo de perderse en una nube oscura sin un partido de referencia en el que el equipo borda, punto por punto, el guión perfecto.

El Alavés tuvo que esperar el pasado curso doce funestas jornadas para que llegara esa sacudida de fútbol. Sucedió justo al límite y de forma milagrosa, y es probable que si hubiera ocurrido más tarde, o incluso de otra manera, hubiera sido en vano. El conjunto albiazul, de hecho, fue el último en despertar entre todos sus contendientes de Primera. Todos en el club, desde la oficina más alta hasta el césped, saben que aquel recorte al descenso es casi irrepetible y esperan que ese clic no se demore tanto y, sobre todo, que llegue cuando las pulsaciones del equipo no estén por los suelos.

La primera oportunidad que se le presenta al nuevo Alavés roza lo imposible por una cuestión de demoledora estadística. El Barcelona desconoce la derrota en su feudo en Liga desde el 10 de septiembre de 2016. Es decir, el conjunto blaugrana celebrará su segundo aniversario invicto en apenas tres semanas. Y, para redondear la lírica, su último verdugo fue el club vitoriano. Precisamente, aquel día se produjo la eclosión albiazul en Primera tras una ausencia de toda una década. Ni el sufrido empate ante el Atlético en el Calderón ni el discreto choque ante el Sporting en Mendizorroza permitieron a los de Mauricio Pellegrino mirar de frente a sus compañeros de viaje. Aquel día, cuando Messi intentaba refugiarse en su propia sombra e Ibai encarnó la figura del renacido, fue cuando el Alavés terminó de aterrizar en la máxima categoría.

Para el técnico argentino resultó casi una revelación y empezó a adivinar la forma de su plantilla, que escaló hasta la novena plaza al final de la campaña y alcanzó su único subcampeonato de Copa. El valor de aquel encuentro, por lo tanto, resultó incalculable para el despegue del cuadro vitoriano en la élite. Desde ese día, defendió con la disciplina de una legión romana y firmó un índice de efectividad abrumador en ataque. En cuestión de semanas, se convirtió en uno de los conjuntos más difíciles de batir de la categoría.

Más argumentos

La visita que realiza el nuevo Alavés a la cueva del ogro no se presenta mucho más alentadora que en aquella ocasión, ya que los de Abelardo se encuentran todavía sin ensamblar, a la espera de algunas piezas que pueden resultar capitales y sin una continuidad clara en su juego. Pero nunca tenía tantos argumentos a los que aferrarse como hoy. Las dos últimas expediciones de los vitorianos al Camp Nou se han saldado con un triunfo (1-2, en 2016) y un susto del que los catalanes se repusieron sobre la campana y con la ayuda de la falta de visión o inoportuna interpretación del colegiado (2-1, en enero de este año). El propio Ernesto Valverde, de hecho, reconoció ayer la capacidad de los albiazules para sobreponerse a la calidad de los futbolistas y el impacto ambiental del coliseo barcelonés.

Mientras el equipo blaugrana ya ha dejado atrás la conquista de su primer título, la de la Supercopa de España ante el Sevilla, el Alavés basa sus certezas en la continuidad del técnico, los buenos momentos de pretemporada que han protagonizado algunos fichajes, como Jony y Twumasi, y la solvencia contrastada de sus jugadores más longevos, como Pacheco, Laguardia e Ibai.

El propio central aragonés reconocía en una de sus entrevistas más recientes a este periódico que el mejor momento para enfrentarse al Barça lo escogía el propio Barça, más allá de carencias de rodaje, agotamiento por acumulación de minutos o falta de concentración por tener próximo un desenlace de altura en la Champions. El conjunto de Valverde superó con solvencia un voluntarioso Sevilla con sus estrellas a medio gas, con apenas media docena de entrenamientos en sus piernas. La plantilla blaugrana, además, es hoy una de las más largas, equilibradas y competitivas de los últimos años, lo que responde a una imperiosa necesidad de discutir la hegemonía europea al Madrid. A nadie en el Alavés se le escapa, sin embargo, que en el Camp Nou se esconde un gran tesoro cuyos beneficios se extenderían durante gran parte del campeonato.

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