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Los jugadores posan con una foto histórica y las camisetas retro con las que han festejado los 600 partidos del Alavés en Primera. Jesús Andrade
Un derbi con mucha historia
Alavés-Real Sociedad

Un derbi con mucha historia

El Alavés celebra su partido 600 en Primera con una camiseta conmemorativa de su estreno en la elite, en 1930, también ante la Real Sociedad. Ambiente espectacular en Mendizorroza

Iñigo Miñón

Vitoria

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Domingo, 31 de marzo 2024, 18:41

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El Deportivo Alavés sopla velas en Primera División. Seiscientos partidos. En 94 años. Los que separan el estreno del Glorioso en la máxima categoría, el 7 de diciembre de 1930, con la señalada efeméride que el equipo albiazul celebra este domingo en Mendizorroza ante el mismo rival de aquel debut, la Real Sociedad, entonces con Atocha como escenario.

Los Sivera, Guevara, Guridi, Luis Rioja o Samu han sido por un día los Beristain, Ciriaco, Quincoces, Lecue u Olivares, el autor de los dos goles de aquel debut en la élite del fútbol español. Son los nombres del primer once alavesista en Primera, los que ilustraban las camisetas retro con las que los jugadores alavesistas han saltado al césped en el derbi para conmemorar la fecha.

D. Alavés

Una celebración a la que también se ha querido unir la entidad donostiarra, cuyo presidente, Jokin Aperribay, ha hecho entrega a su homólogo albiazul, Alfonso Fernández de Trocóniz, de un regalo especial, la crónica de aquel derbi del 7 de diciembre de 1930.

Todo ello enmarcado en un ambiente espectacular. De gala. El de las grandes ocasiones. Un estadio casi lleno. Quinto 'No hay billetes' de la temporada en Mendizorroza, tras los vividos en los otros derbis, Osasuna y Athletic, y en las visitas del Real Madrid y el Barcelona.

En un ambiente de sincera camaradería, un tanto deslucido por la lluvia, las camisetas de ambos equipos se mezclaban con los paraguas en la 'Kutxi' y las zonas aledañas, punto de reunión de cualquier derbi en la capital alavesa. Aunque el premio gordo meteorológico cayó mediado el primer tiempo en Mendizorroza, en forma de intenso chaparrón y granizo que por momentos dificultaba el desarrollo normal del juego –ya hubo después de la tormenta más de un resbalón y malos pases derivados de la superficie mojada–. De fondo, claro, el temido fantasma de las goteras, tan recurrentes en el recinto vitoriano cada que la lluvia hace acto de presencia.

Muchos aficionados txuri-urdin, como dejaron claro las numerosas bufandas al viento que celebraron el polémico gol de Pacheco. Muy protestado por los jugadores albiazules, que entendían que el codazo a Blanco para liberarse de la marca debió ser sancionado con falta. Y por los aficionados babazorros, cuya desesperación con Hernández Maeso fue creciendo por momentos en la segunda parte. Un colegiado de grato recuerdo, pues fue el que pito el penalti en el descuento de la prórroga que, transformado después por Asier Villalibre, supuso el ascenso en el Ciutat de Valencia; pero que ayer generó alguna controversia más que la del gol. Quien más quien menos se acordaría de aquella acción en tierras levantinas cuando Sivera subió al área contraria para tratar de rematar un córner en el tiempo extra.

Protagonismo de nuevo para el portero alicantino, ovacionado otra vez por la grada tras un paradón a Pacheco. Aplausos también para Take Kubo cuando se retiró lesionado al borde del descanso. En la zona de prensa le hacían un marcaje intenso varios periodistas japoneses que siguen al talentoso atacante nipón allá donde va. Para los sanitarios que llevaron a cabo una intervención leve en la grada visitante justo cuando empezaba la segunda mitad y para los cánticos de apoyo de Arabako Garrasia a Aitor Zabaleta, hincha donostiarra asesinado por el Frente Atlético en el año 1998.

Para los jugadores alavesistas con pasado realista. Como Ander Guevara y Jon Guridi, relevados por Luis García en la segunda mitad. Con Gorosabel en el campo, entre los alavesistas de Zubieta solo faltaron por jugar Xeber Alkain, que no entra en los planes del técnico madrileño, y Álex Sola. Ovacionados los dos equipos, cada uno por su afición, al final del encuentro, en una bonita imagen que reflejó lo que fue el duelo de Mendizorroza. Un duelo con mucho pasado, casi cien años, y con un presente esplendoroso.

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