Caras cabizbajas y d e abatimiento de Pacheco, Manu García y Laguardia después de uno de los goles. / F. RUSO

Desde el Monte del Pico Reducido a cenizas

El Alavés roza el ridículo al tirar el partido en una primera mitad de descontrol colectivo y graves errores individuales y añade dudas a su capacidad de reacción en esta liga

Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

Como sucediera en Vallecas en la última etapa de Javier Calleja o en varios partidos más de esta campaña, el Alavés ni siquiera compareció anoche en el Benito Villamarín. Muchas eran las exigencias ante un adversario de calidad y adornado por un espectacular estado de forma y nulas las respuestas albiazules. El Betis dio fuego al encuentro desde los minutos iniciales y el Alavés quedó reducido a cenizas. Escombros humeantes de una escuadra que vivió entre el descontrol colectivo -quizás lo más preocupante- los graves errores individuales y, sobre todo, esa sensación de kilométrico paso atrás después de dos citas anteriores con Mendilibar en el banquillo donde el once alavesista había competido al menos al nivel exigido.

No hay que engañarse, porque la temporada mengua mientras el equipo continúa derrochando la oportunidad de convertirse en un grupo fiable. Tampoco hay que esconder que los mimbres del cesto siguen lejos de ser suficientes para afrontar con garantías la obligación de remontar en esta segunda rueda de la competición. La plantilla pide una vuelta completa de calcetín mientras exista esa opción hasta el final de este mes.

Es un SOS a quien quiera escucharlo. Cierto es que, posiblemente, casi ningún Alavés de las seis últimas temporadas hubiera puntuado ayer ante un exuberante Betis. Otra cuestión es que en apenas 42 minutos los verdiblancos ya solo tuvieran que dedicarse a intercambiar sonrisas o, como Borja Iglesias, a tratar de consolar a Miazga despues de uno de esos errores que rara vez suceden en juveniles.

El calendario anticipaba un enero de supervivencia con los duelos ante la Real Sociedad, Athletic, Betis y Barcelona, que llega este domingo a Mendizorroza en una deportivamente triste conmemoración del 101 aniversario del club. Dos puntos sumados hasta el momento, el deseo de complicar en pocos días al conjunto azulgrana, pero también la reacción de otros rivales directos que complica la situación anímica general y las distancias en la tabla.

La temporada mengua mientras el equipo derrocha la oportunidad de convertirse en fiable

A estas alturas solo cabe aguardar a que lo de ayer se quede en un accidente. De siniestro total. Eso sí. Un duelo donde Mendilibar, en una decisión llamativa, sustituyó en el descanso a dos de los últimos fichajes: Jason y Escalante. Si uno exceptúa a Rioja, activo pero sin apenas apoyo en sus bulliciosas intervenciones, cualquier otro de los futbolistas sobre el terreno podía haberse quedado en el banco tranquilamente después del abrumador 3-0. Tras observar a un Alavés desajustado en la presión, tibio en las disputas y a merced de la movilidad, equilibrio y precisión rematadora de un adversario con futbolistas como Canales, Fekir, Juanmi...

El técnico albiazul había advertido sobre la necesidad de evitar el juego interior de los andaluces, pero el equipo de Pellegrini fluyó por todos los rincones manejando a su antojo el espacio-tiempo. A cambio, Joselu resultó anulado, incluso en su especialidad del juego aéreo, y el Alavés volvió a mostrar sus carencias para convertir situaciones de ventaja, que las hubo mientras existió partido, en ocasiones de gol. Porque la segunda mitad, que solo dio para otro tanto de tiralíneas del Betis después de una falta a favor para el Alavés, pareció un escaparate vacío. Un ida y vuelta con los maniquíes, conscientes ambos equipos de que todo se había vendido ya.

«Son momentos difíciles», resumía Laguardia sobre el césped cuando el 4-0 hablaba con elocuencia de lo sucedido. El Alavés, en los tres últimos ejercicios, los ha vivido incluso más peliagudos. Hay futbolistas, como el central aragonés, que prácticamente se ven obligados a repetir las mismas frases campaña tras campaña. La tristeza envuelve el día a día albiazul. También el miedo.