Dia aprovechó su velocidad para ganarle la espalda una y otra vez a Laguardia. / la liga

Las heridas albiazules se infectan por la retaguardia

El Alavés protagoniza un nuevo ejercicio de incapacidad defensiva para contener a un Villarreal superior que realizó 24 remates

Iván Benito
IVÁN BENITO
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Laguardia como viva imagen de la fragilidad de una zaga desbordada por el 'submarino'

El capitán, el mejor defensor del Alavés en lo que va de temporada, apareció en la foto de tres de los cinco goles del Villarreal. En el quinto ya no estaba sobre el campo. Cómo de superado le tuvo que ver Javi Calleja para que decidiera sustituirlo a falta de seis minutos para el final, ya con el encuentro decidido. El primer gol retrata la pasividad de toda la defensa, en una pared en el área entre Parejo y Gerard Moreno menos precisa que la definición del delantero español. En el segundo, Laguardia trata de anticipar y no llega, dejando libre el camino a la portería de un Bolaye Dia al que el partido le subió la autoestima. Martirizó en velocidad y al espacio a toda la zaga y gozó de tiempo suficiente para definir con claridad ante Pacheco, como ocurrió en el tercer gol en el que le volvió a ganar una vez más la espalda al maño. En el cuarto, después de varios toques nuevamente en el área, Laguardia aparece parado, mirando como Yeremy Pino marcaba el gol de la sentencia. Su cara, abatido en el banquillo, lo decía todo. Lejeune tampoco estuvo mejor.

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Insuficiencia para incomodar a un rival superior, al contrario que en Sevilla o Barcelona

Decía Calleja en la previa que no había tanta diferencia entre el Alavés de noviembre y el actual. Hace un mes compitió de maravilla en el Camp Nou y en el Pizjuán, haciendo méritos para llevarse la victoria o al menos no estando tan sometido, y ayer fue incapaz de incomodar al Villarreal durante los 90 minutos. Los de Emery fueron infinitamente superiores con un Parejo liberado de marca buscando la espalda de la zaga. Una y otra vez, sin la figura de un centrocampista o un delantero que condicionara sus acciones. Al igual que la salida de balón de los castellonenses, que el Alavés solo decidió presionar tras el paso por los vestuarios.

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El espejismo del empate tras un el regalo de Pau Torres a Joselu

El 2-2 que reinaba en el marcador en el minuto 75 era engañoso. El Alavés apenas había aparecido por el área de Rulli pero se encontró con dos goles. Al filo del descanso, en la única jugada de verdadero peligro albiazul, Javi López dobló a Rioja por la banda izquierda, y realizó un buen centro que Joselu cabeceó forzado y Pere Pons voleó a la red. La imagen mejoró tras el paso por los vestuarios, con las líneas albiazules más adelantadas, retando a un Villarreal cuyo peligro decrecía por momentos. Instalados en campo contrario, Pau Torres mordió el anzuelo. Regaló el balón a Joselu en el saque de una falta, con Rulli pidiéndole el balón fuera de la portería. Un error grosero que el gallego no desperdició. Imposible hacer más con menos.

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El equipo carece de un agitador ofensivo ni logra guardar el resultado

No es que el Alavés se volviera loco en busca de la victoria. Pero eludió cambiar su actitud tras un empate inmerecido. Se quedó a merced de un rival que le volvió a dominar y le acabó desangrando tras los cambios. Movió el avispero de un lado a otro y agrietó cada una de las heridas del Alavés. Emery retiró a Chukwueze del campo, que martirizó a Javi López, e introdujo a Yeremy Pino, un agitador ofensivo del que Calleja adolece. El internacional español marcó el cuarto y provocó el quinto, doblete de Gerard Moreno con el Alavés rendido y sin alma tras 24 remates en contra.

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Replicar el 4-4-2 flexible del Villarreal no otorgó ninguna ventaja

Sorprendió Calleja con el once. Doble punta con Joselu y Sylla, intrascendentes y un regreso de Pina muy hundido y claramente superado. La apuesta de Pons en la banda dio el fruto del gol, pero nada que ver con su homólogo Trigueros, indetectable durante todo el encuentro. Un planteamiento que se podría calificar de erróneo, aunque el principal lastre anoche fue de aptitud. Superados en todas las facetas por un submarino que deja al Alavés con el agua al cuello.