Alineación del Alavés con Mr. Harris, en 1928. / FUNDACIÓN SANCHO EL SABIO

Míster Harris

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

El primer entrenador extranjero del Deportivo Alavés fue el británico Mr. Harris, que dirigió al equipo en 1928. Era una fecha tan temprana que apenas hay datos suyos. Walter Martin Harris había nacido en Erdington (condado de Warwickshire), en el extrarradio de Birmingham, en 1873. Había jugado en el Fútbol Club Barcelona en 1906, para después dirigir al Coventry City en 1908-1909. En 1921-1922 entrenó al Real Unión de Irún y fue el manager de un combinado vasco que viajó ese último año a América a disputar varios partidos amistosos. En 1924 actuó como masajista y segundo entrenador de la selección francesa de fútbol que disputó las Olimpiadas de París, donde fue también profesor de educación física.

En Vitoria dirigió al Alavés que quedó subcampeón de la Serie A de Vizcaya, llegando por primera vez a semifinales de la Copa del Rey en 1928. Pese a estos éxitos, Quincoces recordaba en una entrevista publicada en EL CORREO en 1996 que Harris «no tenía ni idea» de fútbol y que le daba al whisky más de la cuenta, hasta el punto de que «una de las obligaciones de esa época era acostar al entrenador». Esa ignorancia futbolística quizás se deba a que en varias referencias de la época aparece más como un «buen masajista», que como técnico. De hecho, parece que, antes de dedicarse al fútbol, poseía un negocio de masaje y baño en Droitwich Spa (Worcestershire, Inglaterra).

En cuanto a su afición a la bebida, algunos participantes en el viaje del combinado vasco a América en 1922 recordaban que en el barco en EL que cruzaron el Atlántico se agotó la cerveza y que «en dormir y jugar al póker, el entrenador inglés no tenía adversario». Incluso en la prensa coetánea hay una alusión a esta afición. Según el bilbaíno Excelsior, en el partido Alavés-Arenas de enero de 1928, que terminó con la victoria albiazul por 3-1, «Mr. Harris, con un disfraz de alpinista, pasa por delante de la tribuna con un frasco en la mano». La descripción que este diario hizo de su actuación en el Racing-Alavés que tuvo lugar en Santander en febrero del mismo año también refleja su peculiar carácter. Tras quedar los alavesistas con un jugador menos, el resultado final fue de empate a dos. Ante la nula presencia de aficionados babazorros en las gradas del Sardinero, Harris debió limitarse a animar a su equipo con el clásico «¡Ánimo pues!», tal vez con acento británico:

«El entrenador del Deportivo Alavés se llama míster Harris. Anteayer permanecía sentado dentro del campo, entre la línea de 'out' y las vallas. Toda la tarde se la pasó en solitario, entonando ese estribillo desagradable al oído –desagradable en el 'texto', no en la intención–: ¡Animó, pues! El público de tribunas acogió el grito con extrañeza. Míster Harris se volvía de vez en vez y gritaba a la 'masa' silenciosa: –Diez jugadores. ¡Ánimo pueeees! Y daba al estribillo unas inflexiones y trinos regocijantes: –Tres partidos en una semana. ¡Animo, pueeees! Y así toda la tarde. Míster Harris tenía aún 'reservas' del acopio de estribillos que se hizo en Mendizorroza y en San Mames. Él representaba todas las bufandas y todas las banderas blanquiazules que anteayer faltaron en el Sardinero. Es un héroe».

Pese a todo, la afición alavesista le apreciaba, tal y como muestra el recibimiento de que fue objeto cuando el equipo quedó subcampeón regional, clasificándose para la Copa: «El simpático y ya popular entrenador se veía rodeado de compacta multitud que se empeñaba en apretar las manos del hábil masajista que, con su elevada estatura y simpático rostro, a todos contestaba agradeciendo las enhorabuenas (…). Apuradillo se vio al hombre, pero siempre sonriente y agradecido; y poco faltó para que fuese transportado en hombros como un Belmonte en días de tronío».

En el verano de 1928 Harris abandonó el Alavés para entrenar al Málaga. Más tarde aparece en 1932-1933 dirigiendo al Hércules y al Atlético de Madrid, para después perderse definitivamente su rastro.