E.C.

Kaito, un bregador de altura

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

Ricardo López Valladar (más conocido por su seudónimo de Kaito o Kaitos) nació en Madrid el 18 de septiembre de 1942, pero desde muy joven militó en los conjuntos inferiores del Deportivo Alavés. Debutó con el primer equipo sin haber cumplido aún los 18 años y –tras fichar en 1962 por la U. D. Salamanca– regresó al Alavés en 1966.

Tras una temporada en Tercera, en la siguiente campaña pudo festejar el ascenso a Segunda, aunque bien poco iba a durar esta alegría: dos descensos consecutivos deslucieron la última etapa de Kaito en el Alavés. Lo curioso es que ambos descensos se produjeron por motivos deportivos, pero sin que el equipo quedara entre los últimos clasificados de su categoría. En efecto, en esos años se reestructuraron las diversas competiciones del fútbol español. La Segunda dejó de disputarse en dos grupos para hacerlo en uno solo: el Alavés quedó en 1968-1969 en el puesto 14 de la División de plata, pero volvió a bajar a Tercera.

Por si fuera poco, al año siguiente la reestructuración afectó a la Tercera División. Estaba previsto que descendieran los once últimos de los veinte que formaban cada grupo y el Alavés quedó precisamente el 9º del suyo. Kaito vivió en primera persona los momentos de tensión que llevaron al descenso. Solo faltaban tres partidos por disputar y todo indicaba que el fatídico 9º puesto sería para Palencia, Basconia o Alavés. Este ganó su primera final al vencer en Llodio al Villosa por 0-1, pero la semana siguiente, en el partido decisivo, perdió en Mendizorroza frente al Basconia, un rival directo, por 0-3. Ya nada podía hacerse, salvo que una imposible carambola –que no se dio– salvara al club en la última jornada.

En el partido de Llodio, Kaito «comenzó titubeante» pero «fue a más hasta convertirse en el máximo peligro» alavesista. Contra el Basconia, la prensa acusó al entrenador, Arsenio Calvo, de haber dirigido «pésimamente» al equipo. Como ejemplo del «desconcierto que imperaba en todas las esferas», señaló que había sido un error «cambiar a Kaito del lado izquierdo al derecho». Por el contrario, el entrenador –que incluso trató de negarse a hablar con los periodistas tras el encuentro– cargó contra los jugadores, citando expresamente a Kaito: «El Alavés no tiene hombres adecuados para resolver una papeleta de estas porque es gente mayor que no está para esto. Hay que sufrir y nuestros jugadores no lo hacen. Estos partidos tan duros son para jóvenes que estén los noventa minutos corriendo, y hoy hemos visto que Kaito y los otros han sido impotentes. Han sido impotentes porque no han tenido fuerza para aguantar un encuentro de tanta importancia».

Estas declaraciones reflejaban lo revueltas que bajaban las aguas en un Alavés que iba a jugar un año en el pozo de Regional, pero parecían del todo inconsistentes no solo con la edad de Kaito (entonces tenía menos de 30 años) sino con su actitud en el campo. De hecho, era un ganador habitual del trofeo que cada año concedía José María Greño, el dueño del renombrado bar Poliki. Pese a todo, enseguida se anunció que «ese corajudo jugador del Deportivo Alavés que se llama Kaito, tan querido de la afición vitoriana por su total entrega y pundonor en defensa de los colores albiazules», dejaba el club, al rescindírsele el contrato, aunque aún le quedaba un año de compromiso: «Kaito no tenía ganas de seguir hablando. La medida adoptada parece le había afectado bastante. Lo mismo les ocurrirá a los aficionados cuando lean estas líneas. Kaito, como decimos, ha sido siempre un jugador muy apreciado por sus dotes innatas de bregador de altura. Él ha dado lo mejor por su Deportivo Alavés y se siente satisfecho del deber cumplido. Pero son cosas del fútbol: hoy interesas y mañana, no». Finalmente, Kaito recaló en el Mirandés, pero muchos pensaban que el Alavés había perdido una ocasión de oro para hacer las cosas bien en su despedida.