José María Belausteguigoitia. / E. C.

Un invitado de lujo en el estreno de Mendizorroza

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

El 27 de abril de 1924 se inauguraba oficialmente el estadio de Mendizorroza, con un partido entre el Deportivo Alavés y la Unión Deportiva Deusto. Paradójicamente, el nombre más famoso en la alineación del equipo local (Belauste) no era jugador del Alavés, sino del Athletic, pero por su vinculación a Álava se animó a reforzar al anfitrión en un encuentro histórico. En efecto, José María Belausteguigoitia había nacido en Bilbao en 1889, pero era originario y vecino de Llodio, localidad donde su familia ha tenido un gran protagonismo a lo largo del siglo XX.

En 1924 Belauste era ya un jugador muy popular, tanto «por su gran juego» como «por su simpatía», por lo que su participación en el partido inaugural de Mendizorroza no pasó desapercibida. Según la prensa, el medio-centro del Athletic lució «sus extraordinarias condiciones», hasta el punto de que su liderazgo fue fundamental para que el Alavés lograra el triunfo. El diario La Libertad publicó incluso una entrevista con quien calificó como un «gran jugador alavés». Se trataba de una reivindicación en toda regla, pues el cronista protestaba porque «los bilbaínos quieren usurpárnoslo, llamándole 'bilbaíno…'». Adelantándose a la exitosa carrera del defensa alavesista, en la entrevista Belauste destacó entre los jugadores locales a Quincoces, «un muchacho con buena vista e intrépido», que era «el alma del equipo». El repórter llegó a preguntar al llodiano por su posible fichaje por el Alavés, a lo que este respondió «con una sonrisa»: «Como comprenderá, yo no he reñido con el Athletic y, además, que tal oferta no podría aceptar. Soy hombre que vivo al día y me hallo 'bilbainado'. Desde luego me es muy simpático el club local y creo que no será la última vez que me cuente entre ellos».

Belauste no llegó a jugar nunca oficialmente con el Alavés y es conocido sobre todo por haber protagonizado la anécdota que dio lugar al mito de la «furia española», seña de identidad de la selección desde los años veinte hasta que en la década de 2000 Luis Aragonés y Vicente del Bosque introdujeron el tiki-taka. La historia de la furia comenzó con la victoria de España contra Suecia en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920. Según rememoraba años después Marca se dice que Belauste gritó «¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo!», dirigiéndose a su compañero de la selección y del Athletic, el centrocampista Sabino Bilbao: «Y vaya si los arrolló: entró en la portería con el balón y varios defensas suecos aferrados a su camiseta. Como no estaba claro quién había atropellado a quién, el árbitro cerró los ojos...». Hasta la Eurocopa de 1964, la medalla de plata así conseguida en Amberes fue el mejor palmarés de la Roja.

Si el origen vasco de la furia española puede resultar llamativo, más aún lo es la vinculación de su protagonista con el nacionalismo vasco. En efecto, Belausteguigoitia fue un destacado dirigente del PNV y –lo que es más increíble– en 1920, solo unos meses después de ser el protagonista del famoso gol, fue candidato jeltzale en las elecciones a Cortes por Vizcaya. En 1930 fue uno de los fundadores de Acción Nacionalista Vasca (una escisión por la izquierda del PNV) y en 1936 representó a este partido en la Diputación de Álava. La guerra le sorprendió en Llodio (en la zona republicana) y, según reconocían los propios informes franquistas, se puso «enfrente de los elementos del Frente Popular por oposición ideológica» y trató de ayudar «a personas de derechas». Pese a esta actuación humanitaria en pleno conflicto, el franquismo le impuso una fuerte multa y tuvo que exiliarse a México, donde falleció en 1964. Seguramente Belausteguigoitia siguió desde el exilio las vicisitudes por las que pasó en esos años el Alavés: un club del que nunca formó parte pero al que ya en 1924 veía con simpatía.