E.C.

El incidente entre Puskás e Izaguirre en Mendizorroza

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

El 1 de agosto de 1969 tuvo lugar en Mendizorroza la presentación de un Alavés que iniciaba la cuenta atrás para disputar la Liga en Tercera División. El entrenador albiazul era ni más ni menos que el gran futbolista húngaro Ferenc Puskás, exjugador del Real Madrid, que había llegado a Vitoria mediada la campaña anterior sustituyendo a Iñaki Izaguirre, aunque inicialmente ocupó el puesto de secretario técnico.

Sin embargo, Izaguirre tenía contrato para un año más, por lo que el Alavés había tenido que proceder a su rescisión a cambio, según se decía, de una indemnización de 300.000 pesetas. En el acto de presentación, el presidente Jaime Gómez de Balugera dio la bienvenida a todos los presentes, incluyendo a un buen grupo de aficionados que observaba la escena. Después habló Puskás que, entre otras cosas, animó a los jugadores a cuidar la disciplina. Les indicó cómo debían comportarse en las próximas fiestas de la Virgen Blanca y anunció sanciones por falta de puntualidad en los entrenamientos: «Cada minuto que se llegue tarde será sancionado con 50 pesetas de multa, que luego se emplearán en degustar una buena cena».

Justo después «sucedió lo inesperado». Cuando los futbolistas se disponían a realizar un leve entrenamiento, «estalló la 'bomba' en Mendizorroza». Izaguirre, que no estaba invitado al acto, salió al terreno de juego y se dirigió a Puskás deseándole suerte en su nuevo puesto, para luego añadir: «Pero debo comunicarte que el entrenador oficial del Alavés sigo siendo yo». Según las crónicas de la época, «el desagradable incidente (...) fue cortado inmediatamente por Jaime Gómez de Balugera, que le dijo que no estaba autorizado a salir al terreno, y menos a dirigir la palabra a los allí presentes. Menos mal que la educación se impuso y la cosa no pasó a mayores». Al final, «salvada felizmente la tirante situación», continuó el primer entrenamiento del Alavés esa temporada.

Izaguirre había decidido expresar así su protesta porque, según él, el club no le había pagado el finiquito indicado en la rescisión de su contrato, extremo este negado por el Alavés. que consideraba que había llegado a un acuerdo con el técnico, aunque aún estaba pendiente de «arreglar la forma de pago». La prensa local censuró la actitud de Izaguirre. Norte Exprés explicó que su intervención, «con todos los respetos para su persona, nos pareció improcedente e intempestiva. Creemos que no era el momento oportuno ni adecuado para hacer valer sus derechos, que, según tenemos entendido, han prescrito, al haber rescindido ya el contrato de mutuo acuerdo. Que luego no haya arreglo a la hora de percibir la indemnización no quiere decir que le autorice a hacer lo que hizo. Su actitud no nos gustó lo más mínimo».

Por su parte, EL CORREO calificó el hecho como «pequeño» pero «enojoso incidente» y habló de una «mala intervención» del antiguo míster, que «sorprendió no poco». Según las fuentes del diario, había un acuerdo para pagar al técnico varias cantidades, estando el último plazo de 100.000 pesetas previsto para el 31 de agosto, aunque el Alavés podría hacer el ingreso «en plazos de menos cuantía». En cualquier caso, «sabía positivamente Izaguirre que no era, en la presentación, de hecho, entrenador albiazul. Que ni siquiera había sido invitado al acto». Y si tenía problemas pendientes, para eso estaba la secretaría del club, donde podría haber dialogado con la directiva. Pero su gesto «Sobraba, como así se lo hizo ver el presidente».

Hoy, la escena hubiera saltado a Youtube y hubiera sido pasto de posts, tuits y memes. Entonces, cuando las actuales redes sociales eran inimaginables, el suceso fue «la comidilla en los corrillos deportivos» vitorianos durante unos días. La opinión casi unánime era que la actuación de Izaguirre había sido desafortunada, aunque más adelante se anunció que el affaire se había solucionado definitivamente. Sin embargo, la temporada había comenzado con sobresaltos para el equipo albiazul y terminó del mismo modo. A su conclusión, el Alavés, como consecuencia de una reestructuración de categorías, terminó en Regional Preferente por primera y única vez.