E. C.

El día que se hizo la luz en Mendizorroza y el homenaje a Amadeo García de Salazar

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

En la historia de Mendizorroza, uno de esos saltos de calidad fue la inauguración de la iluminación eléctrica, el 20 de junio de 1971. El sistema estaba compuesto por cuatro torres, la primera de las cuales estaba ya levantada el 24 de mayo de ese año. Mientras se concluía la instalación, se fueron preparando los detalles del partido inaugural, que iba a ser un homenaje al tantas veces citado Amadeo García de Salazar, auténtico hombre orquesta del Alavés en sus primeros lustros de historia, fallecido en 1947. Dado que este había sido seleccionador nacional, la idea inicial era organizar un partido amistoso entre las selecciones sub 23 de España y Túnez. Sin embargo, los tunecinos no pudieron acudir y la Federación española, en vez de buscar un rival alternativo, se inhibió del asunto.

La solución de última hora fue programar un partido entre la Real Sociedad y una Selección vasco-navarra, pero en la práctica se trataba del Sanse (el filial de la Real), con algunas «incrustaciones escasas» del primer equipo donostiarra, y de «una selección, llamémosle casi Osasuna, también con algunos injertos foráneos». Entre los seleccionados, la atracción fue la presencia del gran portero del Athletic de Bilbao, José Ángel Iríbar.

Por si fuera poco, tampoco el árbitro previsto en un principio (el navarro Daniel Zariquiegui, que durante mucho tiempo tuvo el récord de arbitrajes en Primera División, con 248 partidos) pudo dirigir el encuentro. También fallaron otros dos recambios de renombre (José María Ortiz de Mendíbil y Emilio Carlos Guruceta), por lo que finalmente fue el vitoriano Ángel Urturi el encargado del arbitraje.

Las dificultades no desanimaron al Alavés, que programó un día completo de homenaje a García de Salazar: misa en la hoy desaparecida capilla de las Reparadoras, en la calle San Antonio; descubrimiento del busto del seleccionador en el estadio y de la placa de la Plaza Amadeo García de Salazar, junto a Mendizorroza; y una cena en el Hotel Canciller Ayala. Antes del banquete, se disputó el partido entre la Real y el combinado vasco-navarro, con victoria de este último por 3-1. El encuentro comenzó a las 8,15 de la tarde, una hora hasta entonces inusual, pues se trataba precisamente de probar la iluminación.

Pese a las dificultades para presentar un partido atractivo en el ámbito deportivo, la tarde resultó un éxito, «porque la hinchada, atraída en gran parte por la inauguración de la luz en el estadio, se dio cita en los graderíos». El jueves anterior se había realizado una primera prueba de los focos ante la prensa, que no había quedado muy convencida de su calidad. Por eso, todo el mundo esperaba con ilusión y una pizca de desconfianza el instante en que por primera vez se encendieran las luces de Mendizorroza. Este momento se hizo esperar, puesto que –al ser finales de junio, cuando más largo es el día– el partido comenzó solo con luz natural. Al filo del minuto 27, hacia las nueve menos cuarto, se prendieron los interruptores y la aparición de la luz «se coreó con nutridos aplausos».

El entusiasmo del público, que esta vez no aplaudió a los jugadores sino a la luz, fue refrendado por la prensa, que destacó que «la visibilidad era francamente buena» y «el espectador en general se manifestó de manera satisfactoria». Se suponía que entre la prueba privada del jueves y la apertura oficial del domingo los técnicos habían hecho correcciones para evitar los problemas que se habían detectado. Los fotógrafos de prensa hicieron alguna crítica sobre las sombras que captaban las cámaras, pero la afición albiazul acabó encantada con la novedad, que a partir de la temporada siguiente iba a permitir al Alavés una mayor amplitud en el horario de los partidos. La luz artificial, que hoy nos parece algo normal, se incorporaba así a la historia de Mendizorroza.