Aficionados con una pancarta de apoyo a la Unión Deportiva Eibarresa. / HISTORIA SD EIBAR

Antes de la S. D. Eibar

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

La Sociedad Deportiva Eibar es un equipo relativamente reciente. Se fundó en 1940, por la fusión de dos clubes anteriores (la Unión Deportiva Eibarresa y el Deportivo Gallo), con el nombre efímero de Eibar Fútbol Club. Todavía tardó un poco en disputar competiciones oficiales, ya con el nombre definitivo de S.D. Eibar y con los colores azulgranas que aún ostenta.

De ahí que, antes de jugar contra el actual Eibar, el Alavés disputara algunos partidos contra otros equipos armeros. Uno de ellos fue precisamente la Unión Deportiva Eibarresa, fundada en 1922, casi a la par que el club babazorro. Aun sin llegar a los tiempos gloriosos de los albiazules, la Eibarresa tuvo un inicio muy prometedor, derrotando en encuentros amistosos a Osasuna de Pamplona y al Racing de Santander.

De ahí que en Vitoria los jugadores alavesistas esperaran con ilusión la visita del equipo guipuzcoano, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1923. El partido fue muy entretenido y terminó con empate a uno, logrando la Unión Deportiva su tanto de penalti. Pese al empate final, el Alavés dominó el encuentro, hasta el punto de que el mejor del 'once' eibarrés fue el portero Román Bustinduy, que según la prensa fue «una cosa extraordinaria». El guardameta visitante se portó como «un señor parando zambombazos» y detuvo «dificilísimas pelotas», por lo que sus actuaciones fueron «aplaudidísimas» por el público vitoriano. Todo indica que debía ser uno de los veteranos del equipo, pues ya había jugado en el Izarra, el primer equipo de fútbol eibarrés, creado en 1913 por estudiantes del colegio regentado por religiosos en el Alto de Isasi.

La pena fue que, pese al prestigio de los eibarreses, el público local no acudió como se esperaba a presenciar el choque y «el aspecto que ofrecía el campo de deportes era desolador». Los cronistas locales achacaron este hecho a la falta de cultura futbolística de buena parte de la población, que aún no se había empapado de las reglas del deporte rey y que lo consideraba excesivamente violento: «Algunos ponen como pretexto que es un juego salvaje, bruto, pero los que tales afirmaciones hacen desconocen por completo lo que es el foot ball. Es casi seguro que todo aquel que presencie cuatro partidos, junto a una persona que le explique ciertos detalles precisos para comprender el desarrollo de esta clase de sport, vuelva en lo sucesivo al campo deseoso de ver más partidos y de sentir la emoción que producen ciertas jugadas, sobre todo si estas las proporcionan los 'equipiers' del bando por el sienten cierta predilección».

La Unión Deportiva Eibarresa visitó de nuevo el campo del Paseo de Cervantes el 23 de noviembre de 1924. Tras la primera experiencia, se esperaba que el público compareciera para ver en acción a «tan brillante equipo». Más aún teniendo en cuenta que, aunque los socios varones tenían que pagar, «las señoras entrarán gratis, previa presentación del recibo del mes actual». De hecho, parece que la entrada fue mejor en esta ocasión, a lo que ayudó el buen tiempo reinante, pese a jugarse el partido en temporada invernal. Sin embargo, esta vez la Eibarresa trajo un once de circunstancias, compuesto en su mayor parte por jugadores reservas e incluso prestados por otros equipos menores de la villa armera.

En este conjunto «flojísimo» el mejor fue de nuevo el portero, que ahora era T. Echaluce. El Alavés ganó 2-0, pero pudo haber marcado más goles, pues jugó a placer. Según la prensa, los guipuzcoanos «se libraron de un descalabro por la labor del portero y la suerte que tuvieron». De hecho, en una época en la que no era habitual ver subir a los defensas, teniendo en cuenta que se jugaba con cinco delanteros y solo dos defensores, el 'back' albiazul Quincoces «llegó a regatear en la línea delantera, de modo que con eso queda todo dicho». Fue una pena, porque la enorme superioridad alavesista hizo que el público se aburriera, pese al resultado favorable.