Alineación de Alavés en los años 40. / LIBRO J. GOMEZ, EC Y DFA

Los efectos del 'huracán'

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

En febrero de 1941, una terrible galerna se desató sobre el Cantábrico. El fuerte viento, que llegó a ser calificado como 'huracán', provocó entre otras cosas un gran incendio en Santander y el descarrilamiento de un tren en Zumaia, con el trágico resultado de 22 muertos y un número considerable de heridos. El temporal afectó también, aunque en menor medida, a Vitoria, donde el viento fue arreciando a partir de la tarde del sábado 15 de febrero, «constituyendo entre doce y media y dos de la madrugada un verdadero huracán». Las averías en el tendido eléctrico provocaron un apagón que afectó a casi toda la ciudad; las comunicaciones telefónicas y telegráficas se interrumpieron; varios centenares de árboles fueron derribados y hubo desperfectos en vehículos y edificios. En Vitoria solo hubo que lamentar heridos leves, pero en Amurrio falleció una mujer.

El estadio de Mendizorroza sufrió asimismo las consecuencias del vendaval: «La tribuna central, sostenida por unos cuantos cables, cedió al impulso del viento y se quedó sin techumbre. Gran parte de las vallas exteriores se derrumbaron y algún que otro árbol fue a engrosar el número de los que ayer se derribaron por el viento». El campo presentaba un aspecto «desolador» el domingo por la tarde cuando, a pesar de las inclemencias del tiempo, muchos espectadores se acercaron al Paseo de Cervantes para presenciar el partido entre el Deportivo y la Ferroviaria madrileña, de la fase de ascenso a Segunda División.

El problema no solo era el estado de las gradas sino que el equipo visitante había sido incapaz de llegar a tiempo. La expedición había salido de Madrid a primera hora del sábado por la tarde, con idea de pernoctar en Vitoria y llegar descansados al choque del día siguiente. Sin embargo, el estado de las carreteras había dificultado el avance del autobús y habían tenido que quedarse a dormir en Aranda de Duero. El domingo por la mañana reemprendieron el viaje, con tantos obstáculos que no pudieron llegar a Vitoria hasta la 8 de la noche.

Horas antes, el árbitro del encuentro, que era el vizcaíno Crespo, había estado esperando hasta las 4,50 de la tarde, «límite último que daba el sol para comenzar el partido», puesto que entonces no había iluminación artificial en Mendizorroza. A lo largo del día, la gente, «en peñas y tertulias, comentaba la posible suspensión del encuentro, pero al fin, con la misma duda, en número de varios miles se dirigió a Mendizorroza», donde «un buen servicio de vigilancia custodiaba la entrada del campo». Por fin, llegada la hora, el colegiado decidió suspender el encuentro, ante la ausencia de la Ferroviaria.

Ese día, brigadas de obreros trabajaban a marchas forzadas para poner el campo en condiciones. Dado que el conjunto madrileño se encontraba en Vitoria, la idea era disputar el partido el lunes, de modo que los 'ferroviarios' no hicieran el viaje en balde. Finalmente, se consiguió llegar a tiempo y el lunes 17 de febrero, a las 4.15 de la tarde, dio comienzo el partido, con solo un día de retraso y mucha gente en las gradas, a pesar de tratarse de una jornada laborable.

Según las crónicas de la época, el Deportivo no jugó demasiado bien, pero a pesar de todo venció por 4-0 a su rival, que cedió en la segunda parte, «fatigado por el esfuerzo», en lo que posiblemente influyó el accidentado viaje. Además, el Alavés eligió campo al principio «a favor del viento», aunque este no tenía ya nada que ver con el producido dos días antes. La alineación albiazul estuvo formada ese día por Varela, Gabilondo, Ubis II, Tacolo, Arana, Fernández, Plana, Urbieta, Arruti, Ubis I y Gamón. Pese a lo accidentado del inicio, la historia terminó bien para los dos protagonistas: al finalizar la promoción, tanto el Alavés como la Ferroviaria ascendieron a Segunda.