E.C.

Conectados con la calle Dato

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

Seguramente a muchos aficionados babazorros el vocablo Dato les evoca la principal calle de Vitoria, denominada así en 1916, para honrar al político conservador Eduardo Dato Iradier (1856-1921), presidente del Gobierno español e impulsor de políticas sociales, especialmente a favor de mujeres y niños. Aunque había nacido en Galicia, su madre era de ascendencia alavesa y estaba emparentado con el explorador Manuel Iradier. En 1914-1921 fue diputado a Cortes por Vitoria, promoviendo el desarrollo de una ciudad que le recuerda con un monumento en la Florida, obra de Mariano Benlliure.

Cuando Dato murió asesinado por unos anarquistas en Madrid en marzo de 1921, el Alavés acababa de fundarse, por lo que no pudo verle en acción. Tampoco parece que le gustara el fútbol. Sin embargo, existe una conexión entre Dato y el Deportivo Alavés, vinculada a uno de sus hitos históricos. Y es que el ascenso alavesista a Segunda en 1968 se materializó en el estadio Eduardo Dato (El Puerto de Santa María, Cádiz), inaugurado en 1943, donde jugaba el Racing Club Portuense. Desconozco los motivos por los que, en esa época, se llamó así al campo, pues no parece que el político monárquico tuviera una especial relación con esa localidad gaditana.

En 1968 el Alavés se había proclamado campeón de su grupo de Tercera, pero aún debía superar la promoción para ascender. Primero se desembarazó del Plus Ultra madrileño. Después tuvo que enfrentarse al Portuense, que arrancó un empate a cero en Mendizorroza, lo que le convertía en el favorito para pasar la eliminatoria. Cuando, el 16 de junio, se disputó el partido decisivo en el Eduardo Dato, algunos periodistas locales comentaron la conexión vitoriana. Pese a la distancia, un centenar de aficionados babazorros se desplazaron para animar a su equipo.

El campo, «lleno a rebosar», registró la mayor entrada de toda su existencia. Todavía hoy sus seguidores denominan a ese choque «el partido más comentado en toda la historia racinguista», pues el Racing nunca ha subido a Segunda. Según escribió en EL CORREO su enviado especial 'Pe-Go', «todo, absolutamente todo, lo tenia el Alavés en contra: un 0-0 del partido de Mendizorroza, un público entusiasmado y ya en 'situación' de ascenso, una tarde de fuerte calor, un campo reseco». Pese a todo, dos goles de Blanco y Zarrita dieron la victoria al Alavés, certificando el ascenso a Segunda.

Al parecer, el ambiente en el estadio tenía un aire de carnaval gaditano, pues «el Eduardo Dato no dejaba indiferente a nadie. Nadie se aburría. Cuando el juego no acompañaba, la grada empezaba a tomar vida propia y siempre salía al paso el comentario jocoso y los poetas improvisados empezaban a tomar el protagonismo por entero». Algo así debió suceder en el partido contra el Alavés. Antes de empezar, «numerosas pancartas jalonaban el terreno de juego y eran paseadas a lo largo y ancho del recinto. Pronto comenzaron a sonar las palmas de ánimo al conjunto 'rojillo'. Dichas palmas eran perfectamente armonizadas por una musiquilla de típico sabor andaluz. Un hincha local, ataviado con una camiseta roja que llevaba a la espalda el número 9, símbolo de que se pedían goles, dirigió en los prolegómenos la orquesta desde el centro del campo». El final del partido fue increíble: «los aficionados locales, mezclados con los que habían llegado de Vitoria, se lan­zaron al terreno de juego a felicitar a los jugado­res del Alavés, desposeyendo a todos ellos de las camisetas». Para el Alavés era «un sueño convertido en realidad».

En 1972, el Eduardo Dato se clausuró al construirse otro campo en El Puerto de Santa María. Con su cierre, terminaba esa peculiar relación entre Dato y el fútbol, aunque quizás los lectores más veteranos recuerden que el Sánchez Pizjuán, situado en el barrio sevillano de Nervión, está en una vía que lleva el nombre del diputado por Vitoria y que, durante mucho tiempo, se denominaba al Sevilla F.C. «el club de la avenida de Eduardo Dato».