Canito, un futbolista efímero

Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

En la historia albiazul alternan futbolistas que han pasado muchos años en el club con otros cuyo paso ha sido fugaz. Entre estos últimos destaca, por su peculiaridad, el caso del defensa Nicanor Sagarduy (Canito). Nacido en Barakaldo en 1931, pasó del equipo de su ciudad natal a jugar con el Athletic Club en Primera en 1948, con solo 17 años. Aquí se mantuvo quince temporadas, ganó varios títulos de Liga y Copa y fue una vez internacional con España, antes de retirarse en verano de 1963.

Pero, ya iniciada la temporada 1963-1964, el Alavés anunció su fichaje, tan solo unos meses después de dejar el fútbol. El club babazorro luchaba a brazo partido por mantenerse en Segunda y necesitaba refuerzos, pues desde la tercera jornada ocupaba el último puesto, que ya no abandonó hasta certificar su descenso a Tercera. Las negociaciones fueron largas y difíciles, «pues el jugador ponía muchas reparos: su negocio, el no pretender volver a vestir de futbolista, sus pretensiones económicas en caso de hacerlo; en fin, todo ha sido laborioso». Canito firmó con el Alavés el 5 de noviembre de 1963: «las condiciones se estiman favorables para el Club, dada la categoría del jugador y la imperiosa necesidad que el Alavés tenía de sus servicios». No obstante, fue preciso «encontrar una simultaneidad entre las obligaciones de Canito fuera del ámbito futbolístico y las que contrae con el club, lo cual exigirá que algún día de la semana tenga que permanecer al frente de su negocio».

En principio, su llegada era ilusionante: al fin y al cabo, procedía de Primera, era un jugador con experiencia y había sido internacional. Sin embargo, las cosas no salieron como se preveían. Canito debutó el 17 de noviembre de 1963 contra el Orense en Mendizorroza. El once babazorro perdió en casa por 2-3 y el debutante no pudo brillar. Cuando la prensa le preguntó al entrenador alavesista por su estreno en el equipo, Juan José Urquizu salió por peteneras: «Mejor será que dejemos esta cuestión para más adelante».

A los pocos días, se vio que su aportación al conjunto vitoriano no funcionaba y que compatibilizar fútbol y trabajo en dos ciudades distintas era una utopía. El 22 de noviembre, apenas quince días después de su fichaje, Canito envió una carta al presidente albiazul en los siguientes términos: «Creo que debe ser zanjado el compromiso adquirido entre estas dos partes por dos razones principales: Una, porque he visto palpablemente que yo no puedo hacer nada por mejorar la situación del equipo, y la otra, el que estoy en la obligación moral de evitarles a ustedes tan grave desembolso por considerarlo superfluo. Por lo tanto, desearía terminar con ustedes de la manera más elegante posible, ya que mi conciencia profesional no me permite aprovecharme de una situación como la actual. Espero que ustedes sepan comprender esta determinación en su verdadero sentido».

Al dar la noticia de su renuncia, EL CORREO añadió una nota de la redacción alabando la conducta del jugador: «Nos enorgullece la forma de proceder de Canito. Después de haber firmado un compromiso ventajoso con el Deportivo Alavés, que podría ser el remate económico de su vida profesional, este buen jugador bilbaíno no lo ha entendido así, y antes de luchar contra su propia ejemplar conducta, sin para mientes en situaciones privilegiadas o en egoísmos personales a costa del Deportivo Alavés, olímpicamente anuncia la suspensión de relaciones con el Club vitoriano, porque ha comprobado 'que no puede hacer nada por mejorar la situación del equipo'. Gesto gallardo, ejemplar, magnifico del jugador bilbaíno, cuyo señorío y caballerosidad han trascendido de los campos de juego a su vida privada y particular». En definitiva, la prueba no había dado resultado, pero al menos su fugaz paso por el Alavés tuvo un final elegante.