Autocrítica

Autocrítica
Raúl Alústiza
RAÚL ALÚSTIZA

No creo que sea un planteamiento esperar al último segundo del partido para meter el gol y dejar sin respuesta al rival. Creo que se trata más de cierta suertecilla. Entre otras cosas, porque en ese momento quitas al adversario todas las posibilidades de aplicar algo tan natural en el fútbol como es lo de acción-reacción. Pero lo que no podemos decir que sea suertecilla o casualidad es la elaboración de esa última acción que supuso el 0-1, una contra de libro al más típico estilo Abelardo. Por lo tanto, la casualidad no está en la acción en sí, sino en el momento que ocurrió. Ahí entramos de lleno en el trabajo, la fe y el planteamiento del entrenador. Y si el estilo Abelardo es ese, hay que procurar que se repitan con más frecuencia este tipo de jugadas. Porque existe una máxima universal y por lo tanto futbolística, que dice: a mayores posibilidades de repetir esas acciones, mayores probabilidades de convertirlas en gol. Aunque también hay otra que se contradice con ésta, y dice que muchas veces, con menos ocasiones o posibilidades pero más claras, éstas suelen resultar más eficaces. Como sucede con los contragolpes.

Un detalle significativo, y una pregunta con mensaje oculto. En los dos últimos partidos, con sendas victorias, hemos recibido 19 córners sobre la portería de Fernando Pacheco y hemos botado solo 2. Si ahora, para los dos próximos encuentros, ustedes pudieran escoger entre botar o recibir 19 ó 2, ¿qué decidirían?

Y aunque en Zorrilla las estadísticas en general fueron mucho mejores que otros días, todavía seguimos jugando al límite de la lógica. Son las paradojas de este juego, donde a veces no existe una relación entre posibilidades y probabilidades, pero yo prefiero tirar de lógica que, a la larga, se suele cumplir. Ahora, que decida Abelardo.

Y como decía Einstein: «Todo debe ser tan simple como sea posible, pero no más simple que eso». No confundamos sencillo con primitivo, porque entonces estaremos más cerca de involucionar que de evolucionar. Y el mejor momento para hacer autocrítica es cuando se gana, no vaya a ser que los resultados sean engañosos y todos tan felices. Aunque parezca un contrasentido, las derrotas no necesitan autocrítica en el equipo, porque de eso ya se encargan los demás. Y además, suele ser con saña, ventajismo y en muchas ocasiones de forma incorrecta. Evidentemente, siempre condicionadas por el estado de ánimo del momento en que se producen. Por lo tanto, cuando funciona arréglalo, que luego igual ya es tarde.

 

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