Antihéroes en marcos de oro

Antihéroes en marcos de oro

Pacheco y Courtois son de los pocos porteros de la Liga que pueden convertir a sus equipos en ganadores con frustrar el éxito del rival

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Dicen que los porteros viven una interminable búsqueda de la redención y una carrera contra los prejuicios. Demasiado bajo, torpe, lento, irregular, de psicología frágil, osado, excéntrico, tímido, impersonal... Deben tachar uno por uno todos esos estereotipos para convertirse en jugadores respetados.

Pero hay ocasiones en las que alguna de esas características perdura durante toda la vida deportiva de un guardameta, lo que le confiere un mérito y una leyenda aún mayor si hace cumbre. Cuando las cámaras persiguen a Fernando Pacheco y Thibaut Courtois tras una gran acción, su rostro parece a punto de pedir ayuda a sus compañeros o perdón a sus rivales. Nunca sacan pecho. Apenas lanzan gritos. Rara vez muestran rabia. Ni se señalan. Ni se pavonean. Saben que lo próximo puede ser un ridículo atroz. Y, sin embargo, lucen como grandes estrellas en sus equipos.

Los guardametas del Alavés y el Real Madrid se han convertido en perfectos antihéroes del fútbol. Pertenecen a una reducidísima lista de cuatro hombres que son capaces de hacer ganadores a sus conjuntos desde su posición. Solo Jan Oblak y Ter Stegen comparten ese privilegio y responsabilidad en una de las principales competiciones de Europa. Y lo hacen con una cotidianidad que abruma.

26 años tiene Pacheco, que suma su cuarta temporada en el Alavés

26 años tiene Pacheco, que suma su cuarta temporada en el Alavés llegó a impresionar a Mourinho, pero eso no le impidió tener que hacer las maletas

Puede que el origen de ese aplomo comparta un mismo origen: la obligación de reivindicar su talento entre hombres cuando aún eran niños. Pacheco ya tenía planta de portero a los 14 años, cuando su padre recorría con él 42 kilómetros para que pudiera entrenarse sin ser invisible. Quienes lo conocen desde pequeño lo retratan como un chico tímido, cortado y silencioso, a quien solo los guantes le otorgaban cierta personalidad y un enorme don. El extremeño es un felino bajo los palos, cuenta con un salto potente que le permite volar y reacciona en décimas de segundo ante goles cantados.

Un ídolo precoz

Courtois, que roza los dos metros, ocupa de manera estratégica todos los huecos en los mano a mano. Lo sabe bien Griezmann, quien se topó con la cabeza del belga cuando trataba de picar su disparo en el último derbi madrileño. El guardameta es otro fenómeno de precocidad, incluso mayor que el de Pacheco. A los 16 años fue capaz de debutar en la máxima categoría de su país pese a arrancar la temporada como octavo portero de la plantilla, y solo dos temporadas más tarde ya era titular en el campeón de la Liga belga. Los hitos, ya de por sí, son prodigiosos, pero lo son aún más al saber que ese mismo club (el Genk) lo fichó de niño como lateral izquierdo, y que solo se puso bajo los palos cuando no había otro remedio. Su equipo se quedó sin portero y el técnico hizo que los jugadores se pasaran los guantes en cada jornada. Hasta que se los puso Courtois. Nadie se los quitó.

26 años tiene Courtois, que cumple su primer curso en el Real Madrid.

26 años tiene Courtois, que cumple su primer curso en el Real Madrid. Alcanzó la titularidad a los 16 años y con 19 estaba ya entre los mejores del mundo

Todo ello sucedió de manera casi simultánea, porque ambos pertenecen a la misma generación. Pacheco captó la atención de Míchel en la cantera del Real Madrid, mientras que Courtois hizo las maletas a los 19 para fichar por el Chelsea. Las carreras de ambos se dispararon. El belga, ahora subcampeón del mundo, llegó de un salto al olimpo de los guardametas con el Atlético. Era un chaval magnético, capaz de sostener a la defensa más feroz de la Liga con 19 años y una mirada que siempre parece despistada. Tenía un carisma extraño. Iba uno por uno donde sus compañeros antes de cada partido, bromeaba para liberar la tensión y, de pronto, se convertía en un gigante.

Pacheco y Courtois pertenecen a la misma generación y comparten una cierta timidez: nunca sacan pecho, saben que lo próximo puede ser un ridículo atroz

Más etapas tuvo que quemar Pacheco, que se encontró con la puerta blindada de la primera plantilla del Real Madrid. Es cierto que llegó a impresionar a José Mourinho cuando era juvenil, pero nada le impidió hacer las maletas de nuevo, esta vez a Segunda con el Alavés. Pero el extremeño ha vivido una evolución estratosférica, solo frenada durante los primeros meses de la pasada campaña. Su figura ya es colosal para los delanteros, e incluso para su propia hinchada, que el pasado verano colocaba velas para que no se marchara. Muchos piensan que ninguna portería del mundo se le caería encima. Y que puede mirar a la cara sin complejos a Courtois.

 

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