EFE

La anarquía de una zurda de seda

Regresa tras un final de etapa albiazul convulso un Lucas Pérez de momentos mágicos, un tipo impulsivo sin hogar futbolístico pese a su rebosante calidad

Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

Se contaba la pasada temporada, en pleno estallido del 'caso Lucas Pérez' y de sus desavenencias con Abelardo, que el Alavés llamó al orden al delantero. «¿Te crees Iago Aspas?», dicen que le lanzaron desde la planta noble de Mendizorroza. Buscando una reacción del jugador y apelando, no sin malicia ante la desesperación con el rendimiento y la actitud del futbolista, a la comparación con el ariete internacional del Celta. Es decir, el acérrimo rival del Deportivo de La Coruña, el club que como aficionado Lucas Pérez siempre ha llevado en el corazón.

Se trata de una anécdota que puede resumir el lado oscuro de una zurda de seda que concluyó en convulso final de etapa albiazul. Frente al espejo, aquella racha de siete goles consecutivos en otras tantas jornadas que es récord alavesista en la máxima categoría y, probablemente, apunta a marca imbatible durante décadas. También, aquellas tardes, incluido un derbi ante el Athletic en Vitoria, donde su sola presencia sobre el césped en la segunda parte sirvió para cambiar un guion torcido. O el abrumador golazo a la escuadra de Oblak para igualar un choque ante el Atlético de Madrid.

Hoy, en un Alavés-Elche de alto voltaje en la zona baja de la clasificación, regresa a Mendizorroza como jugador rival un personaje impulsivo y de momentos mágicos. De esos sobre los que recae la sospecha acerca de su capacidad de mantener una concentración permanente, pero se convierten en dinamita ante retos que consideran casi personales o, simplemente, en días donde el genio de su lámpara no se ha tomado día libre.

Alerta máxima. Sobre todo después de su discreto duelo ante el Espanyol. A Lucas Pérez no le van las voladuras controladas. Sí los coches y la 'Play Station', donde durante el inicio de la pandemia, en un campeonato entre futbolistas de Primera división, demostró ser también un futbolista con muchas horas de vuelo. Se alineaba siempre a sí mismo y no dejaba tampoco de buscar su gol de videojuego. En un delantero, un egoísmo controlado es una virtud. Tampoco hay que esperar precisamente del coruñés declaraciones a lo Butragueño. «No me vayas a decir ahora que mi trabajo no ha servido para nada, que me he tropezado en todas las jugadas», respondía entre la broma y la recriminación después de un triunfo alavesista donde no había acertado en sus ocasiones. El tipo de sinceridad que llena de color páginas y minutos de televisión. El circo del fútbol siempre se ha alimentado de personalidades peculiares, que ya se sabe que el 'partido a partido' es capaz de hacer bostezar al mejor humorista.

Claro que futbolistas como Lucas Pérez rara vez encuentran acomodo en un hogar deportivo. Lanzan en momentos determinados destellos que deslumbran -como aquella espectacular temporada en Riazor que le llevó al Arsenal- y viven después de su incuestionable calidad. Guadianas que aparecen y desaparecen para, de vez en cuando, marcar el gol de la jornada.

En Mendizorroza le espera hoy para frenar su magia un Alavés defensivamente más solvente y Laguardia, ya quinto albiazul con mas partidos en Primera (150), solo por detrás de Pacheco (181), Magno (155), Karmona (154) y Pablo (153). Laguardia y Lucas Pérez. El defensor aragonés, anclado en Vitoria en su octava temporada de albiazul, al que llegó como central desbocado que cometía entradas a destiempo, lidera ahora desde la veteranía. Tendrá enfrente al ariete gallego, que en la última década ha ejercido de goleador nómada en diferentes países y culturas hasta dejar el recorrido del Baúl de la Piqué en una excursión. El césped espera ya un duelo de contrastes.