Este contenido es exclusivo para suscriptores

Todo el contenido de EL CORREO desde 4.95€ al mes. Disfruta sin límites

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoNuevas secciones y más contenidosNueva app exclusiva sin publicidadInteractúa con los periodistasNuevas newsletters de autorOfertas y eventos exclusivos

El equipo de hielo

El equipo de hielo

El Alavés mantiene la sangre fría tras el mazazo de Parejo y logra una nueva remontada para culminar una primera vuelta sin precedentes

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Ya no hay lugar para la duda. La temporada del Alavés es histórica. El molde con el que está diseñado el conjunto albiazul debería archivarse entre los secretos de la humanidad, entre los enigmas que convierten lo imposible en algo tangible. El equipo de Abelardo no deja de ser un grupo apañado para sobrevivir y, en cambio, puede actuar a la vez como fuego y hielo, en función del cariz que adopte el partido. Ante el Valencia le tocó ser un impenetrable témpano, que mantuvo la sangre fría cuando recibió un mazazo seco con la falta de Parejo. No desplegó ni el fútbol más bello, ni siquiera necesitó hilvanar una jugada para remontar el encuentro al descanso. Pero volvió a ofrecer una exhibición de eficacia en la estrategia, que sitúan al Pitu y a Javier Cabello casi a la altura de Napoleón.

El espectáculo tardó en desperezarse en el césped de Mendizorroza, afectado por las heladas de los últimos días. Los centrocampistas dudaban entre emplear una pelota o un disco para mejorar la circulación, que no pasaba de una secuencia de trompicones. Las acciones se cortaban a cada segundo por alguna imprecisión, un inoportuno patinazo o algunas faltas que impedían el fútbol fluido. El estado del terreno de juego era mejorable, sí, pero no lo suficiente como para emplearlo como excusa en el resultado, como hizo después Marcelino. Es más, fue el Valencia el que hizo más faltas y ralentizó el juego, y eso que le regalaron un libre directo que Parejo transformó en un caramelo en el minuto 13.

2 Deportivo Alavés

Pacheco; Ximo Navarro, Laguardia, Maripán, Martín Aguirregabiria; Ibai Gómez (Sobrino, min. 84), Manu García, Pina, Jony (Guidetti, min. 93); Borja Bastón (Brasanac, min. 72) y Calleri.

1 Valencia C. F.

Neto; Gabriel Paulista, Garay, Diakhaby, Lato (Batshuayi, min. 69); Piccini, Wass (Ferrán, min. 62), Parejo, Cheryshev; Santi Mina y Rodrigo.

Goles:
0-1, min. 13: Parejo, de libre directo. 1-1, min. 20: Borja Bastón. 2-1, min. 45: Tomás Pina.
Árbitro:
Medié Jiménez (Comité Catalán). Amonestó con tarjeta amarilla los locales Laguardia (min. 12), Navarro (min. 25) y Pacheco (min. 82) y a los visitantes Wass (min. 22), Diakhaby (min. 46), Ferrán (min. 80).
Incidencias:
partido correspondiente a la decimoctava jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio de Mendizorroza de Vitoria ante 18.304 espectadores. El césped presentó zonas heladas debido a las bajas temperaturas que se registraron la noche previa.

La jugada del gol valencianista vino precedida por un claro empujón de Cheryshev sobre Pina, una acción que Laguardia tuvo que corregir con un derribo al extremo ruso. Abelardo se desesperó en la banda, sabedor de la puntería de Parejo en el golpe franco. El centrocampista superó la barrera con un disparo tenso, que no iba demasiado escorado. Pacheco, sin embargo, solo comenzó a ver la trayectoria de la pelota cuando pasó junto a la cabeza de Maripán. Demasiado tarde. Fue sin duda un gol injusto, en el que nada pudo hacer el VAR.

El desánimo corrió con rapidez entre quienes preveían a un Valencia demoledor al contragolpe, mientras que los de Marcelino se frotaban las manos. Pero el tiempo del equipo vertiginoso y feroz pareció consumirse al final de la pasada campaña. El Alavés empujó, más por necesidades del guión que por arsenal futbolístico. Avanzó como un depredador viejo, buscando algún córner o una falta lateral para hincar el diente. Sabía que era la fórmula más eficaz para nivelar el encuentro, algo innegociable ante un conjunto que sabe (o sabía) administrar como nadie las ventajas en el marcador. Borja Bastón colocó la rodilla en una posición geométrica para desviar a puerta el disparo de Maripán tras un rechace en el área.

Vuelta a empezar. El Alavés había cumplido ya con su misión inmediata, la de nivelar el marcador para no caer en el deseo del Valencia. Incluso consiguió intimidar a Neto con un zurdazo de Ibai que rechazó la zaga levantina. Eso sí, el mayor susto se lo llevó Pacheco, que vio cómo Rodrigo se excedió al abrir su disparo al filo del descanso. Y es que los albiazules se encontraron de pronto en un 3 contra 3 lanzado tras un rechace, toda una rareza para un equipo que siempre busca el equilibrio defensivo.

Mientras las gradas suspiraban, llegó la jugada más rocambolesca. El colegiado se equivocó al conceder la ley de la ventaja en una falta clamorosa, y lo compensó después al estirar la prolongación. Con dos centros de Jony en apenas un minuto, los vitorianos tuvieron tiempo de rematar al palo con un cabezazo de Maripán, de que Bastón pusiera a prueba a Neto y de reproducir la jugada del gol que dio la victoria (y el liderato) ante el Celta. La secuencia y los protagonistas fueron idénticos: centro del asturiano, toque de Laguardia al área pequeña y diana del manchego. Talento e improvisación. Como los grandes roqueros.

El encuentro debía convertirse tras el descanso en una marioneta en manos del Alavés. Pero los albiazules salieron con ganas de sentenciar a un Valencia con una personalidad menguante. Laguardia, de nuevo imperial, obligó a estirarse a Neto tras un certero centro de Ibai. Desde ese momento, el conjunto albiazul administró más y arriesgó menos. Es cierto que Calleri seguía metiendo la cabeza en un avispero, e incluso forzó una falta de Diakhaby que debió costarle la segunda amarilla; que Jony corría y encaraba en la medida que le permitían los patines que se calzó, y que Ibai intentó, quizás demasiado obcecado, anotar desde media distancia. Pero el cambio de Brasanac por Bastón daba una clara idea de lo que buscaba Abelardo.

Pese a todo, los albiazules no ejercieron un control absoluto, y menos cuando el césped encerraba cierto peligro. Lo entendió pronto Batshuayi, que se tropezó cuando trataba de superar a Pacheco en otro contragolpe extraño concedido por el Alavés. El partido se convirtió en un abordaje precipitado del Valencia y una sólida muralla vitoriana, que facturó otro triunfo para colarse de nuevo en puestos de Champions. Al menos, por unas horas. Lo que perdurará más, sin duda, es la primera vuelta que cerrará el sábado ante el Girona, que ya es la mejor de la historia del club.