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El Alavés tutea a cualquiera

Jony y Wakaso corren hacia Calleri para celebrar el gol del Alavés, obra del asturiano./Igor Aizpuru
Jony y Wakaso corren hacia Calleri para celebrar el gol del Alavés, obra del asturiano. / Igor Aizpuru

El conjunto albiazul, todo corazón, puso en jaque durante una hora al Sevilla, que solo pudo empatar con un abordaje desesperado

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Cuando dos equipos chocan por sus estilos y lo hacen con una seguridad absoluta en lo que proponen, el fútbol suele deparar encuentros vibrantes y llenos de intriga. Es lo que sucedió en Mendizorroza, donde las dos sorpresas de la Liga buscaban el 'trofeo' de equipo revelación en un solo asalto. El resultado quedó en un gran interrogante, porque la justicia poética se encargó de que el duelo acabara en un reconfortante empate, que mantiene al Alavés en puestos de Champions y estira la condición de invicto de su estadio. El conjunto albiazul salió con el corazón en un puño, con un plan ambicioso y visceral al que solo el oxígeno le podía traicionar. Y lo hizo, porque resulta imposible alimentar los músculos con adrenalina durante 90 minutos. Pero es su manera de darle pimienta a la Liga, y los principios no se traicionan.

La principal incógnita se encontraba en cuál sería la propuesta ganadora en dos equipos tan antagónicos. Los diez primeros segundos fueron toda una declaración de intenciones por parte del equipo de Abelardo. Eso fue lo que duró su primera posesión, lo que tardó en caerle el balón a Laguardia y que este realizara el primer desplazamiento en largo. Un regalo. Pero ese supuesto sometimiento estaba envenenado, porque el partido se acercó mucho más a lo que imaginó el asturiano que a lo que construyó en su cabeza Machín. Al menos, por más tiempo. Porque el Alavés incomodó al Sevilla durante una hora, mientras que los hispalenses arrinconaron a los vitorianos en el tramo final, con un abordaje casi desesperado y con solo dos defensas sobre el césped.

El Alavés asfixió al Sevilla con una presión demoledora, con Calleri inagotable, Wakaso marcando la frontera y los pegajosos Ibai y Jony en las alas. El juego no fue una sucesión de ocasiones, lo que no habría beneficiado en nada a los albiazules. Pero los acercamientos más claros fueron para los locales. Jony, muy activo pero un tanto acelerado, estuvo a punto de conectar con Ibai en un centro lateral, aunque el vizcaíno no consiguió domesticar la pelota. Poco después lo intentaría Duarte, que de vez en cuando lanza alguna sacudida que silencia su escasa presencia en ataque. El almeriense golpeó la pelota con total intención, incluido un bote que estuvo a punto de traicionar a Vaclik. No fue el único susto que se llevó el guardameta hispalense, que rozó la caricatura en dos despejes que rebotaron en Calleri.

El argentino, por cierto, ofreció un auténtico recital hasta que tuvo que pedir la respiración asistida en la recta final. Fabricó jugadas casi por sí solo, dio una lección de cómo un ariete debe actuar en solitario y, además, fabricó el primer gol de la contienda con un perfecto pase horizontal a Jony, quien solo tuvo que empujar la pelota en el área pequeña. La jugada fue un tanto extraña, porque nació de un despeje de cabeza de Martín que dejó a Calleri en un fuera de juego grotesco. El matiz, muy discutido por los sevillanos, fue que Sergi Gómez desvió la pelota de manera involuntaria, lo que propició una acción nueva. Lo más difícil estaba hecho.

1 Alavés

Pacheco, Martín Aguirregabiria, Ximo Navarro, Laguardia, Duarte; Tomás Pina, Wakaso (Brasanac, min. 73), Manu García; Jony, Ibai Gómez (Sobrino, min. 82) y Calleri (Guidetti, min. 90).

1 Sevilla

Vaclik; Carriço, Kjaer (Sarabia, min. 69), Sergi Gómez; Mercado (Promes, min. 58), Roque Mesa (Amadou, min. 46), Banega, Franco Vázquez, Escudero; Ben Yedder y André Silva.

goles.
1-0, M.37: Jony. 1-1, M.77: Ben Yedder.
árbitro.
Sánchez Martínez (Comité Murciano). Amonestó a los locales Manu García (min. 24), Tomás Pina (min. 54) y Guidetti (min. 93), y a los visitantes Roque Mesa (min. 26), Sarabia (min. 39) y Vázquez (min. 84).
incidencias.
Partido correspondiente a la decimocuarta jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio Mendizorroza ante 17.848 espectadores, unos 100 de ellos procedentes de Sevilla. Antes del encuentro se llevó a cabo la presentación del equipo albiazul que compite en la Liga Genuine, destinada a personas con discapacidad intelectual.

Pero el Alavés tampoco se libró hasta entonces de la pegada sevillista, que se plantó con Ben Yedder solo ante Pacheco. Le bastó con un balón largo y una peinada de André Silva. Pero el delantero francés solo se retrasaría unos minutos en estirar su particular idilio goleador contra el conjunto albiazul, al que ha batido en cinco ocasiones en otros tantos partidos. Empieza a convertirse ya en una costumbre bastante amarga.

Y eso que los de Abelardo volvieron del descanso con el plan del partido pasado a limpio y con una nueva oleada para sentenciar a un Sevilla que se le adivinaba cierto cansancio. Lógico, por otra parte, porque ocho jugadores repitieron en el once solo tres días después de su encuentro europeo. El problema, sin embargo, estaba en que el voltaje del Alavés era inasumible durante todo un encuentro. Las costuras afloraron a partir de la hora de partido.

Machín se cansó de ver a un central como Mercado en el puesto de carrilero, reservado para Aleix Vidal y Jesús Navas, lesionados. Así que optó por la opción más ofensiva, como acostumbra, e introdujo a Promes, un atacante que suele torcer el morro cuando debe defender. La profundidad salió a borbotones. El holandés lanzó la primera amenaza apenas cinco minutos después de saltar al campo, y le robó la pelota después a Jony en una acción que tuvo que salvar Pacheco. Los comodines albiazules se agotaban.

El Alavés sufría y empezaba a derrumbarse. Pedía a gritos un cambio que no llegó hasta el minuto 73, mientras el Sevilla le daba otra vuelta más de tuerca a su esquema y sustituyó a Kjaer por Sarabia. Es decir, los andaluces acabaron sobre el césped con dos centrales (Sergi Gómez y Carriço), un lateral (Escudero) y un centrocampista defensivo reconvertido (Amadou). El partido no tardaría en romperse, y el Alavés se había quedado ya sin fuelle para lanzarse a por la sentencia. Era cuestión de tiempo. El que tardó Ben Yedder en adivinar el centro de Sarabia y repetir como verdugo albiazul.

Fueron los momentos de mayor zozobra de Mendizorroza, que incluso temió por la derrota con un cabezazo de André Silva que Pacheco desvió con dificultades. Pocos imaginaban un último toque de corneta de los vitorianos. Pero llegó. Es lo que tienen los equipos que han sobrevivido al límite y que se han colado en lo más alto de Primera por pura cabezonería. Brasanac se topó con el palo con su testarazo en el minuto 87. El rechace, tantas veces favorable al Alavés, le fue esta vez esquivo. El encuentro se consumió en una lluvia de balones, y los dos agitadores de la Liga se conformaron con el empate. Los vitorianos, al menos, muy orgullosos de su equipo.

 

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