Una gesta de novela épica

Una gesta de novela épica

El Alavés manejó a su antojo la ansiedad del Real Madrid, al que venció por primera vez en 87 años con un gol de Manu García en el minuto 95

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Mendizorroza era un auténtico clamor cuando el Alavés tenía un punto amarrado en su puño ante el todopoderoso Real Madrid. Se había cumplido el tiempo reglamentario y la gesta estaba lograda. Pero los cimientos del estadio echarían a temblar cuando Manu García se metió con la pelota en la portería de Courtois. El estruendo fue ensordecedor, sin duda uno de los mayores estallidos que ha vivido el templo vitoriano en décadas. Y con razón. El final no pudo ser más redondo, como una adaptación al fútbol de las batallas épicas. El encuentro no tuvo un fútbol brillante, pero sí una resistencia encomiable en los diez primeros minutos, un frío manejo de las debilidades del adversario, y, por fin, un triunfo épico, memorable e histórico con un cabezazo que llevó la firma de un capitán impulsado por casi 20.000 personas.

1 Alavés

Pacheco; Ximo Navarro, Maripán (Martín Aguirregabiria, min. 87), Laguardia, Duarte; Jony, Tomás Pina, Brasanac, Wakaso (Manu García, min. 74), Ibai Gómez (Sobrino, min. 67); Calleri

0 Real Madrid

Courtois; Odriozola, Sergio Ramos, Varane, Nacho; Casemiro (Asensio, min. 62), Ceballos, Kroos, Modric; Bale (Vinicius, min. 80) y Benzema (Mariano, min. 45).

Goles
1-0. M.95+: Manu García, de cabeza
Árbitro
Jaime Latre (Colegio Aragonés). Mostró tarjeta amarilla al local Wakaso (min.53).
Incidencias
Partido correspondiente a la octava jornada de LaLiga Santander de Primera División disputado en el estadio de Mendizorroza de Vitoria ante 19.461 espectadores.

Es muy probable que ninguno de ellos viviera un episodio similar en Mendizorroza, ya que la última victoria albiazul ante los madrileños se remontaba a hace 87 años. La historia pesaba lo suyo, pero aún más lo hacía el hecho de que el Real Madrid llegara herido, cuestionado, seco de cara a puerta y bajo la lupa de una crítica feroz. Un cóctel explosivo para quien sigue de cerca las andanzas del campeón de Europa y cuyo apetito resulta cada vez más insaciable. La salida del conjunto blanco tuvo personalidad y carácter, como si quisiera convertir al Alavés en la cabeza de turco de su prematura primera crisis.

Pero ese arreón apenas le duró diez minutos, los que tardaron Benzema, Bale y Ceballos en inquietar a un soberbio Pacheco. Los vitorianos resistían, cubrían las grietas a la carrera y se mantenían en pie a la espera de que Calleri y Jony les dieran un respiro. Y, de pronto, el Madrid perdió su efervescencia. Le vinieron de golpe los pésimos resultados, los más de 300 minutos sin marcar –ya son 400–, su viaje a Moscú con traspié incluido... Cualquier excusa podría servir en Chamartín si los de Lopetegui no hubieran desperdiciado tantas balas en las últimas semanas. Pero no se trataba solo de la constatación de un evidente declive. Enfrente se encontraba la versión más dura y maquiavélica del Alavés, que jugó con la ansiedad de su oponente hasta desatar una auténtica fiesta.

Calleri lució con orgullo sus galones, su carácter y su calidad. Y no solo porque bajara innumerables balones, oxigenara a sus compañeros y lanzara alguna tímida advertencia a Courtois. Había algo mucho más intangible e importante. El argentino recibió varias cornadas de Sergio Ramos, quien acostumbra a lanzar avisos y recados para dejar claro que él es quien manda en esa parcela, y que el resto se olviden de ella. Pero, lejos de amedrentarse, le devolvió algunos golpes y lo atormentó con su habilidad para esconder la pelota entre su espalda y sus largas piernas.

El Alavés empezó a dar pasos al frente, dominó su espacio, se sintió relativamente cómodo y, de vez en cuando, se soltó en ataque. Los albiazules se levantaron de sus asientos en varias ocasiones, sobre todo en una doble ocasión que nació con un centro de Jony y una dejada de Calleri a la que no llegó Ibai. Era el primer aviso serio de los hombres de Abelardo, a quienes no les hizo falta disparar a puerta para hundir aún más al Madrid en su diván. Lopetegui introdujo cuatro centrocampistas para dominar el duelo y arrinconar a los vitorianos hasta la misma línea de gol. Sus acciones más peligrosas, sin embargo, nacían de pases largos y el puñal de Odriozola en la derecha. Nada de eso dio resultado.

Los albiazules sostuvieron el empate con la rapidez en la anticipación de Ximo, la defensa antiaérea de Maripán y la enorme sobriedad de Laguardia. A ellos les ayudaban un Pina que aún se encuentra en la primera marcha pero que demuestra entender el fútbol mejor que nadie en el vestuario, además de dos reclutas entregados como Wakaso y Brasanac. El Alavés se crecía al ver que a ese brillante coloso que presume de ser intratable le pesaban las piernas. La bestia, herida, reaccionó con la entrada de Mariano justo después del descanso, con lo que dejó a Benzema de nuevo en evidencia. El impacto del '9' pretendido hace dos veranos por el Alavés, no obstante, se redujo a un juego de trileros con tres recortes que Laguardia adivinó sin gran complicación.

El miedo y el respeto excesivo desaparecieron Alavés, y fue eso lo que provocó que el Madrid terminara de entrar en barrena. Los blancos desaparecieron de pronto y tan solo llegaban con tímidos envíos, por lo general demasiado largos. En uno de ellos, Pacheco sufrió una leve lesión en un choque con Mariano, que obligó a Laguardia a patear cualquier acción que naciera desde campo propio. Calleri y Jony seguían a lo suyo, casi ajenos a todo lo que sucedía a su alrededor. El porteño descargó la pelota como un ariete de primer nivel, y el asturiano, que tenía ganas de medirse en carrera lanzada a Odriozola y Varane, le ganó la partida al francés y cruzó la pelota hasta que emergieron las yemas de Courtois.

Qué pena. Esa era la sensación que sobrevolaba las gradas. El punto era un auténtico tesoro, claro, pero poder vencer al Madrid y dormir colíder en la jornada 8... Eso ya era otra historia. Pero esa historia estaba por hacer y cumplirse, precisamente por uno de aquellos que durante años soñó una y otra vez en la General con epílogos como el de anoche. El Alavés, orgulloso, parece imparable.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos