El Alavés recupera fuerzas y algo de color

Los dos goleadores del encuentro celebran el tanto de Laguardia. /R. Gutiérrez y J. Andrade
Los dos goleadores del encuentro celebran el tanto de Laguardia. / R. Gutiérrez y J. Andrade

El equipo albiazul se adelantó en un primer tiempo de dominio y sentenció gracias a un regalo en el descuento tras un sufrimiento muy evitable

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

La recuperación del Alavés era ya impostergable. No tanto por el peligro que pudiera generar su sequía, ni siquiera por el fiasco que supondría hundirse tras una primera vuelta de Champions. Tanto se habían autoconvencido los albiazules de que su repentino frenazo se debía a factores externos como la inestabilidad del mercado invernal, que un nuevo tropiezo les habría obligado a profundizar más en su análisis y, quizás, hallar más problemas de los que existen. En definitiva, el conjunto albiazul necesitaba de manera imperiosa una victoria que lo recompusiera y lo ratificara como el equipo revelación de la campaña. Lo consiguió con una actuación que le devolvió algo de color, con un sufrimiento (eso sí) excesivo ante un adversario un tanto anémico, pero que le permite retomar su hazaña casi donde la dejó: en puestos europeos y a un solo paso de la zona Champions.

La salida al campo del Alavés resultó un tanto sorprendente, cargada de una seguridad absoluta, casi excesiva para un conjunto seco de cara a puerta que tan solo había sumado un punto de doce posibles. El grupo de Abelardo saltó sobrio y con un dominio territorial que le hizo merecedor de un triunfo abultado. Si no lo hizo fue por falta de sierra, todavía oxidada en Calleri y a la espera de Inui. Tampoco el planteamiento, con el estreno del trivote en casa ante un adversario de su misma talla, permitía fantasear con un rodillo. Pero no sería justo decir que el Pitu se equivocó estrepitosamente o que pecó de ultraconservador, ya que puede que la superioridad de los vitorianos en el centro del campo escondiera una de las claves de su absoluto gobierno hasta el descanso.

2 Alavés

Pacheco; Ximo Navarro, Laguardia, Maripán, Duarte; Brasanac (Manu García, min. 74), Pina, Wakaso; Jony, Calleri (Borja Bastón, min. 90) e Inui (Rolan, min. 87).

0 Levante

Aitor; Coke, Cabaco, Rubén Vezo; Luna (Dwamena, min. 85), Jason, Doukouré, Vukcevic (Bardhi, min. 60), Moses Simon (Mayoral, min. 67); Morales y Roger.

Goles:
1-0, m.35: Laguardia. 2-0, m.93: Jony.
Árbitro:
Undiano Mallenco (Comité navarro). Amonestó a Pina (min. 47), Brasanac (min. 64) y Laguardia (min. 70) por el Alavés y a Cabaco (min. 43) y Luna (min. 80) por el Levante.
Incidencias:
Partido correspondiente a la vigésima tercera jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio de Mendizorra en Vitoria ante 13.691 espectadores. Gran parte de los aficionados entraron cinco minutos después del inicio del partido en señal de protesta por los horarios en LaLiga. La recaudación de la taquilla se destinó a los clubes convenidos del Deportivo Alavés.

Ese arranque imperial tenía el inconfundible toque de Víctor Laguardia, el hombre que mantendría la calma y la compostura incluso si saltara de un avión sin paracaídas. El central estuvo impecable, seguro, concentrado... Cumplió con todo lo que un grupo herido necesita de su principal referente. El central zaragozano estaba ayer tan pletórico, que se elevó medio metro por encima de todos al oler las dudas de la defensa del Levante. Con su demoledor cabezazo en el segundo palo, acabó con la falta de gol del Alavés, con sus incipientes dudas y certificó medio triunfo reparador.

La aparición estelar del coloso albiazul hizo que toda la oscuridad se esfumara de pronto. Y menos mal, porque el Alavés ha pasado de ser un depredador implacable a un verdugo compasivo, que avisa a su víctima tantas veces que en ocasiones le facilita la huida. Los vitorianos lanzaron severos avisos y golpearon con un mazo la frágil consistencia del Levante, que está como para poner el cartel de 'cerrado por obras' al borde de su área. Calleri se topó con el palo tras un centro de Jony, y al ariete le faltaron después unas pocas décimas de segundo para anticiparse a Aitor Fernández tras un clamoroso error del meta granota.

Para entonces, las gradas ya entonaban cánticos alegres, después de que la diana de Laguardia devolviera a las gradas el jolgorio habitual tras una nueva protesta sepulcral e implacable. Incluso llegó a sonar una marcha fúnebre, ataúd incluido, que para los más cenizos sonaría agorero, pero que pondría los pelos de punta a cualquiera que quisiera escucharla. Lástima que las oficinas de la Liga estén insonorizadas. El caso es que el Alavés siguió a lo suyo, tratando de hacer sangre con un cuchillo (o una katana) que todavía Inui debe afilar.

Detalles de Inui

El japonés dejó algunos detalles de pura clase, sobre todo a la hora de abrir espacios en campo contrario y con algunos recortes que limpiaron el frente. Es más, incluso rozó una asistencia en un frustrado doblete de Laguardia, y el gol en una definición demasiado tímida tras un servicio defectuoso de Calleri. Lo cierto es que esa oportunidad habría permitido a los albiazules recuperar por completo el vigor que habían perdido en las últimas semanas, pero se condenaron a sobrellevar un sufrimiento de lo más evitable. El equipo de Abelardo se vio de pronto fundido y sin ideas. Contuvo la respiración en varias salidas de Pacheco, corregidas por la zaga vitoriana, con algunas acciones de un Wakaso que volvió a su época más irreverente y con peligrosas acciones a balón parado ejecutadas por Bardhi.

La agonía, eso sí, fue muy relativa, ya que el Levante ni siquiera disparó a puerta en los 90 minutos. La recta final se convirtió en una sucesión de discusiones, de faltas sobreactuadas y un regalo que caricaturizó a los valencianos y sosegó a los albiazules. En pleno descuento, Aitor Fernández realizó un saque de puerta en corto y a Doucuré le pareció buena idea emular a Iniesta en la frontal de su área. Pueden imaginar el resultado. Jony lo hizo. Y puso la guinda a la reacción del Alavés.