Pacheco ilumina al Alavés

Wakaso se abraza a Joselu para celebrar el tanto del atacante./Blanca Castillo
Wakaso se abraza a Joselu para celebrar el tanto del atacante. / Blanca Castillo

El conjunto albiazul, que muestra detalles prometedores pese a su inmadurez, se estrena con victoria por primera vez desde que regresó a la Liga gracias a un gol de Joselu y dos paradas estratosféricas de su estrella

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

La balanza del fútbol es la más frágil y sensible que existe. Puede decantarse por un milímetro o un segundo, y es el infinito cómputo global quien decide el lugar que le corresponde a cada cual tras 38 partidos. Pero incluso con una diferencia tan exigua, sus efectos resultan devastadores. Hace tiempo que el Alavés encontró a ese guardián de las diferencias mínimas. Fernando Pacheco es determinante desde el lugar más inaccesible de todos, con intervenciones que salvan victorias o devuelven la vida a su equipo. Y aunque su nombre no aparezca en el implacable marcador, como el lacónico 1-0 que reflejó Mendizorroza gracias al gol de Joselu, resulta imposible comprender la primera victoria del conjunto albiazul sin la figura de su cancerbero, decisivo mientras se mantuvo el empate y salvador al amarrar la victoria.

No es que el meta fuera la única baza que mostró el Alavés de Asier Garitano en su estreno, o que sufriera un asedio insostenible durante el encuentro. Decir eso sería del todo injusto. De hecho, el duelo permaneció equilibrado durante los 90 minutos y el conjunto albiazul anticipó algunos detalles prometedores pese a su lógica inmadurez. La jerarquía y el poderío de Joselu en el frente de ataque, la electricidad de Luis Rioja y el criterio de Aleix Vidal en los metros finales permiten realizar un primer retrato robot mucho más sólido que en las dos primeras campañas a estas alturas. Pero cuando la distancia entre los dos contendientes es tan estrecha, el Alavés se aferra a Pacheco por puro instinto de supervivencia.

1 Alavés

Pacheco; Aguirregabiria, Maripán, Ely, Duarte; Manu (Pons, min.66), Pina, Wakaso; Rioja (Tachi, min.83), Vidal y Joselu (Lucas Pérez, min.88).

0 Levante

Aitor; Miramón, Vezo, Postigo, Toño; Campaña, Vukcevic (Rochina, min.66), Bardhi, Melero (Morales, min.66); León (Roger, min.78) y Mayoral.

Goles
1-0, m.54: Joselu, de cabeza.
Árbitro
Soto Grado. Debutante en Primera División, mostró tarjeta amarilla a los locales Joselu (min. 37), Manu García (65) y al visitante Melero (45)
Incidencias
Partido correspondiente a la primera jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio Mendizorroza ante 12.029 espectadores. Antes del inicio del partido se rindió homenaje a Martín Aguirregabiria y Antonio Sivera, campeones de Europa sub-21 con la selección española. Asimismo, se guardó un minuto de silencio por los alavesistas fallecidos la pasada temporada.

Lo hizo al filo del descanso, cuando Bardhi aprovechó un desajuste ofensivo tras una pérdida que compartieron Pina y Manu García. Pero el macedonio, que tumbó a Ely con un gran recorte, vio cómo los reflejos del meta albiazul repelían su obús. El Alavés se mantenía en pie tras un primer tiempo bastante sólido pese a sufrir la ausencia de Laguardia, su polemarca en la defensa. Lo cierto es que habría resultado un tanto injusto que el Levante se fuera por delante al intermedio, ya que el Alavés gozó de los mejores acercamientos, aunque fueran tímidos. Duarte intuyó las dudas de Aitor Fernández con su disparo cruzado desde fuera del área, que el portero granota solo pudo despejar hacia Joselu. Y Vidal, que dejó huella pese a su intermitencia, encontró a Rioja tras una maraña de jugadores valencianos. Lástima que al sevillano, zurdo irremediable, le cayera la pelota en la derecha.

El Alavés reflexionó y comprendió que no había sido inferior durante el primera mitad. Se mostró más suelto tras la reanudación. Ganó terreno, trianguló algo más y ganó en seguridad. Se deshizo de sus complejos, vamos. Los albiazules llevaron la iniciativa en los primeros compases del segundo tiempo, con un juego sencillo pero eficaz. De esa forma llegaron los acercamientos de Duarte, sin gran peligro, de Vidal, que buscó el pase de la muerte a Joselu, y el gol que decantó el encuentro. El ariete cazó el saque de esquina del catalán en el primer palo y empujó a Aitor Fernández al interior de su portería. El tanto fue ajustadísimo, hasta el punto de que el único que estaba convencido de su autoría fue el propio Joselu. En cualquier caso, Maripán, de nuevo agigantado, había devorado el rechace.

El chileno asumió después el rol de cabecilla de la defensa, cuando el Alavés dio un peligroso paso atrás que, por fortuna (y por Pacheco), tuvo final feliz. El central se batió el cobre con Sergio León, puro nervio, y evitó el bombardeo al que quiso someter el Levante con sus envíos al área. La pluma que había colocado Joselu en el platillo albiazul de la balanza seguía pesando más que los intentos de Paco López, que echó mano de su artillería pesada con Rochina y Morales (suplente por sorpresa) mientras Garitano lo neutralizaba con una trinchera cada vez más difusa. El desgaste empezó a pesar en el equipo vitoriano, todavía inmaduro, y surgieron los pequeños huecos que suelen resultar terribles, sobre todo en el costado derecho.

Pero cuando más quebrado parecía el Alavés emergió la figura de su estrella, que pasa de espectador de lujo a ponerse la capa de superhéroe en cuestión de décimas de segundo. Fue eso lo que tardó la cabeza de Vezo en escupir la pelota e impactar en la pierna prodigiosa de Pacheco. El guardameta detuvo el crono hasta que le dio tiempo a sacar su pie derecho. Solo así se explica una intervención que fue casi imperceptible al ojo humano.

El Alavés había invocado ya en dos ocasiones a la carta mágica de su portero, señal más que suficiente para amarrar el triunfo de cualquier forma. Garitano trataba de recomponer sus filas de contención con el joven Tachi, hasta dibujar casi una línea de casi seis defensores en la recta final. El conjunto albiazul sufrió menos en los minutos finales y dejó escapar una sonrisa al final del encuentro. Nunca en los cuatro últimos cursos había llegado tan temprano la primera muesca del Alavés. Fue un triunfo milimétrico, casi milagroso. Pero ese sabor ya es casi habitual en las gradas de Mendizorroza, que ovacionaron al guardameta más adorado del planeta.