El descuento también traiciona

Guidetti gesticula durante el encuentro de Mendizorroza. /I. Onandia y B. Castillo
Guidetti gesticula durante el encuentro de Mendizorroza. / I. Onandia y B. Castillo

El Alavés, que protagonizó una catarsis en el segundo tiempo y mereció llevarse el partido, ve cómo la eliminatoria se le pone cuesta arriba en la última jugada

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Los valientes que acudieron a Mendizorroza bajo el incesante aguacero y ante el afilado frío experimentaron cómo el desenlace más dulce de los triunfos del Alavés se les volvía en contra. El conjunto albiazul salió perdido, reaccionó con el pundonor que ya lleva como marca registrada y luchó contra el reloj para sostener después la estrecha ventaja ante el Girona. Pero esa fuente de éxtasis que era hasta ahora el descuento, en el que los goles de Ibai, Manu García, Calleri y Borja Bastón habían sido una auténtica condena para el rival, traicionó al Alavés. Fue en la última jugada del encuentro cuando el equipo vitoriano comprendió lo que suponía que el caramelo se le escurriera de los dedos cuando ya se lo llevaba a la boca, con el único consuelo válido de que se trataba de la Copa, de que no empañaría su brillante marcha en la Liga y que, por supuesto, todavía hay opción de revancha.

No es que el fútbol fuera tremendamente injusto con el Alavés, pero la catarsis que protagonizaron los albiazules en el descanso, con la que floreció la versión más depurada de los hombres de Abelardo, les convirtió de forma automática en merecedores del triunfo.

2 Deportivo Alavés

Sivera; Vigaray, Maripán, Diéguez, Martín; Sobrino (Ibai Gómez, min. 81), Brasanac, Manu, Burgui; Borja Bastón (Calleri, min. 72) y Guidetti (Twumasi, min. 66).

2 Girona

Iraizoz; Alcalá, Bernardo, Muniesa; Yhoan Andzouana; Pere Pons (Douglas Luiz, min. 63) (Eric Montes, min. 84), Aleix García, Valery Fernández; Lozano, Kevin Soni y Doumbia (Roberts, min. 63).

Goles:
0-1, m.18: Alcalá, de cabeza. 1-1, m.62: Sobrino, de cabeza. 2-1, m.88: Martín. 2-2, m.95: Eric Montes, de cabeza.
Árbitro:
Cordero Vega (Comité cántabro). Amonestó al local Diéguez (min. 92) y al visitante Soni (min. 64).
Incidencias:
Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey disputado en el estadio Mendizorroza ante 9.346 espectadores. En el minuto 84, el visitante Douglas Ruiz tuvo que abandonar el terreno de juego en camilla.

El Alavés salió un tanto oxidado. Sin engrasar. La alineación de Abelardo no fue una revolución completa, porque aún había figuras como Martín, Sobrino, Manu García, Brasanac, Borja Bastón y Maripán, que mantenían la silueta que había mostrado hasta la fecha el conjunto albiazul. Pero Vigaray reapareció once meses después en competición oficial y debutó –sí, debutó– con Abelardo. A Diéguez se le notó falto de ritmo de competición, Guidetti volvió a mostrarse intermitente, igual que un Burgui que creció durante el duelo hasta firmar un segundo tiempo notable. Y Sivera, el hombre condenado a vivir a la sombra de un colosal Pacheco, estuvo formidable. Gracias a sus dos intervenciones se mantuvieron los vitorianos con vida durante el encuentro. No se puede decir más claro.

El meta alicantino salvó un gol cantado a remate de Alcalá en el minuto 9. El Alavés se veía dominado y hasta arrinconado. No encontraba fórmulas para sacar el balón, apenas había fluidez ni continuidad en su circulación y Bastón vivía alejado del balón, sin encontrar apoyo en un Guidetti que le perseguía y estiraba demasiado al equipo. Y claro, de tanto estirarse, se rompió. El mismo Alcalá se vengó de Sivera apenas nueve minutos más tarde, con un salto perfecto y un testarazo inapelable. Ni siquiera Maripán, que llegó en buena posición para disputar la pelota, pudo estorbar el remate del central. La cosa no pintaba bien. La estrategia, esa gran aliada del Alavés, amenazaba con cobrarle el diezmo en la Copa. Fue el presagio de lo que iba a suceder.

Reacción albiazul

Los catalanes dominaban, sí, pero no lograban someter a los albiazules. Los de Abelardo se mantuvieron en pie y le cogieron la medida al encuentro. Esa media hora de aterrizaje, sin embargo, consistía ya un peaje demasiado elevado. Brasanac comprobó que Iraizoz no era solo un figurante, mientras que Vigaray, un tanto ansioso por su ya crónica inactividad, se precipitó al intentar un disparo cuando tenía mejores opciones. El Alavés latía. Todavía lo hacía de manera tímida, pero había motivos para la esperanza.

El conjunto albiazul se serenó en el vestuario y volvió a enfundarse su traje habitual. Los vitorianos empujaron hasta que adelantaron la línea defensiva hasta el centro del campo, y los jugadores encendieron lucecitas para comunicar a sus compañeros que ya estaban enchufados. Burgui encaró con más criterio y mezcló bien con Martín, que partió limitado a banda cambiada y después transformó ese mismo hándicap en su mejor virtud para desnivelar el choque. El Alavés elevó la intensidad de sus amenazas con el juego aéreo de Bastón, hasta que Sobrino se desquitó de su último desengaño con el gol ante el Villarreal tras un centro de Burgui. El empate se había logrado y los vitorianos tiraban más que un buey. Nadie dudaba de que el segundo gol caería, y menos con los dulces precedentes del descuento.

Tampoco podían descartarse más sustos, claro. Pero para eso estaba Sivera, que se disfrazó de Pacheco en los momentos decisivos. El guardameta repelió un potente remate de cabeza de Lozano junto a la base de su palo izquierdo. El manotazo fue firme y certero, ejecutado por puro instinto mientras reculaba para ganar unos pocos centímetros a la línea de gol. Un paradón. El héroe de los guantes había aparecido, aunque luciera un dorsal distinto al habitual, así que ya había argumentos fundados para soñar con la remontada. Y Martín, que tumbó a dos defensas con sendos recortes que habrían llevado con dignidad el sello de los mejores extremos, decantó el choque. Volvía a ser fiesta en Mendizorroza, y esta vez incluso un poco antes que de costumbre, en el minuto 88. Demasiado pronto.

Diéguez extinguió con una inocente falta lo que parecía el último ataque del Girona. Solo había que pertrecharse y rebotar esa pelota con lo que fuera. Pero, esta vez, la estrategia y el descuento se compincharon contra el Alavés. Cosas de la Copa. Los tragos amargos, sin embargo, se olvidan enseguida con el equipo segundo en la Liga. Y más al recordar que el desenlace quedará en suspenso hasta diciembre. Los fines de semana todavía son fiesta.

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