Una inocencia cruel

Los albiazules, abatidos tras una acción en el partido. /Igor Aizpuru
Los albiazules, abatidos tras una acción en el partido. / Igor Aizpuru

El Alavés, privado de un gol minutos antes del primer tanto del Girona, pagó su ingenuidad ante un equipo más maduro y efectivo

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

En ocasiones, el Alavés de Abelardo parece todavía demasiado joven, un proyecto en construcción a pesar de su excelente rendimiento desde el primer día. Al conjunto albiazul, todo brío y corazón, le faltó ante el Girona un punto de madurez, sangre fría y cuajo para interpretar y controlar el partido durante su desarrollo. De alguna forma debían reflejarse los cuatro años en los que Pablo Machín ha construido un conjunto alegre y eficaz, que todavía se empeña en soñar con clasificarse a la Europa League en su estreno en Primera División. Los vitorianos pagaron muy cara su inocencia, que además tuvo un componente demasiado cruel por el gol anulado a Sobrino dos minutos antes del primer tanto del Girona, el inocente penalti de Ely que supuso la sentencia y la insuficiente llamada a la épica en el descuento, que tampoco se libró de la polémica.

El conjunto albiazul, en pleno vuelo tras sus dos triunfos consecutivos, se citaba con su hinchada para dejar la permanencia a un solo paso y saborear la recta final de la Liga, lejos ya del estrés permanente que supuso la temporada desde agosto hasta el primer tramo de la segunda vuelta. Los hombres de Abelardo volvieron a bordarlo en los primeros minutos, en los que embotellaron a un Girona trufado de jugadores secundarios. Guidetti se encontró con Bono y a Munir le faltó ajustar su cabezazo unos pocos centímetros, los mismos que acusó el disparo de Ibai para buscar el ángulo.

1 Alavés

Pacheco; Martín, Laguardia, Ely, Duarte; Ibai Gómez, Pina, Dani Torres (Manu García, min. 61), Burgui (Sobrino, min. 46); Munir y Guidetti.

2 Girona

Bono; Maffeo, Alcalá, Juanpe, Muniesa, Aday Benítez; Timor, Aleix García (Pere Pons, min. 79); Lozano (Portu, min. 56), Borja García y Olunga (Stuani, min. 67).

Goles
0-1, m.58: Aleix García, de falta. 0-2, m.86: Stuani, de penalti. 1-2, m.90: Tomás Pina.
Árbitro
González Fuertes (Comité Asturiano). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Ely (min. 83), Wakaso (min. 89), Guidetti (min. 91) y Manu García (min. 93) y a los visitantes Bono (min. 80), Maffeo (min. 89), Timor (min. 91), Juanpe (min. 95) y Alcalá (min. 95).
Incidencias
Partido correspondiente a la trigésima tercera jornada de la Liga Santander disputado en el estadio de Mendizorroza ante 18.366 espectadores. La recaudación de la taquilla se destinó a los clubes convenidos del Alavés.

Todo ello sucedió en diez minutos frenéticos, con síntomas de ferocidad inconfundibles. El arranque fue muy similar al del derbi de Ipurua, en el que el Alavés engulló al Eibar. Los albiazules llegaron a acumular hasta seis jugadores en la frontal del Girona cuando trataba de dar inicio a la jugada, la mejor muestra de la voracidad con la que saltaron al campo los albiazules. La puntería, sin embargo, se fue esta vez al limbo, y el Girona no se dejó amedrentar por ese derroche de energía, intensidad y ambición. Los de Machín se comportaron como un bloque experimentado en la máxima competición: contemporizaron el duelo con frialdad, encontraron los puntos frágiles de los vitorianos y trataron de castigarlos hasta el tramo final de la primera mitad.

El Alavés contaba con una teórica superioridad numérica en las alas, aunque en ningún momento pareció real por la falta de influencia que tenían en el juego Ibai, Burgui y los laterales. El centro del campo, con un Daniel Torres decepcionante en su regreso a la titularidad, apenas pudo sostenerse ante la múltiple presión de los catalanes, que plagaron de efectivos la zona central. El juego directo del Alavés se diluyó por la fortaleza física de los centrales rojiblancos, casi siempre en ventaja sobre Guidetti y Munir. Tampoco fue más acertado buscar alternativas con el juego en corto, pues Ely estuvo a punto de perder la pelota como último hombre.

El encuentro exigía frescura en las bandas y Abelardo reclutó de nuevo a Sobrino, una de las mejores noticias de la segunda vuelta de la Liga. El manchego intercambió su posición con Ibai y trató de romper las rígidas líneas del Girona con desmarques y fintas. El Alavés ensanchó el campo y se encontró con sus mejores minutos. Es más, el de Daimiel llegó a batir a Bono de un brillante cabezazo ajustado, aunque fue anulado por un fuera de juego que ni siquiera las repeticiones muestran con claridad. Pero el equipo de Abelardo apenas tuvo tiempo de digerir el revés cuando Aleix García envenenó su lanzamiento de falta hasta que se coló en el marco de Pacheco. Aunque parecía imposible que ningún jugador desviara la pelota antes del bote, quizás un pequeño paso adelante del guardameta habría bastado para frustrar el tanto.

El Alavés estaba tocado. Necesitaba una inyección de adrenalina, garra y orgullo que se encontraba en su banquillo. Manu García reactivó a los suyos desde que saltó al césped. Buscó a Guidetti con un gran pase picado al que el sueco no consiguió llegar por poco, y se incorporó al área de forma constante desde segunda línea. En el minuto 78, de hecho, el capitán protagonizó una de las ocasiones más prometedoras. Bono consiguió desviar con apuros su remate, aunque Sobrino fue incapaz de dirigir a puerta el rechace. Lo cierto es que la definición del manchego, con todo a favor, resultaba difícil de explicar.

Pero aún faltaba una última ración de crueldad. Ely cometió un penalti tan inocente como riguroso que Stuani se encargó en transformar. El partido estaba terminado. Al menos, casi tanto como lo estaba en Montilivi con el 2-0 de la primera vuelta. En esta ocasión fue Pina el encargado de encender la chispa en el minuto 90 y el Alavés salió en tromba. La tropa de Abelardo acumuló atacantes y asedió al Girona. Es más, Manu García tuvo un remate claro que un defensor sacó sobre la misma línea. La jugada, sin embargo, estaba de nuevo mal anulada por fuera de juego inexistente de Munir. El duelo entró entonces en una fase más oscura y trabada que el colegiado trató de solucionar a golpe de tarjetas. Por suerte no hubo que lamentar heridos, salvo el orgullo del Alavés.

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