Lucas Pérez pasa el reconocimiento médico con el Alavés

Lucas Pérez, durante el reconocimiento médico en Vitoria./Igor Martín
Lucas Pérez, durante el reconocimiento médico en Vitoria. / Igor Martín

El delantero gallego es el primer refuerzo del Alavés 2019-20, llega procedente del West Ham inglés y firma por tres temporadas

Iñigo Miñón
IÑIGO MIÑÓN

Con cimientos sólidos en la defensa y continuidad en un centro del campo que espera refuerzos de un perfil más creativo, el Deportivo Alavés comienza a edificar por la delantera su nuevo proyecto, el cuarto consecutivo en Primera División. La primera piedra es Lucas Pérez (A Coruña, 1988), anunciado este lunes de manera oficial como nuevo jugador albiazul para las tres próximas temporadas. El punta, que este martes ha pasado el reconocimiento médico en Vitoria, llega procedente del West Ham inglés, donde este curso ha marcado 6 goles: 3 en la Premier (15 partidos), dos en la Copa de la Liga (3) y otro en Copa (1).

Este martes por la mañana ha pasado reconocimiento médico antes de irse de vacaciones. No habrá presentación oficial ni comparecencia ante los medios de comunicación, por lo que los aficionados albiazules se quedarán con las ganas de escuchar las sensaciones del nuevo atacante del Alavés. A principios de julio, volverá a Vitoria para comenzar la pretemporada bajo las órdenes de Asier Garitano.

Precisamente Lucas Pérez ya fue pretendido por el técnico vasco para la Real Sociedad el pasado verano, cuando militaba en el Arsenal, pero terminó en los 'Hammers' tras un desembolso de 5 millones de libras. Su falta de continuidad a las órdenes de Pellegrini le puso en el mercado apenas un año después. El club londinense no contaba con el gallego, que todavía tenía dos años de contrato, y tasó su salida en 2 millones de libras. Unos 2,25 millones en euros, el precio aproximado que, según medios británicos, pagará el Alavés por el traspaso. El conjunto albiazul quiere fichar gol y lo busca en un delantero que, aunque con números menguantes en las últimas temporadas, ya ha demostrado su olfato.

Busca al Lucas Pérez que marcó 24 tantos en los 59 partidos que disputó en su primera etapa con el Deportivo (2014-16), el mejor momento de su carrera. Ahondando en ese mercado de brillo perdido, avalado por su demostrada capacidad para reinsertar futbolistas de carrera estancada. Ya lo hizo con Ibai, Jony, Pina, Munir... La misma fórmula que intentó el pasado verano, sin demasiado éxito, con Borja Bastón. El delantero gallego ya había firmado 15 dianas el Karpaty Lviv ucraniano (60 partidos), 12 el PAOK de Salónica (52), 9 en su segunda parada en Riazor (37). Cifras que han empequeñecido en el fútbol inglés -4 goles en 26 encuentros de la Premier-, donde solo ha exhibido sus dotes como goleador en torneos menores. «No ha sido una temporada fácil para mí, me habría gustado tener alguna oportunidad más para demostrar el fútbol que llevo dentro», dijo en su despedida del West Ham.

Las curvas de su carrera

El ariete coruñés, que cumplirá 31 años en septiembre, quiere recuperar la ilusión en Vitoria. La misma que le trajo a la capital alavesa en 2005, en edad juvenil. Fue, junto a Pedro Oliva, uno de los dos supervivientes de un casting nacional que hizo el fútbol base albiazul en la época de Dmitry Piterman. No duró mucho aquella aventura, la primera fuera de Galicia, cortada entre su propia 'morriña' y los desmanes del ucraniano, que afectaron directamente a la cantera de Ibaia. Una de tantas paradas de un trotamundos del fútbol formativo.

Comenzó a marcar goles en el Victoria coruñés, hasta edad cadete, cuando fichó por el Arteixo, compaginando aún el fútbol y el fútbol sala, modalidad en la que jugó con la selección gallega de la categoría. Tras su breve aventura albiazul regresó a Galicia, al Órdenes, donde jugó tras un conflicto de duplicidad de ficha con el Montañeros. Fue allí donde captó la atención de varios clubes profesionales. Se llevó el gato al agua el Atlético de Madrid, donde el entonces director deportivo, José María Amorrortu, le seguía desde sus tiempos en Vitoria.

Como rojiblanco alternó minutos entre el equipo C y el B, pero la dificultad de alcanzar el primer equipo le llevó al Rayo Vallecano. Como franjirrojo disputó siete partidos en Segunda en 2010, a las órdenes de Mel y Sandoval. Lo suficiente para aceptar en enero de 2011 una oferta del Karpaty, iniciando así un periplo continental que le llevó al Dinamo de Kiev y el PAOK antes de recalar, por fin, en el equipo de su corazón, el Deportivo, primero cedido (2014) y después en propiedad (2015). A partir de ahí empieza la historia más conocida de Lucas: 17 goles en Primera, fichaje por el Arsenal, cesión en el Deportivo, fichaje por el West Ham... Y Alavés.

Patatas fritas por goles y recursos de fútbol sala

Lucas Pérez ejerce el oficio de goleador desde alevines. Desde que jugaba con sus amigos en el Victoria, en el coruñés barrio de Santa Lucía. Allí, en el club donde cinco décadas antes había nacido una estrella como Amancio Amaro, el pequeño Lucas soñaba con ser futbolista. Y ya vendía sus goles. Su padre le premiaba con una bolsa de patatas fritas por cada tanto. Un día marcó 16 y al acabar se fue corriendo hacia el árbitro para asegurarse de la cifra antes de gritarle a su progenitor que le debía 16 bolsas.

Su padre, que pasaba meses faenando en alta mar, no siempre estaba. Se crió entre sus abuelos y el balón en el barrio de las Flores de A Coruña. Y rumiaba aquel sueño futbolístico en la grada de Riazor, con su abuelo, viendo a su 'Depor', el mismo que se negaba a abrirle las puertas en sus tiempos de juvenil, cuando aún compaginaba el campo grande con el fútbol sala, una práctica que le ayudaría a depurar su técnica en espacios reducidos y a pulir la pisada que tantas defensas engañaría después en Primera, cuando, después de una trayectoria de muchas curvas, por fin cumplió el sueño de vestir la elástica blanquiazul en el césped de Riazor.

Tuvieron que pasar varias canteras de formación -Arteixo, Alavés, Atlético, Rayo- y algunas paradas europeas -Ucrania, Grecia-, pero el niño que cambiaba goles por patatas fritas ya desplegara sus virtudes en el escenario donde forjó sus ídolos. Los mejores años de su zurda, seda en el control y látigo en el disparo. La misma que quiere lucir ahora en Mendizorroza. «Muy ilusionado con este nuevo reto», escribió en su cuenta de Twitter.