La rabia alimenta al Alavés

La rabia alimenta al Alavés

El conjunto albiazul, condenado por una absurda aplicación del VAR, doblega al Espanyol con tres minutos de efectividad total

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Al Alavés le bastaron tres minutos de pura dinamita para irse al parón con una sonrisa y desprenderse de la broma pesada que le gastó el VAR en la recta final de la primera mitad. Apenas transcurrieron 180 segundos entre el sutil cabezazo de Borja Bastón y la brillante definición de Sobrino tras un carrerón de Jony, que fulminaron a un Espanyol que se las prometía muy felices con el regalo que le entregaron Iglesias Villanueva y Undiano Mallenco. No es que el triunfo alumbrara la mejor versión del conjunto albiazul, pero certificó un arranque de temporada acorde a su objetivo de la permanencia.

El equipo de Abelardo arrancó decidido y con alto voltaje. Pese a sus evidentes problemas para generar juego, los albiazules se mostraban más fuertes e intensos en las disputas, que, a falta de pases, resultaban efectivas para ganarle terreno al Espanyol. Incluso Manu García llegó a marcar un tanto en el minuto 2, pero el colegiado invalidó el tanto por mano del capitán. Resultaba inevitable, sin embargo, percibir en el Alavés un pequeño punto de sumisión ante su adversario, que se dedicó a mover la pelota como un péndulo de lado a lado, aunque sin mostrar su colmillo.

2 Alavés

Pacheco; Aguirregabiria, Laguardia, Maripán, Duarte; Jony (Adrián Marín, min. 80), Manu García, Wakaso, Ibai Gómez (Ximo Navarro, min. 84); Sobrino y Borja Bastón (Guidetti, min. 63).

1 Espanyol

Diego López; Javi López (Hernán Pérez, min. 78), David López, Mario Hermoso, Dídac Vilà; Darder, Marc Roca (Piatti, min. 82), Granero (Melendo, min. 66); Sergio García, Baptistao y Borja Iglesias.

Goles: 0-1:
Leo Baptistao, de penalti, min. 41. 1-1: Borja Bastón, de cabeza, min. 56. 2-1: Sobrino, min. 58.
Árbitro:
Ignacio Iglesias Villanueva (Comité gallego). Mostró tarjeta amarilla a los locales Wakaso (min. 17), Manu García (min. 19), Laguardia (min. 40), Pacheco (min. 40) y a los visitantes Darder (min. 44), Borja Iglesias (min. 45), Leo Baptistao (min. 92).
Incidencias:
Partido correspondiente a la tercera jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio de Mendizorroza de Vitoria ante 18.052 espectadores. Antes del encuentro el patinador de velocidad Patxi Peula, que consiguió cuatro medallas en los últimos campeonatos de Europa, llevó a cabo el saque de honor y recibió una camiseta del club albiazul de manos de su presidente, Alfonso Fernández de Trocóniz. A los 30 minutos de cada mitad, el encuentro se detuvo para que los jugadores pudieran refrescarse debido a las altas temperaturas que se registraron en la capital vasca.

Las carreras de Jony y Sobrino representaron los mejores argumentos del ataque albiazul, aunque a todas ellas les faltó una acertada decisión final como colofón. El manchego llegó a plantarse solo ante Diego López, pero se embrolló a la hora de definir; y poco después le sirvió una pelota muy forzada a Borja Bastón, que envió la pelota mansa a las manos del veterano portero. Entre tanto, el conjunto catalán perseguía el dominio posicional con ataques largos y buscaba los desmarques de sus tres atacantes. Sus acciones no eran precisamente inocuas.Leo Baptistao puso a prueba a Fernando Pacheco antes de que Guillermo Maripán realizara un corte de cirujano ante Borja Iglesias cuando el ariete se disponía a enfilar la portería vitoriana.

El encuentro se encontraba nivelado y en medio de una inquietante calma hasta que se desató el demencial espectáculo del VAR. El colegiado señaló penalti por un agarrón de Laguardia a David López a la salida de un córner. La polémica sobre la posible infracción podía zanjarse con solo cuatro palabras: no era ni córner. El disparo previo de Sergio García no tropezó ni en Maripán ni en Pacheco antes de salir por la línea de fondo. Es decir, que la tecnología entró para resolver una presunta injusticia y agravar aún más otro error más claro e irrefutable. Ya sabemos que los saques de esquina no son potestad del colegiado del VAR ni están sujetos a revisión. Pero si el responsable del videoarbitraje sigue todo el partido con atención, habría bastado con darle un útil consejo profesional a Iglesias Villanueva y le advirtiera de que no se acercara a la pantalla a examinar la jugada.

En definitiva, el agarrón de Laguardia, uno de los centenares que se producen a lo largo de la temporada en acciones similares, se tradujo en un gol injusto, tanto por lo absurdo de la aplicación de la tecnología como por lo que había sucedido en el encuentro. Y la lógica rabia e impotencia del Alavés degeneró en un carrusel de tarjetas al propio Laguardia, a Pacheco y a Martín. El cabreo, además, no podía traer nada bueno en los minutos finales de la primera mitad. Los albiazules necesitaban tiempo, una ducha de agua fría y respirar hondo. Pero ni siquiera tuvieronque acercarse al vestuario para conseguir todo ello, ya que los aspersores se dispararon de forma automática en el minuto 50, cuando el choque aún estaba en juego. En resumen, el primer tiempo se estiró hasta el minuto 53.

Más sereno y tranquilo regresó al terreno de juego el conjunto albiazul. Quizás incluso demasiado. Leo Baptistao cogió despistada a toda la zaga vitoriana con su desmarque y le regaló la segunda diana a Sergio García. El Alavés pareció entonces sentenciado, y solo un milagro podía rescatarlo de una derrota incontestable. Eso, o el VAR, que de nuevo hizo acto de presencia para anular el tanto por fuera de juego de Borja Iglesias, que estorbaba a Pacheco en el momento del disparo. El desenlace fue, sin duda, la mejor reanimación que podía encontrar el equipo vitoriano, que se despojó de un peso insoportable y empezó a arrinconar al Espanyol.

El Alavés se alimentó de la rabia contenida del primer tanto y se aferró a la vida extra que le otorgó el VAR para fabricar un triunfo casi de la nada. El tanto del empate nació de un saque de banda que forzó Borja Bastón, y que él mismo se encargó de transformar en gol tras el largo saque de Wakaso y la inocente asistencia de Marc Roca. El Espanyol se quedó desconcertado y desordenado, hasta el punto de que se dejó sorprender en un contragolpe de la forma más pueril. Esta vez fue Sobrino quien culminó la carrera de Jony y llevó el éxtasis a la grada de Mendizorroza. Los 40 minutos restantes pueden resumirse en un nuevo ejercicio de resistencia, esta vez con hasta cinco defensas tras la entrada de Ximo Navarro por Ibai. Todo estaba permitido para llegar al parón con el primer triunfo en las alforjas.

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