Solo el orgullo minimiza los daños

Solo el orgullo minimiza los daños

El Alavés, que comenzó amedrentado por el poderoso Barcelona, se rehízo y mantuvo el tipo hasta que una genialidad de Suárez lo tumbó

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Aunque el Alavés dio síntomas de seguir herido de gravedad, al menos recobró el orgullo y la tensión que añoró en sus tres últimos partidos. Es el mecanismo auxiliar que se activa cuando a un equipo en declive le visita un coloso. Entonces eleva la intensidad, se pone en estado de alerta y, si mantiene el decoro, puede que hasta salga con la moral reforzada. Incluso cuando cinco minutos en el manicomio, entre la genialidad de Luis Suárez y un penalti más que dudoso, acabaron con su resistencia.

Los hombres de Abelardo salieron casi amedrentados, enjaulados en su área con cinco defensas y en un radio de acción de apenas 30 metros. Salvó los muebles gracias a un providencial Pacheco, que evitó una temprana puñalada de Luis Suárez que podía acabar en un ensañamiento cruel. Y fue justo entonces cuando se irguió el Alavés, que se felicitó por recuperar al mejor Rodrigo Ely y de saber que puede colgarse de las carreras de Jony para alimentar la exigua llama por un pasaporte europeo.

0 Alavés

Pacheco, Vigaray, Ximo Navarro, Ely (Twumasi, min. 71), Laguardia, Duarte, Rolan (Brasanac, min. 46), Tomás Pina, Wakaso, Jony (Guidetti, min. 80) y Borja Bastón.

2 Barcelona

Ter Stegen, Semedo (Jordi Alba, min. 70), Piqué, Umtiti, Sergi Roberto, Busquets, Vidal, Aleñá (Arthur, min. 87), Dembélé (Messi, min. 61), Suárez y Coutinho.

Árbitro
Cordero Vega (cántabro). Amonestó a Jony, Ximo Navarro, Coutinho y Pina.
Goles
0-1: min. 54, Aleñá. 0-2: min. 60, Luis Suárez, de penalti.
Incidencias
Estadio de Mendizorroza. 18.735 espectadores.

El conjunto albiazul regaló su terreno desde el primer momento a un Barcelona que se acomodó en el césped de Mendizorroza como en el jardín de su residencia veraniega. Coutinho, Luis Suárez y Dembélé tan solo añoraron la clarividencia de Messi para abrir grietas en la reconstruida muralla vitoriana, que alineó cinco defensas en un claro intento por contener a su adversario casi en su área. Los males parecieron repetirse durante los primeros minutos, y fue justo la amenaza de un correctivo sin paliativos lo que devolvió el pulso al Alavés, que se recompuso a base de repetir sus mecanismos: concentración, intensidad y máxima agresividad en los duelos.

Así arañó algunos metros el cuadro albiazul, que se sacudió los complejos con sus contadas combinaciones, los regates de un acelerado Jony y la jerarquía que le devolvió Ely. Fue el italo-brasileño, fundamental cuando Laguardia atraviesa momentos de flaqueza, el que disfrutó de las mejores ocasiones, que trasladaron al Barça el mensaje de que, pese a su aspecto y su erosión interna, no era todavía un cadáver competitivo. El central peinó un potente saque de banda de Jony, al que estuvo a punto de llegar Bastón, y cabeceó después un envío que estuvo a punto de sorprender a Ter Stegen.

Lesión de Rolan

Decir que el Alavés había vuelto era todavía prematuro, ya que sus heridas son mucho más profundas, pero mostró al menos un deseo de aferrarse a los últimos cartuchos de su sueño europeo. Apenas pudo correr la tropa de Abelardo, dependiente de Jony y Rolan, que disfrutó de su primera titularidad y tuvo que retirarse al descanso por una lesión muscular. Y cuando el equipo vitoriano pedía a gritos una centella que mantuviera alerta al Barcelona, o que impidiera un asedio por una simple cuestión de intimidación, Abelardo optó por más músculo, por un Brasanac de nuevo reubicado en la banda derecha. No lo hizo mal el serbio, quien dirigió un contragolpe prometedor que finalizó en un disparo desviado de Jony y gozó de un remate cerca del área pequeña, pero no pudo frustrar un mortífero paso al frente de los blaugrana.

Las últimas aspiraciones a una heroica victoria sobre el Barça se consumieron con un tímido disparo a puerta de Rubén Duarte. Después surgió la chispa, el detalle nimio, casi imperceptible, que convierte el talento en un arma nuclear. Un simple amago de Luis Suárez tras un pase de Sergi Roberto dejó solo a Aleñá ante Pacheco. El canterano adelantó al Barça y devolvió a la oscuridad al Alavés, que ni siquiera tuvo opción de curarse las heridas. Se encontró con un penalti en contra solo cinco minutos después, cuando el colegiado se dirigió al VAR para revisar un gol en fuera de juego de Umtiti y descubrió una inocente mano de Pina. Es más, las tres tomas del videoarbitraje no esclarecían del todo si era la extremidad del manchego o la del central francés la que impactaba primero con el esférico. Y todo eso, sin Messi, que ingresó al terreno de juego justo cuando Suárez convirtió la pena máxima. Mal augurio.

El Alavés al menos se topó con un inesperado indulto del astro argentino, más impreciso que nunca ante los vitorianos. Eso sí, antes de diluirse, obligó a Pacheco a repeler su disparo con la ayuda del palo. Apenas hubo más sangre en los veinte últimos minutos, en los que Jony trató de estrechar el marcador. De poco importaba que la distancia real fuera un auténtico abismo. Hasta un espejismo le sirve a un equipo que ve su sueño consumirse tras más de un año resplandeciente.

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