La viva imagen de la confusión y el desconcierto

La viva imagen de la confusión y el desconcierto

El Alavés, que terminó con Ely de delantero centro y Pedraza en el banquillo, no disparó a puerta hasta el minuto 85 y dejó estampas de terror y caos

IÑIGO CRESPO

De poco sirve creer en los milagros si uno mismo se pega un tiro en el pie. Cuando el Alavés intentaba aferrarse a la vida y salvar al menos un punto para evitar una sentencia anticipada frente al Eibar, protagonizó una escena que retrató al detalle su propio desconcierto. El conjunto albiazul mantenía la mínima desventaja pese a contar con un jugador menos y había llegado el momento de mover las piezas del ataque con maestría. Y lo que sucedió no fue más que un recrudecimiento del caos.

Corría el minuto 59 cuando Gianni De Biasi introdujo a Burgui por Sobrino, lo más parecido a un delantero que quedaba sobre el césped. Quizás al manchego le faltaba ritmo de competición o empezaba a pagar el desgaste de lidiar en solitario con los defensas del Eibar desde la temeraria segunda cartulina de Santos. En cualquier caso, por primera vez en mucho tiempo, el Alavés se encontraba con dos extremos y, de forma paradójica, no había un solo delantero que rematara sus envíos. Es más, durante cerca de veinte minutos, Rodrigo Ely tuvo que asumir el puesto de ariete por su fortaleza física. Todo esto sucedía mientras Munir y Pedraza, los dos futbolistas más desequilibrantes de la plantilla albiazul, permaecían en el banquillo, lejos del once titular y todavía invisibles para tratar de revolucionar el encuentro. Contemplar al mejor central de la plantilla como hombre gol, y no solo como una medida desesperada que surge en el tiempo de descuento, fue el macabro retrato que condensaba el despropósito albiazul.

Entre Bojan y Munir

Pero cuando la confusión generalizada precía haber llegado al límite, llegó el momento más trágico del encuentro, que parecía extraído de una obra teatral. En el minuto 62, con solo un cambio disponible tras la lesión de Alexis y la posterior entrada de Burgui, De Biasi dio algunas indicaciones a Bojan, que parecía perfilarse como última bala en el cargador albiazul. Pero, de pronto, cuatro minutos después, el técnico italiano tuvo una especie de revelación, realizó un extraño gesto de disconformidad y llamó a Munir, quien entró por Pina cuando restaban 25 minutos de partido.

Incluso a pesar de disputar más de medio partido con un jugador menos y de sufrir un cortocircuito en el juego que empieza a volverse crónico, el Alavés permanecía con vida ante un Eibar muy terrenal, que se llevó un precioso botín con solo un puñado de llegadas desde los costados. Pero los albiazules ofrecían un argumentario todavía más pobre. Poco más se puede añadir cuando un equipo que se juega la vida en su casa ante el conjunto que marca los puestos de permanencia es incapaz de disparar entre los tres palos hasta el minuto 85. Fue entonces cuando Ibai, el único futbolista que transmitía cierta sensación de peligro, disparó con la zurda a las manos de Dmitrovic.

El ataque vitoriano se resumía en una pequeña serie de acciones de solistas como Wakaso, Sobrino, Burgui y el propio Ibai, que salvaron su imagen pero no alcanzaron a armar jugadas colectivas que obligaran al Eibar a dar un pequeño paso atrás. De hecho, este no llegó hasta los dos minutos finales, cuando Burgui dio algo de vida al Alavés con su gol. Pero por mucho que el conjunto albiazul hubiera rescatado un punto sobre la bocina, necesita empezar por recuperar la coherencia y la cordura si quiere aspirar a resucitar.

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