Deportivo Alavés

Víctor Laguardia sale de su reclusión

Víctor Laguardia durante una sesión de recuperación de su lesión. /Rafa Gutiérrez
Víctor Laguardia durante una sesión de recuperación de su lesión. / Rafa Gutiérrez

El central culmina la silenciosa maratón de siete meses contra su grave lesión de rodilla y se prepara para regresar al Alavés tras recibir el alta médica

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

«Cuando vuelva a pisar el césped, sentiré una gran sensación de felicidad». Víctor Laguardia pronunció estas palabras en una entrevista con este periódico a mediados de junio, cuando atravesaba la fase inicial de la maratoniana recuperación de su rotura de ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Desde entonces, el defensor aragonés ha permanecido mucho tiempo recluido en el interior de las instalaciones de Ibaia, alejado de la cruda realidad que sufre el Alavés y con una evolución tan larga y lenta que por muchos momentos resultaba incluso imperceptible. Pero casi seis meses desde su operación, el jugador albiazul acaba de superar el último peldaño previo a su reaparición.

Laguardia llevaba ya un tiempo con ejercicios en solitario, en los que se encontraba cada vez más fortalecido, hasta el punto de que este miércoles acudió a la consulta del doctor Cugat en Barcelona con la certeza de que se estaba en su momento álgido de forma desde que fue intervenido a finales de mayo. El diagnóstico, además, no pudo ser más satisfactorio. El defensor recibió el alta médica definitiva, su pasaporte para volver a entrenar con el grupo vitoriano. Su reaparición, sin embargo, no se producirá antes de enero, cuando finalizará la primera vuelta de la Liga. Laguardia empezará a ponerse a las órdenes del técnico italiano Gianni De Biasi de manera escalonada. Al comienzo, realizará solo el calentamiento inicial, en unas semanas se reencontrará con el balón y, a finales de año, comenzará a competir con sus compañeros.

Pocas situaciones hay más alentadoras que observar la meta tras una travesía de siete meses (seis desde que pasó por el quirófano), en las que ha visto desde la distancia el hundimiento del Alavés en la clasificación. Debe resultar muy frustrante observar en tercera persona la evolución del equipo con el que Laguardia logró consolidarse en Primera División, y más cuando el central añoraba ya en verano la adrenalina de la competición. «Cuando vea a mis compañeros entrenarse desde el gimnasio, empezará lo duro», aseguró el zaragozano tres semanas antes de que arrancara la pretemporada.

El intento de llegar a la final

Pero ahora solo un paso separa a Laguardia de su esperado regreso, que podría llegar en el derbi frente al Athletic en San Mamés (7 de enero). Lejos quedan ya las semanas posteriores a su retirada del Estadio Gran Canaria, en las que intentó sobreponerse a las molestias para poder disputar la final de la Copa del Rey contra el Barcelona en el Vicente Calderón de Madrid. Las primeras pruebas que se le practicaron, de hecho, mostraban el ligamento dañado, pero no roto, lo que alimentó entonces cierta esperanza sobre el alcance de la lesión hasta que recibió la peor noticia ya a finales de mayo.

El Alavés, por su lado, sabe que debe ser paciente con el retorno de Laguardia, ya que se trata de la tercera dolencia similar que sufre a lo largo de su carrera. El conjunto albiazul, sin embargo, no puede evitar mirar con cierto optimismo al arranque de la segunda vuelta, para cuando tendría listo al tercer superviviente del último ascenso, junto a Manu García y Fernando Pacheco. El aragonés, de hecho, se había convertido en el líder absoluto en la retaguardia albiazul, que el pasado curso se destapó como una de las más eficaces de la Liga. Visto el sensible bajón que ha sufrido en su rendimiento la contención del equipo vitoriano, que resultó evidente en la dolorosa derrota frente al Getafe, el regreso del maño se ha convertido casi en un ‘fichaje’ estratégico para invierno.

Laguardia ha mostrado una entereza absoluta durante el último medio año, en el que ha tenido que lidiar con largas jornadas de gimnasio, ejercicios repetidos hasta la saciedad y un encierro interminable en el interior del complejo de Ibaia. «Puede que la rodilla esté más dañada, pero mi cabeza está más fuerte», sentenció el central en su última entrevista con EL CORREO. Como si de un presagio se tratara, el defensa albiazul ha cumplido de manera escrupulosa los plazos que se había marcado. Resulta obvio que en un proceso tan largo cualquiera podría sufrir altibajos, pero desde el mismo día de la operación, Laguardia jamás ha perdido la sonrisa ni la ambición por bordar un regreso triunfal.

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