Un sueño convertido en realidad

el contraanálisis

Hay una razón determinante, la suerte, que cuando nos beneficia no nos gusta como argumento, aunque sin lo demás tampoco sirve

Wakaso, Manu García y Munir celebran uno de los goles./Rafa Gutiérrez
Wakaso, Manu García y Munir celebran uno de los goles. / Rafa Gutiérrez
RAÚL ALÚSTIZA

No tengo más remedio que repetir aquella frase que escribí hace un par de jornadas pensando en lo que podía ocurrir en ésta. Me refiero a aquello que alguien dijo: «La diferencia entre un sueño y un objetivo radica en ponerle fecha». Pues confirmado, domingo 22 de abril en Las Palmas.

Un sueño que lo hemos definido como 'el milagro Abelardo'. Dando a entender que es difícil explicar con argumentos futbolísticos lo que ha sucedido desde su llegada al Glorioso. No creo que nadie en su sano juicio, hace cuatro o cinco meses, hubiera apostado ni un café por la salvación del equipo. El mismo Abelardo lo suele repetir: «ha sido increíble». Independientemente de algunas razones que ya argumenté en artículos anteriores y algunas otras más que ustedes puedan añadir, hay una que es determinante en todo esto. Una razón que cuando nos beneficia no nos gusta como argumento, pero que sin su colaboración hubiera sido muy difícil cumplir el sueño. Creo que ustedes ya lo han adivinado, me estoy refiriendo a la suerte. Sabemos que tanto en el fútbol como en la vida sin esa pizca de suerte muchas veces no te sirve de demasiado todo lo demás. Aunque sin lo demás, tampoco sirve de nada la suerte. Digo esto por si alguno se equivoca y pretende sentarse a esperar a que pase por delante, que eso todavía sirve de menos.

Me suele gustar repetir, porque creo que es muy significativo para entender muchas cosas de las que pasan en el fútbol, aquella cita histórica, donde Federico el Grande decía a Voltaire: «Cuanto más se envejece más se convence uno de que su sagrada majestad el azar, hace tres cuartas partes de la tarea en este miserable universo». Y otra cita que también es curiosa y muy significativa en este caso, es aquella de Napoleón que decía algo así como: «Yo elijo a mis generales no porque son buenos, sino porque tienen suerte». Pues si eso fuese así, estoy seguro de que Napoleón ya hubiera renovado a sus generales Manu y Abelardo.

Y con todo esto, donde quiero llegar es a que no tengamos que tentar a la suerte, que es lo que ha sucedido esta temporada, con esa lamentable planificación y peor pretemporada. Eso es jugar con fuego. Creo que ya no tenemos excusas para no ir adelantando la labor pensando en la próxima campaña, sin tener que esperar al último día de cierre del mercado, a ver si suena la flauta.

Me impresionó la imagen del bueno de Medrán llorando desconsoladamente en una entrevista que le resultó imposible concluir. Desahogándose con lágrimas por esa frustración que le ha generado el esfuerzo inútil que ha realizado para no tener apenas recompensa personal. Aunque, por supuesto, se alegraba del éxito colectivo. Lógicamente, uno tiene que ser lo primero ambicioso consigo mismo porque si no será difícil que lo sea en lo colectivo con los demás. Ya comenté en alguna ocasión que Medrán, en un estilo de juego como el que plantea Abelardo, no tiene cabida. Pero tambien estoy seguro de que en equipos como el Celta, Betis, Villarreal o Real Sociedad, por ejemplo, sería titular indiscutible. ¡Una pena y ánimo chaval!, que muchas veces y por circunstancias del fútbol el talento no encaja, pero a la larga te dará la razón, porque de eso no abunda.

Tampoco podemos olvidar que, en esta misma jornada, las chicas del Alavés y del Aurrera han certificado también la permanencia en su categoría. Creo que el club debe tomar este apartado del fútbol femenino, con interés y apostando más en serio. Que no sirva simplemente para cumplir con el requisito que exige la LFP, la de disponer fútbol femenino en todos los clubs de Primera división. Seguramente en el Alavés habrá alguno dirá que no es rentable. Pero, ¿qué es, o qué no es rentable? Poder colaborar y aportar con ese granito de arena a algo que tanto demanda la sociedad, como es la igualdad de género, siempre será rentable. Y con detalles, gestos o proyectos apoyando tanto al fútbol femenino, así como al maltratado fútbol modesto masculino alavés, la rentabilidad será en forma de cariño.

Debemos considerar que un club de fútbol de élite es más que un club. Nuestro Glorioso representa la imagen de su entorno social y esa imagen debe ser ejemplar en todos los sentidos. Deportivos, económicos y sociales. Y para ello no existe inversión más rentable que la de ganarse el prestigio institucional, la credibilidad política y el cariño social, por su ejemplaridad en todos los sentidos.

Algo que lo podemos asociar a la malísima noticia que publicaba el domingo este mismo medio. Al parecer, el Alavés renuncia al proyecto de la ciudad deportiva de Betoño. Me da la impresión de que el club no se ha ganado el cariño, la confianza y la credibilidad de los miembros de la corporación. Yo, al menos, no entiendo cómo después ya de mucho tiempo de negociaciones esta operación tan interesante para ambas partes esté resultando imposible.

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