Un cierre de lo más discreto

Sobrino dispuso de la mejor ocasión, pero su disparo se estrelló en la escuadra. /Igor Aizpuru
Sobrino dispuso de la mejor ocasión, pero su disparo se estrelló en la escuadra. / Igor Aizpuru

El Alavés, plagado de suplentes habituales, se despide sin brillo ante un Sevilla muy superior

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Quedarse con la imagen que ofreció el Alavés en el Sánchez Pizjuán sería de lo más injusto. Pero lo cierto es que el conjunto albiazul le puso un cierre muy discreto a la temporada de su hazaña más agónica, que dejó un fugaz regusto amargo entre los aficionados. Plagado de suplentes habituales en la última función, la tropa de Abelardo se vio desbordada por un Sevilla vertical, eficaz y muy veloz, al que solo las grandes intervenciones de Pacheco privaron de una victoria más amplia.

Salvo en la portería y la línea defensiva, ni un solo componente del once podía considerarse una pieza fundamental desde la llegada del técnico asturiano al Alavés. Abelardo le concedió a Bojan la oportunidad de despedirse sobre el césped tras un largo ostracismo; Demirovic vio frenado su mágico idilio con el gol; el centro del campo, compuesto por Torres y Wakaso, apenas pudo manejar el encuentro más allá de algunas ideas atrevidas que corrieron a cargo del ghanés. El Sevilla, mientras tanto, tan solo se jugaba un cierre de campaña digno en el adiós de Joaquín Caparrós. Podría decirse, por lo tanto, que los hispalenses hicieron valer su ligera necesidad de ganar por encontrarse en su feudo y en una fecha señalada.

1 Sevilla

David Soria; Layún, Nico Pareja, Lenglet, Sarabia; Franco Vázquez, Nzonzi (Pizarro, m.46), Roque Mesa, Nolito (Lara, m.81); Ben Yedder, Sandro (Muriel, m.64).

0 Alavés

Pacheco; Martín Aguirregabiria, Ely, Maripán, Ely, Diéguez (Tomás Pina, m.76); Sobrino, Dani Torres, Wakaso, Burgui (Munir, m.61); Demirovic, Bojan (Ibai, m.61).

Gol
1-0, M.28: Ben Yedder.
Árbitro
Carlos Del Cerro Grande (Comité Madrileño), que fue sustituido por el cuarto árbitro, el también madrileño Hugo José López Puerta (m.59), por una lesión en el muslo derecho. Fueron amonestados los locales Nico Pareja (m.71) y Sarabia (m.81), y a los visitantes Diéguez (m.75) y Tomás Pina (m.84).
Incidencias
Partido de la trigésima octava y última jornada de LaLiga Santander, disputado en el Ramón Sánchez Pizjuán ante unos 23.000 espectadores. Césped en buen estado en tarde lluviosa.

El impacto de la derrota se reduce por la cantidad de caras nuevas que plantó el Alavés y por el hecho de haber cumplido con holgura un objetivo que llegó a parecer imposible. Pero la verdad es que el conjunto albiazul apenas tuvo oportunidad de llevarse el encuentro en la última jornada. En realidad, tan solo existió una, cuando Sobrino estrelló en el palo un colocado zurdazo, con el que estuvo a punto de emular la versión original de Ibai en Málaga. El resto de las señales que emitía el equipo vitoriano tan solo albergaban malos presagios.

Los defensores se volvieron locos con los desmarques de Ben Yedder y Sandro, sobre todo cuando buscaban la espalda de Diéguez. De hecho, el joven central, de nuevo desplazado al lateral izquierdo, fue el oscuro protagonista del primer gol sevillista. Ni él ni Burgui se pusieron de acuerdo para sacar la pelota en una jugada de lo más inocente, culminada con criterio por Ben Yedder tras una combinación con el 'Mudo' Vázquez. El Alavés entró entonces en un extraño trance, en el que esquivó como pudo las embestidas de su adversario. Pacheco se empeñó en que el encuentro se fuera todavía abierto al descanso, tras una parada milagrosa al 'Mudo' Vázquez y un mano a mano salvado ante Ben Yedder.

Demasiado castigo

Las esperanzas solo se concentraban en la inversa justicia del fútbol, esa que castiga a quien más lo intenta y premia al oportunista. Pero la realidad era bastante más tiránica. Cada vez que los albiazules adelantaban sus líneas para arrinconar al Sevilla, se encontraba con un contragolpe que le producía un nudo en el estómago. El primero corrió a cargo de Nolito, que colocó demasiado su disparo a la izquierda de Pacheco, quizás a sabiendas de la capacidad elástica del guardameta extremeño.

Los vitorianos necesitaban agitar la coctelera con sus hombres más incisivos. Los candidatos eran obvios: Munir, que hubiera vendido su alma por marcar su decimoquinto gol, e Ibai, el hombre más en forma del equipo. El partido llegó a parecer algo nuevo y distinto con la entrada de estos dos hombres. Es más, ni siquiera estaba dirigido por el mismo árbitro, ya que Del Cerro Grande tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión cuando se cumplía la hora de encuentro. Sobrino encontró en el hispano-marroquí un añorado socio que hablaba su mismo idioma. El manchego se reactivó durante unos minutos, realizó una vistosa jugada individual y trató sin éxito de contactar con Munir.

También dejó su pequeña tarjeta de visita Ibai, que estuvo cerca de llevar el empate al marcador con un preciso disparo de falta. Pero tampoco piensen que el Alavés se convirtió en un auténtico vendaval, ya que de vez en cuando el Sevilla lanzaba sus avisos e, incluso, llegó a toparse con el palo. La chispa albiazul no terminó de arder en el Pizjuán y el Alavés incluso pudo llevarse otro golpe de no ser por Pacheco. El meta, el hombre que sostiene a su equipo en sus momentos de mayor inanición, salvó un taconazo de Franco Vázquez y dos disparos de Ben Yedder en la misma jugada, a dos minutos de la conclusión. El final no fue para lanzar cohetes ni improvisar odas. Lo sabían los jugadores, que se acercaron a la grada albiazul del Pizjuán para despedir a los únicos hinchas que saben tocar el fondo y la gloria en la misma campaña.

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