Reflexiones finales

Un proyecto deportivo es dar continuidad a una idea, una filosofía o incluso a un estilo futbolístico dentro de un proceso donde se marcan los criterios a seguir

Munir, rodeado de adversarios en el duelo de Sevilla./Igor Aizpuru
Munir, rodeado de adversarios en el duelo de Sevilla. / Igor Aizpuru
RAÚL ALÚSTIZA

Cuando concluye una temporada como la recién finalizada da la sensación de haber salido de ver una película con dos guiones diferentes. La primera parte tenía pinta de terminar en drama y la segunda vino a ser una de ciencia-ficción. Todos sabemos que lo que ha ocurrido a partir de la llegada del técnico asturiano es algo difícil de explicar con argumentos futbolísticos. Parece que ha tenido que intervenir la divina providencia. Lo titulamos 'El milagro Abelardo'. Y si de las derrotas parciales se aprende más que de las victorias, solo espero que hayan servido para no volver a cometer los mismos errores.

Pero no olvidemos que esto es fútbol y en muchas ocasiones, incluso haciendo las cosas bien, tambien se fracasa. Y si no, que les pregunten a los tres equipos que han descendido. Aunque no hayan hecho perfectamente las cosas, tampoco tan mal como para terminar de esa manera. En ocasiones, en el fútbol, los fracasos son consecuencia tanto de las malas planificaciones y proyectos descabellados como de las circunstancias incontrolables. Principalmente, del temido azar con sus malditas dinámicas. Y una vez que entras en una de ellas solo te queda esperar que aparezca un milagro: el milagro Abelardo.

Además, debemos estar mucho más preparados para las derrotas o situaciones de descensos que para las victorias o títulos. Por ejemplo, podemos ver que a partir del primer cuarto de cualquier clasificación, se pierde más veces que se gana. Y para eso no tenemos que ir muy lejos. Solo observar cómo en la recién finalizada temporada nuestro Glorioso ha perdido 21 partidos, empatado 2 y ganado tan 'solo' 15. Paradójicamente, con todas esas derrotas hemos conseguido el éxito. Por lo tanto, no hagamos una tragedia de lo que es natural ni convirtamos las derrotas en el fútbol en una reivindicación de justicia social, con violencia incluida, como muchas veces hemos visto por ahí.

E incluso no olvidemos que si los 20 equipos de primera hiciesen perfectamente las cosas, estén ustedes seguros que siempre tres van a descender y uno va a resultar campeón. Centrándonos más en nuestro equipo y para no tener que llevarnos sobresaltos como en el inicio de esta campaña, me gustaría que el club pudiese asentar de verdad un proyecto deportivo. Proyecto donde no se dependa, como es muy habitual en el fútbol, de los criterios que marca el mercado de fichajes o del gusto y de los criterios particulares del secretario técnico de turno o, incluso, de los que desde el consejo se les puedan ocurrir.

Es algo que siempre se ha echado en falta en este club. Me refiero a una idea o filosofía deportiva, incluso un estilo de juego con el que nos podamos identificar. Y, evidentemente, estos criterios deben de estar contenidos en un proyecto. Pero el problema en el fútbol es entender lo que significa el proyecto y sus contenidos. No obstante, lo que normalmente ocurre es que se suele confundir con hacer ese ejercicio de ensayo-error y esperar a ver si hemos acertado con doce o quince fichajes y un entrenador. A eso le llamo yo jugar a la lotería, o peor aún, jugar con fuego.

Un proyecto deportivo es dar continuidad a una idea, una filosofía o incluso a un estilo futbolístico, dentro de un proceso deportivo donde se marcan los criterios a seguir en el funcionamiento de la estructura o el organigrama deportivo del club.

Por ejemplo, disponer de departamentos que trabajen con una base de datos, apoyada en un seguimiento universal, tanto a jugadores contrastados para el primer equipo como a jóvenes promesas para finalizar su formación en la estructura de cantera del club. Por cierto, creo que esta última idea, en cierta manera ya funciona en el club con la creación de la residencia para acoger a jóvenes promesas. Y lo más importante del proyecto, las condiciones para la selección y descarte de jugadores. O lo que es lo mismo, los criterios que obliguen a cumplir escrupulosamente con los parámetros y perfiles, tanto deportivos como personales, en la selección y descarte de jugadores, para que en definitiva encajen perfectamente.

Y sin olvidarnos aplicar los mismos criterios y el mismo seguimiento a la hora de elegir o descartar entrenadores. Algo que evitaría tener que ver lo de esta temporada. Tres entrenadores con tres perfiles o estilos diferentes y simplemente esperando ver si suena la flauta por casualidad.

Y para finalizar y dada mi ingenuidad me gustaría que se añadiera al organigrama una figura. Me refiero al hombre de club. Esa figura que se encuentra a medio camino entre la secretaría técnica y el cuerpo técnico, independientemente de quién esté y de lo que pase. Una persona que represente al alavesismo y dé continuidad en todo momento a los valores y a la filosofía deportiva del club.

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