UNA PICA EN FLANDES

Carlos Martínez
CARLOS MARTÍNEZ

Un resucitado Alavés consiguió fuera de casa un triunfo de pedigrí en la complicada salida a Villarreal. Después de fortificarse en Vitoria, era lo que necesitaba para confirmar una recuperación de ensueño que ni el más optimista contemplaba en la primera vuelta.

Con el nuevo técnico asturiano, Abelardo, la escalada en la tabla clasificatoria está siendo de números de Champions, es decir, espectacular. Y más, cuando tras dos entrenadores foráneos y la antítesis el uno del otro -ya que si uno era joven y atrevido, el otro era veterano y conservador-, el equipo estaba casi desahuciado. Por eso, me gustaría ensalzar en esa transición basada en el sentido común, la figura del segundo de a bordo y de confianza en la casa, Cabello.

Supo en esos contados partidos marcar el rumbo a seguir y no se debió equivocar cuando se le necesita todavía permanentemente en el banquillo. Conoce mejor que nadie a todos los integrantes de la plantilla, aunque ayer sí me disgusté al principio cuando vi el once desnaturalizado que saltó al campo. No me esperaba a los tres vascos fuera. El bilbaíno Ibai, cuyo gol para celebrar su paternidad, a la postre fue decisivo. Ni los vitorianos Martín y Manu García sin pisar el césped, por mucho que la vuelta del lateral izquierdo Duarte desplazara a Alexis a la derecha. En cuanto al capitán, es el alma máter de este trío, que marca el espíritu y compromiso del conjunto y al que no me gustaría ver negociada su renovación a la baja.

El caso es que las principales novedades, como el colombiano Torres y el paraguayo Pérez, mantuvieron el nivel de solidez exigido. Porque hay que reconocer que esta plantilla se asemeja cada vez más a la de la temporada pasada, del antes añorado preparador Pellegrino. Ayer basó su victoria en la defensa y la efectividad atacante, para volver a minimizar a un rival en puestos europeos.

Es verdad que el submarino amarillo presentó ocho bajas por lesión o sanción, pero más que el demérito del contrario, destacaría el mérito alavesista. Consiguió ventaja antes del descanso, aprovechando la segunda jugada de un córner, gracias al central Ely. Incluso, antes de apuntillar tras la continuación, Pedraza -al que su sobrado mentor sí dejó actuar como cedido- falló al larguero una gran asistencia de un Munir desasistido. Porque la vuelta del sueco Guidetti tampoco fue pletórica en punta, hasta que tuvo que dejar su lugar a Sobrino como recambio.

De esta forma, otra vez el incesante dominio contrario sin peligro fue la tónica hasta el último cuarto de hora, cuando a la desesperada cambió el decorado. Entonces, el colombiano Bacca acortó distancias en el marcador tras un rechace en el área e incluso dispuso de bastantes opciones para por lo menos empatar. Pero otra vez estaba bajo palos nuestro guardián Pacheco, que se encargó de despejar todos los balones que le llegaban. Con la impresionante ayuda de nuestros zagueros, liderados una vez más por Laguardia, igual meter un tercer central como Maripán hizo encerrarse demasiado atrás a un Alavés que sufrió pero con premio.

Por cierto, con arbitraje conocido, que por lo menos no nos quitó y que se excedió en amarillas por protestar airadamente, pero que tampoco comprendo en tanto jugador profesional. Y si para acabar, en la próxima y crucial visita del otro ‘Depor’ a Mendizorroza el sábado ganamos, estaremos ya mirando por fin más para arriba que para abajo, increíblemente.

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